Otro paso en falso de Pettinato

Marcelo Stiletano
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31 de enero de 2002  

“Un aplauso para el asador” , telecomedia con Roberto Pettinato, Diego Pérez e invitados rotativos. Guión: Miguel Gruskoin. Producción ejecutiva: José Luis López. Por Canal 13, los jueves, a las 22.

Nuestra opinión: regular

Una encrucijada en forma de signo de interrogación crece alrededor de la carrera televisiva de Roberto Pettinato. De un lado están su indiscutible perfil de humorista talentoso, actor con buenas dotes y alquimista de un estilo de comicidad muy personal que mezcla hábilmente el delirio, la ironía y la observación punzante de la realidad. Del otro, una sucesión de tropiezos y de elecciones poco felices en sus proyectos televisivos, apenas compensados por el recuerdo de aquel notable “Duro de acostar”, una propuesta tan liviana como “Todos al diván” y su paso por el elenco de “Primicias”.

“Un aplauso para el asador” es otro paso en falso de alguien que tiene todo en su favor para avanzar y, en cambio, retrocede. No porque se sienta incómodo con el personaje que interpreta (todo lo contrario: se siente tan cómodo en él como con los trajes estrafalarios que luce), sino por la carga de superficialidad y de cosa improvisada que transmite una idea atractiva en los papeles y decididamente fallida en los hechos.

El prólogo muestra a Pettinato como un aristócrata decadente que supo tener una gran fortuna y al que hoy sólo le quedan su vivienda y un asistente meterete y de modales ciertamente toscos (Diego Pérez), que recibe constantes quejas de aquél.

Pero ocurre que Pérez siempre se las ingenia para lograr mercadería fiada por parte del carnicero de la zona. Y sus dotes para preparar un asado coinciden con la necesidad del ex millonario de agasajar a cuatro personas por semana y así mejorar su endeble pasar. Este comienzo es, a la vez, el punto de partida de una secuencia de tropiezos que se corresponden casi exactamente con la secuencia temática del programa. Este rígido comienzo desaprovecha el contraste de personalidades entre los dos protagonistas, que reducen su duelo a una sucesión de chistes y referencias mutuas que se agota rápidamente y en el que asoman sólo en cuentagotas las clásicas observaciones irónicas de Pettinato.

Las cosas mejoran muy poco con la llegada de los invitados, mientras Pérez prepara el asado en tiempo real. La disposición del programa impide que Pettinato aproveche, como en otras ocasiones, su agudeza como entrevistador. A la vez, el ex integrante de Sumo carga con un condicionamiento ajeno a su responsabilidad: el de vérselas con figuras que en su mayoría no tienen demasiado para decir y que (en el caso de las que conforman los elencos de Canal 13) no parecen ir más allá de la promoción de sus propios programas. “Todos al diván” era un lugar mucho más propicio para esta clase de invitados y para el lucimiento de Pettinato junto a ellos.

Personaje repetido

La tercera dificultad asoma cada vez que Pérez acentúa sus intervenciones junto con el reparto entre los comensales de sabrosas achuras y cortes vacunos. El actor repite en líneas generales a su personaje de “El insoportable”, que nació en “El show de Videomatch” como una leve variante de aquel “contra” tan bien interpretado por Juan Carlos Calabró.

En lo que en su origen era un amable juego humorístico (Calabró sacaba de las casillas a su invitado, pero en un juego humorístico a todas luces inofensivo) aquí merodea el mal gusto y hasta cobra visos de incómoda agresividad, materiales que la buena escuela de humor siempre rechazaría. En vez de asociarse a una propuesta divertida, el televidente termina poniéndose del lado del afectado, opción seguramente muy distante de la que imaginaron los creadores del programa.

“Un aplauso para el asador”, cuya acción se instala en un agradable ambiente escenográfico, transcurre a lo largo de interminables 90 minutos duros de soportar para muchos. Sólo algunos buenos chistes, dispersos entre la medianía general, hacen añorar al mejor Pettinato, el que siempre entrega pinceladas de su genuina capacidad pero muy pocas veces logró expresarla a pleno en el medio más propicio para lucirse.

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