Un café para los sueños

Marcelo Stiletano
(0)
12 de diciembre de 2001  

De tanto en tanto, la TV nos ofrece ejemplos de cómo la escasa disponibilidad de recursos económicos, lejos de ser un obstáculo insalvable, obra como estímulo para aguzar el ingenio y ensayar caminos ajenos a los habituales.

Cuando se escriba la historia televisiva de este año que está por concluir, "Un cortado (historias de café)", que cada jueves a las 23 emite Canal 7, seguramente no aparecerá muy lejos de otras propuestas de ficción con presupuestos más considerables en materia de producción y poderosos aparatos para difundirlas.

Y aún admitiendo que en su derrotero el programa sufrió algunos altibajos, la fórmula elegida (no exenta de riesgos) probó largamente su eficacia: una suerte de permanente equilibrio entre historias unitarias y personajes con continuidad que llevó al programa a escapar de las tendencias costumbristas más convencionales que hoy caracterizan a buena parte de las propuestas de ficción.

En "Un cortado (historias de café)" se respira una genuina alma de barrio desde el momento en que se registra íntegramente en un bar auténtico, ubicado en el corazón de Palermo Viejo (Julián Alvarez y Juan Antonio Cabrera) y que fuera de los horarios de grabación funciona como tal.

Y este componente escenográfico es tan decisivo para el desarrollo del programa como la presencia amistosa y desinteresada de casi 200 actores de la más diversa extracción (de Pablo Echarri a Juan José Camero, de Norman Briski a Mónica Ayos) que en su paso ocasional con intervenciones que se inician y concluyen en un mismo capítulo lograron en la mayoría de los casos dar de sí tanto o más de lo que suelen ofrecer en sus apariciones habituales. Fórmula, dicho sea de paso, que también encuentra su comprobación en otra propuesta atípica como "Tiempofinal", de los hermanos Borensztein.

Junto a ellos, como personajes fijos, aparecen nombres de oficio probado (Héctor Calori) o rescatadas del olvido (el notable Guido Gorgati), que como los invitados de cada episodio confían tanto en líneas argumentales más o menos precisas como en la posibilidad de enriquecer a sus respectivos roles con la improvisación.

* * *

"Un cortado (historias de café)" merece subrayarse en el final de esta opaca temporada televisiva por haberse convertido en la única propuesta de ficción capaz de sortear los vaivenes institucionales que afectaron a Canal 7 a lo largo del año y mantener hasta el final sin alteraciones sus propósitos.

Y también porque llevó a su mentor, el libretista y realizador Leonardo Bechini, a instalarse en un espacio potencialmente lleno de interrogantes y seguramente mucho menos cómodo del que estaba en condiciones de conseguir después de los reconocimientos ganados desde "Poliladron".

Lo mejor que pudo pasarle a "Un cortado (historias de café)" es haber construido su lugar en la pantalla paso a paso y en silencio, como si se tratara de un genuino trabajo artesanal. Tal vez no quede en el recuerdo como uno de los grandes programas del año, pero sí será reconocido por propios y extraños como un modelo por seguir cuando faltan medios, pero lo que sobra es voluntad y objetivos claros.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.