Una familia que renace de sus cenizas

Llegó a su fin el unitario que protagonizaron Julio Chávez y Cecilia Roth; en un final abierto, el ya disuelto matrimonio coqueteó con la idea de una reconciliación
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24 de diciembre de 2009  

A pantalla partida, con José en una mitad y Sofía en la otra, prometiendo levemente una posible futura reconstitución de su matrimonio, finalizó anoche el último episodio de Trata me bien. Los personajes a los que les pusieron el cuerpo Julio Chávez y Cecilia Roth, durante 37 semanas desde mediados de abril, quedaron inmersos en un final abierto, en el que su relación matrimonial permanece en el estado de indeterminación, entre la ruptura y la continuidad, en que se debatió durante todo el desarrollo del unitario.

"Al hacer este trabajo, tuve el gusto de estar actuando en escenas en las que no había actuado todavía. Como la de los hijos, por ejemplo. Situaciones que para mí son inéditas y que, si bien las vi 28.000 veces, porque si hay algo que he visto es familias comiendo tostadas a la mañana, yo no las había hecho", confesaba Chávez al filo del estreno del programa. Con el transcurso de los episodios pudo notarse que esa sensación de estar viviendo realmente las situaciones que le planteaban los libros no era sólo una frase que pronunciaba el actor para adornar una entrevista. El José que compuso quien protagonizó en cine Un oso rojo resultó tan real y sin fisuras hasta en los más mínimos detalles que al observarlo desde el lado externo de la pantalla chica inquietaba la certeza de que a ese hombre le iba a dar algo, fruto de todos los disgustos que tenía que soportar. Desde el principio, y con el correr de los capítulos, una espiral de situaciones angustiantes se fueron acumulando en el día a día de ese personaje. Su crisis matrimonial, la bancarrota de su negocio, la muerte de su perro, la noticia de que el hijo que criaba desde hacía 18 años no era suyo, el romance entre su hija todavía adolescente y su mejor amigo dos décadas más viejo que la chica. Una lista a la que muy pocos seres humanos reales podrían sobrevivir sin consecuencias. Y como el descendiente de armenios al que interpretaba Chávez pretendía serlo, tuvo que demostrar su humanidad sufriendo un infarto que fue un punto de inflexión en la existencia del personaje. A partir de allí, se tomó las cosas de otra manera. No con más tranquilidad -porque el ansioso y explosivo carácter jamás permitiría que así fuera-, sino con una actitud en la que se daba permiso de dejar aflorar sus sentimientos, aunque ellos parecieran contradictorios con lo que le dictaba la razón. Es así como en el capítulo que se vio ayer termina yendo a saludar a su ex mujer en Nochebuena -y así abre la posibilidad de una nueva reunión con ella- a pesar de que hasta un ratito antes sostenía que lo mejor para ellos era permanecer separados y olvidarse el uno del otro.

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"Estoy muy apenada por el final de este ciclo. Tengo un vacío en la cotidianeidad que se llenaba con cansancio e intensidad, pero que lo viví con mucho placer y compromiso, tanto desde mi lado como el de mis compañeros. Cuando me engancho con un proyecto dejo que las cosas fluyan y me entrego de manera completa. En este caso, los meses de trabajo fueron extraordinarios y los disfruté un montón", cuenta Roth. Esa cotidianeidad plena de ocupación al que alude la actriz resulta casi un reflejo de la dinámica de la vida diaria que tuvo que vivir su personaje en la historia. Una mujer que resultó no menos real y consistente que el marido que constituyó Chávez y que, a la par que soportaba los coletazos de los disgustos que sufría aquél, se vio obligada a lidiar con sus propias desazones. Entre otras cosas tuvo que aceptar la infidelidad de su esposo, la realidad de tener que admitir que había ocultado durante años que el hijo menor que criaban con su marido no era de éste, la muerte de su madre, el fracaso de un emprendimiento al que había dedicado gran parte de su energía en los últimos tiempos, la presión de un hermano que le reclamaba injustamente una herencia y una creciente adicción al alcohol que casi le hizo perder la vida. Todo un proceso, al final del cual se encontró en el último episodio con una actitud de equilibrio que le permite quizá pensar en la posibilidad de reconstruir desde las cenizas la familia que tenían con José.

Final a toda orquesta

A partir de la vuelta, luego de un año, del hijo, Damián (Martín Slipak), de su beca en Francia, en medio de los preparativos para festejar la Navidad, se desarrolló la historia del episodio final. Con las contrariedades que suelen suscitarse en las familias con motivo de estas celebraciones, casi todos los personajes que aportaron a la trama del unitario fueron mostrando cómo quedaron sus historias. Damián termina viviendo con la madre de su hijo. La hija, Helena (María Alche), continúa en su matrimonio con Nacho (Alfredo Casero), sin hacer caso al autoritarismo de su marido. Hernán (Guillermo Arengo), el hermano de José, consiguió estabilizar su vida y su romance con Laura (Ana Garibaldi) se vuelve a encender. La mucama Rosa (Mónica Cabrera) es cada vez más una parte de la familia. El pequeño universo de los personajes de esta historia sigue su devenir lejos de la pantalla. Se los va a extrañar.

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