Mejora sus méritos "Los simuladores"

Marcelo Stiletano
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28 de mayo de 2003  

Segunda temporada de "Los simuladores", serie creada, escrita y dirigida por Damián Szifrón. Elenco estable: Federico D´Elía, Diego Peretti, Alejandro Fiore, Martín Seefeld, Juan Carlos Ricci, Pasta Dioguardi, Jorge D´Elía, Fernando Sureda. Dirección de fotografía: Alejandro Silva Corbalán. Música: Guillermo Guareschi. Montaje: Gabriel Simari y Damián Szifrón. Producción ejecutiva: Juan Carlos Cabral. Por Telefé, los lunes, a las 22.

Nuestra opinión: excelente

Se acabaron las vacaciones para los simuladores. Hay tanta necesidad de remediar injusticias, corregir entuertos y castigar como es debido a quienes lastiman a sus semejantes que el cuarteto justiciero que conocimos hace un año consagrándose a esa tarea -con fines de lucro, vale aclararlo- debe dar por finalizado el tiempo de esparcimiento y poner manos a la obra.

Tan sobrepasado de trabajo está el grupo que resolvió concentrarse en la atención de los casos más complejos, delegando el trabajo menor en una "brigada B", integrada por ex beneficiarios de sus acciones. Un equipo "muletto" que reproduce con exactitud la división del trabajo de sus mentores y que demuestra en su primer caso un aprendizaje bastante rápido, pero con algún pecado de inexperiencia que -como se verá de aquí en adelante- puede costar muy caro.

Era hora de que los simuladores volvieran, pero no sólo para ratificar sus pergaminos como expertos en el arte de resolver problemas. También tenían que reverdecer lo que ganaron con toda justicia como protagonistas del mejor programa visto en la TV abierta, sin distinción de géneros, a lo largo de 2002. Y vaya si lo hacen.

Gracias a los méritos acumulados el año último salta a la vista ahora que el programa tiene a su servicio un respaldo más fuerte en materia de producción. Además del refuerzo en el elenco estable hay más recursos técnicos y humanos, más personajes episódicos y un creciente apoyo publicitario con visibles menciones de marcas -"publicidad no tradicional"- dentro de la trama.

Afortunadamente, el equipo creativo de "Los simuladores" no cedió a ninguno de los condicionamientos que aparecen cuando llega el momento de pensar en la secuela de alguna producción de éxito. El talentoso Damián Szifrón y los suyos evitaron, sobre todo, la tentación de repetir mecánicamente una primera temporada llena de hallazgos con el agregado de acumular allí todo el despliegue que ahora tienen a disposición.

El camino elegido resultó mucho más complejo. La ejemplar secuencia de apertura -en la que se anudaron a la perfección nada menos que tres tramas paralelas- inauguró un capítulo que marcó precisas continuidades con el lugar en que se cerraban las andanzas del cuarteto en su primera temporada: a punto de iniciar las vacaciones, en un avión donde aparece un hombre-bomba.

No parece haber hoy dentro de nuestro universo televisivo alguien como Szifrón, capaz de diseccionar con precisión de cirujano ese triple desafío argumental y lograr, al mismo tiempo, que todo este complejo tablero de ajedrez se haga casi irresistible en el terreno del entretenimiento puro. ¿Acaso hay antecedente de una triple apuesta narrativa, inaugurada y clausurada en apenas 60 minutos, que además deja astutamente abierta la puerta de un potencial conflicto que estará presente durante el resto de la temporada?

En este segundo año queda ratificado una vez más que cada episodio de "Los simuladores" es un preciso mecanismo de relojería que funciona a la perfección -en conjunto y en cada uno de sus elementos- a partir de una puesta en escena que por su rigor casi cinematográfico no tiene parangón en las ficciones televisivas locales.

Respaldo técnico

Ahora potenciadas por un respaldo técnico y de producción más amplio, el capítulo del regreso ratifica y renueva las virtudes que ya le conocíamos al programa: secuencias de suspenso armadas con impecable timing, breves toques de filoso humor, guiños cinéfilos (la imagen de Alejandro Fiore escalando un cerro patagónico remite a la apertura de "Misión imposible 2") y el aprovechamiento integral del elenco, donde el más pequeño actor de reparto también tiene cosas importantes para decir.

El episodio de anteanoche, además mostró detalles testimoniales bien ligados a la actualidad, pero puestos al servicio de la trama y lejos de cualquier concesión demagógica; y hasta la fortuna de haber podido jugar en la trama con la figura de Fidel Castro, que a la misma hora aparecía en vivo y en directo por los canales de noticias del cable hablando desde las escalinatas de la Facultad de Derecho.

Ya consolidada como propuesta de ficción con identidad propia y, lejos de dormirse en los laureles, "Los simuladores" ahora quiere convertirse en una serie hecha y derecha. Un espacio donde las continuidades tengan tanta importancia como las historias unitarias. Es por eso que el episodio se cierra con la reaparición de Milazzo (César Vianco), aquel falso representante de artistas enviado por los simuladores al Impenetrable en nombre de un falso reality show de supervivencia.

El enfrentamiento que se avecina permite vislumbrar para los próximos capítulos algún detalle más acentuado del comportamiento personal y los matices anímicos del cuarteto, apenas insinuados en este regreso (fue desopilante la descripción de la casa de Medina-Martín Seefeld, sorprendido en plena tarea de planchado y con la cara llena de maquillaje) al igual que la aparición de un quinto "simulador", el perro Betún. Estas posibles novedades no deberían asombrarnos en un programa que no deja de sorprendernos y seguir demostrando por qué marca con su fulgurante aparición un antes y un después en nuestro modo de entender cómo se cuenta por TV una historia de ficción.

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