Pueblo chico, infierno grande

Dolores Graña
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24 de abril de 2004  

"El Deseo". Guión: Gustavo Belatti y Mario Segade. Dirección: Miguel Colom, Pablo Ambrosini y Carlos Luna. Producción ejecutiva: Marcos Gorban. Con Natalia Oreiro, Soledad Silveyra, Daniel Fanego, Claudio Quinteros, Luis Luque, Alicia Bruzzo y elenco. De lunes a viernes, a las 22.30, por Telefé.

Nuestra opinión: buena

La nueva tira de Belatti y Segade luego del éxito de "Resistiré" es muy ambiciosa por motivos que no son exactamente los habituales. El primero --y quizá más importante-- es su confianza en la capacidad del espectador para conectar las líneas de puntos que por ahora unen a un personaje con otro. El segundo, su convencimiento de que el público acepta y pide --especialmente el más joven-- si no una transformación, por lo menos una actualización en la manera de contar historias (proceso que, se sabe, ha venido ocurriendo desde que el mundo es mundo: la historia de siempre, la narración de ahora). Y "El Deseo" es una tira muy consciente del zeitgeist que representa: una apuesta por devolver la telenovela al lugar central que tuvo en la TV argentina.

El Deseo es un pueblo de provincias ("cerca de Arrecifes", se dice) que, como ocurre generalmente --y aún más en las novelas-- vive bajo el yugo de una familia, los Bernal, dueños de un spa y un hotel que sacan provecho de las --se insinúa-- sobrenaturales propiedades de la laguna del lugar. Todo el pueblo vive, desea y odia a los Bernal: Dalmiro (Daniel Fanego), su esposa Mercedes (Soledad Silveyra) y el novio de la nena y heredero (Claudio Quinteros, apropiadamente resbaladizo).

Pero el golpe que pondrá en jaque al poderío familiar, complicado por problemas económicos, viene del lugar impensado: Luisa (Susana Campos), madre de Mercedes, ha decidido encontrar a la nieta que --obvio-- fue hecha pasar por propia por una persona de confianza del pueblo, luego de convencer a Mercedes que había muerto. Del rol del ¿padre?, el bohemio interpretado por Luis Luque, poco y nada se sabe.

La nieta perdida está vivita y coleando y es, por supuesto, Carmen (Natalia Oreiro), una artista de circo que vive en Buenos Aires y acaba de perder un trabajo que odia en un tugurio modernoso. El abogado que la encontró lo hace y pierde la vida, pero su objetivo está logrado: Carmen necesita dinero y parte a este pueblo unido por el espanto para averiguar cuánto es--y, sobre todo, de dónde proviene-- el que está en condiciones de recibir. Y, seguramente, se enterará de bastante más de lo que cree, ya que un periodista (Daniel Kuzniecka), contratado para un misterioso proyecto relacionado con el spa, ya se ha cruzado con ella, así como lo han hecho los otros dos lados de este cuadrilátero amoroso: Máximo, inescrupulosa mano derecha de Bernal y un joven que escribe cartas a un objeto de deseo desconocido.

Si "El Deseo" tiene como referencia muy próxima a la ya mítica "Twin Peaks", de David Lynch, bueno (estirando un poco la comparación), el personaje de Oreiro es el detective Cooper: un poco investigador, un poco propiciador, un poco deus ex machina: una suerte de tabla rasa a la espera que el ciclo escriba su historia ¿Y Laura Palmer? Bueno, Laura Palmer es, sin duda, la laguna, fuente del poder de los Bernal y, se vislumbra, posible instrumento de su destrucción.

Uno de los varios aciertos autorales de la tira reside en la información que calla, preservando el misterio y dando aire a una trama que, por toda su innovación estética, es muy respetuosa de las convenciones del género (cuando se aleja de ellas encuentra su punto más débil: la educación amorosa de la hija de los Bernal, con serios problemas de verosimilitud).

Así, "El Deseo" privilegia la narración pura por sobre los diálogos, apoyándose en su inspirado tratamiento de la imagen, en especial la edición, la posproducción y la fotografía, de Pedro Suárez, que se inclina por el azul (color que definía al tipo de narración que se insinúa aquí). No está de más advertir que la serie contiene situaciones y lenguaje explícito, llamando a las cosas por su nombre (y no precisamente el más cortés).

Se espera que el saludable exceso de ideas visuales y de puesta en escena se mantengan con el discurrir de los capítulos (quizá sería apropiado inclinarse por las que mejor sirvan a la acción), así como el nivel actoral del elenco, precisamente marcado en su conjunto, que logra mantener una coherencia que complica el misterio que rodea a sus personajes, que aún no han demostrado indicios de ser capaces de experimentar pasiones tan voraces como se afirma (hasta ahora, lo que se ha visto son sólo demostraciones físicas, especialmente, a cargo del matrimonio Bernal).

Los seguidores de "Resistiré" seguramente saben y esperan que en "El Deseo" se compruebe que nada es lo que parece. Es de desear, también, que nada sea exactamente lo contrario de lo que parece ser.

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