Quién quiere ser millonario: estuvo diez años preso y salió adelante gracias al deporte, la educación y el trabajo

Ezequiel están en libertad desde hace cuatro años.
Ezequiel están en libertad desde hace cuatro años.
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17 de julio de 2019  • 00:23

"Me arrepiento de no haberme dedicado al estudio plenamente. De chico me iba muy bien, tenía muy buen promedio. Me arrepiento de haber dejado pasar tanto tiempo y oportunidades para poder profesionalizarme". Ezequiel Baraja tiene 32 años y desde hace cuatro está en libertad después de 10 años en prisión.

El participante de Quién quiere ser millonario mira hacia atrás y lo único que ve es arrepentimiento, y hoy busca inspirar a otros chicos que están en su misma situación, "Los chicos tienen que alejarse de la droga, de la manipulación de otras personas. Así terminé yo en un instituto de menores, pasé por comisarías. Hay que aferrarse a lo que te hace bien, al deporte, a la educación que es fundamental".

Hoy Ezequiel es miembro de Los Espartanos, ese equipo de rugby que nació en un penal, y desde hace años colabora a través de la fundación del mismo nombre para bajar la reincidencia de los que salen en libertad. "Después de muchas cosas violentas sufridas en la cárcel conocí a Los Espartanos. Gracias a ellos descubrí una nueva etapa de mi vida. El deporte es bueno en todos los contextos, pero en especial en el que estuve yo. Valores como el compañerismo, o la importancia de jugar en equipo, son ejemplos que después cuando salís en libertad te ayudan mucho".

Con mucha seguridad y conocimiento, una mezcla que le permitió llegar a contestar por medio millón de pesos, el camino de Ezequiel hoy es de superación y agradecimiento, en especial a quien fue su primer empleador, y en la noche del martes fue su comodín en el juego: "Me acuerdo que un día, después del entrenamiento, me dice 'Eze, vos tenés laburo'. Fue muy emocionante porque fue la primera persona que depositó en mí su confianza al 100 por ciento".

Reinsertado socialmente, con novia, una familia que lo apoya y dos hijos, el participante ahora sueña que los 180 mil pesos que ganó vuelvan a quienes lo acompañaron: "Con esa plata quiero arreglar la casa de mis viejos, que tiene muchos problemas. Y una parte destinarlo a la fundación. La idea es que los chicos que están saliendo en libertad puedan empezar haciendo changas y así aprender para después llegar a tener un trabajo. En Espartanos decimos que la pelota de rugby es la excusa para atraparlos. Pero lo importante es la educación, la espiritualidad como método de contención más allá de las religiones, y trabajo, mucho trabajo".

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