
Mujeres asesinas: dulce veneno
Nacha Guevara por fin pudo ponerse en la piel de Yiya Murano, conocida como "la envenadora de Monserrat". El capítulo ya se grabó, pero Canal 13 lo emitiría el año próximo
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De todas las "Mujeres asesinas", ella parece la más lamentablemente célebre. Imposible olvidar las crónicas policiales de 1979, que terminaron por transformar a María de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, en "la envenenadora de Monserrat" o, más sencillamente, en su apodo cotidiano, Yiya.
Elevada a la categoría de "famosa" por las gotas de cianuro que la llevaron a la cárcel dos veces, su caso formará parte del ciclo de Pol-ka que se transformó a fuerza de puñales, venenos, tiros a quemarropa y fuego, en uno de los favoritos de la audiencia. Y después de muchas idas y venidas -largas negociaciones con la señora en cuestión incluidas-, Canal 13 finalmente podrá poner en pantalla este capítulo que protagonizará Nacha Guevara, y que cerrará, para dar su propia versión de los hechos, la propia Yiya Murano, que evidentemente quiere tener la última palabra en este horrible asunto de amigas y cuñadas estafadas y envenenadas con masitas dulces para acompañar el té.
Un camino complicado
Detrás de los anteojos enormes, Nacha Guevara no parece ella misma. Seria, con el pelo carré, los anteojos grandes clásicos de los 70, la camisita celeste abrochada hasta el último botón, la cruz enorme en el cuello, y ese tono de maltrato con su marido, Antonio Murano (que en la pantalla será Raúl Rizzo), aparece transformada en Yiya. Exactamente en la noche del 27 de abril de 1979, cuando el comisario Muñoz fue a anunciarle que debía acompañarlo.
Como aquella noche, Nacha/Yiya, no se resistió a la orden. Sólo pidió tiempo para ponerse el pulóver sobre los hombros, mirarse coqueta por última vez al espejo, y e irse a la cárcel, tal como cuenta Marisa Grinstein en "Mujeres asesinas", el libro que le dio forma a este exitoso ciclo de Canal 13.
El camino a este protagónico no fue sencillo. Nacha tuvo que esperar mucho tiempo antes de ponerse en la piel de Yiya Murano: exactamente el que media entre el comienzo del programa, allá por julio, y estos días de diciembre. Es que, en cuanto Murano supo que su historia formaba parte de las 13 que originalmente iba a llevar Pol-ka a la pantalla (finalmente, por el alto rating, serán 22), comenzaron los problemas. A tal punto que las negociaciones se estancaron. Y también la posibilidad de completar este relato televisado de las asesinas que supimos conseguir.
"Pero éste es el premio a haber esperado", dice Nacha, que con este capítulo abrirá la segunda temporada de "Mujeres asesinas", el año próximo.
"Adrián (Suar) es muy perseverante, así que yo confiaba en él. Era más fácil que la convenciera él que yo. Igual, ella me fue a ver al teatro, junto a su abogado, para negociar", recuerda la actriz. Pero aquella vez, cuando Yiya fue a la función de "El graduado", que protagonizaba Nacha junto a Felipe Colombo, no tuvo suerte: la actriz le advirtió que "las negociaciones" debían ser con la producción del ciclo, no con ella.
En Canal 13 aseguran que Yiya no cobró dinero para permitir que su caso llegue a la pantalla. Que lo único que negoció es que su versión aparezca al final. Algo así como el broche final, con ella ante las cámaras.
Pero si aquella visita al teatro no tuvo éxito, Nacha y Yiya se encontraron dos veces más antes de que el capítulo se grabase. Esta vez, la que no quedó del todo conforme con el encuentro fue la actriz. Pero por otras razones, claro.
"Las entrevistas con los personajes reales, a veces confunden más de lo que ayudan. Cuando uno compone un personaje, hay subjetividad, hay creación, hay imaginación. El contacto puede confundir porque: ¿qué debía hacer? ¿Lo que imaginé o lo que vi y escuché? Además, la Yiya que yo conocí no es la de los setenta. La que yo conocí pasó más de diez años en la cárcel, tuvo un aneurisma cerebral, viene de experiencias muy fuertes", enumera Nacha, mientras descansa el living de la antigua casona que sirve de escenografía, en un alto de la larga grabación que dirige Jorge Nisco.
Lo cierto es que ella eligió componer a Yiya de acuerdo con su percepción, a lo que se había imaginado de aquella alta y coqueta envenenadora de Montserrat. "Yo, particularmente, prefiero más la imaginación. La realidad te puede llevar en otra dirección. Uno no puede ser el otro", dice.
Pero cuando se vieron, no dejó de hacerle todas las preguntas que la podían ayudar a colorear ese personaje. Hablaron de la infancia ("ella me dijo que fue maravillosa"), de sus gustos ("amaba el bolero, sobre todo «Inolvidable», por Tito Rodríguez, y también las flores, por eso pedí que hubiera flores en todos ambientes") y, por supuesto, de lo que ocurrió en 1979. "Me juró tres veces su inocencia. Me lo juró por su hijo", dice Nacha, poco convencida.
Yiya siempre juró su inocencia. Lo escribió antes de que la operaran de su derrame cerebral. Y lo hizo frente a las cámaras de TV, en 1998, cuando fue almorzar al programa de Mirtha Legrand.
Martín, su hijo, por el que juró, fue el que escribió el libro "Mi madre, Yiya Murano", que la editorial Planeta publicó en 1994. Detrás de una tapa que muestra una mano vertiendo gotas en una taza de té, se lee: "No visité a mi madre más que una docena de veces durante los tres años que duró su primera detención. En ese tiempo ya se consolidaba en mí la certeza de que mi madre era culpable y ese sentimiento hacía que me resistiera a verla".
Y eso es apenas una parte. En el texto la describe como una mujer propensa a gastar dinero y llena de amantes, a los que visitaba junto al niño, obligándolo a llamarlos "tío".
Con todas esas características, no es extraño que Nacha le haya oído presentarse con la frase: "Yo soy dual". "Eso me pareció lo más impactante porque es cierto, tiene muchas contradicciones: le encanta el bolero, que es lo más romántico, y a la vez, es fría y calculadora. Es enigmática. Es rápida, sabe halagar a la gente, le gusta ser el centro de atención y jamás duda en sentarse en la punta de mesa, esté con quien esté", cuenta la actriz.
Más allá de lo que Yiya jure, en la ficción se verá cómo la mujer envenenó a sus tres amigas, Nilda Gamba (Adriana Aizemberg), Lelia Formisano de Ayala (Marta Betoldi), y Carmen Zulema del Giorgio Venturini (Lucrecia Capello), entre el 11 de febrero y el 24 de marzo de 1979.
Un poco antes, las tres mujeres le habían confiado a Yiya sus ahorros para que supuestamente ella los multiplicara. A cambio, les firmó un pagaré que desaparecía misteriosamente en cada muerte. Pero no fue sospechosa hasta la tercera vez, cuando la hija de la víctima se dio cuenta de que faltaba ese papel en el que Yiya se comprometía a devolver el dinero. Y con esa duda llegaron las autopsias. Autopsias que, en los tres casos determinaron lo mismo: cianuro.
Nacha no conocía la historia de Yiya cuando le propusieron el papel. "El nombre me sonaba, pero la verdad es que no sabía nada de ella porque yo no vivía en el país cuando ocurrió", cuenta la actriz. Quizás eso le permita darle su aire y agregarle su cuota de imaginación a la historia de la asesina que, de famosa, no sólo se ganó un lugar en los libros y la TV, sino también en una de las doce historias de una visita guiada por Buenos Aires.
Este año, las historias de robos y crímenes tuvieron su cuarto de hora. A "Botines", "Mujeres asesinas" y hasta "Forenses, cuerpos que hablan", de Canal 9, se sumó "Criminal", la serie de Ideas del Sur que mañana, a las 23, cerrará su paso por Canal 9.
Aunque en octubre hubo una denuncia por apología del delito que pareció poner en peligro la tira que protagonizan Diego Peretti e Inés Estévez (se dijo que había posibilidades de que la levantaran, aunque la denuncia nunca prosperó), "Criminal" siempre mantuvo su buen rating en los feroces "superlunes".






