Totó La Momposina vuelve a Buenos Aires

Antes de sus presentaciones en La Trastienda, la gran voz colombiana habla del origen de su canto
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18 de noviembre de 2010  • 11:25

Pequeño milagro del Bicentenario: en la Televisión Pública suena “Los sabores del porro”, el himno que Totó La Momposina grabó en Carmelina (1996,editado aquí por Suramusic) y que recorrió el mundo en el compilado Latinas del sello Putumayo. Y aunque desde la irrupción de Peter Capusotto y sus videos ya no es raro que se hable del faso en Canal 7, en este caso la referencia no es cannábica. El porro, suerte de dixieland caribeño, es uno de los 250 ritmos del folclore colombiano, que pertenece a las regiones costeñas. Totó, embajadora musical y cultural, lo canta frente al Obelisco y justo para la temporada de cosecha. “Es un ritmo hermoso. El porro sintetiza los bailes cantados, el sonido de las gaitas, el redoblante y las respondonas, que hacen los coros. Es una simbiosis, es la música de cámara del pueblo. Es un baile que se hace en la calle, popular. El día que desaparezca la danza, la música sola no sé si tendrá objetivo”, reflexiona antes de su regreso a Buenos Aires.

Es que la semana que viene, el miércoles 23 y el jueves 24 en La Trastienda, La Momposina vuelve a Buenos Aires. En esta ocasión, con el ascendente grupo Lulacruza como grupo soporte. Integrado por la colombiana Alejandra Ortiz y el argentino Luis Maurette, el dúo de folk electrónico propone canciones primitivas y luminosas, paisajes sonoros y ruido resonante. Son canciones de aires ancestrales con texturas acuáticas y brillantes secuencias electrónicas, en una suerte de ala lounge del electro-cumbé.

Pero volvamos a la visita estelar: Totó nació en la isla de Mompox, y su casa fue el epicentro de una celebración musical constante: “Mi papá era zapatero, pero invitaba a bandas de viento, a los gaiteros de San Jacinto, a los acordeoneros... En esa época era extraño que hubiera tanta música en una casa, entonces venían los estudiantes y también las personas de nombre, porque se hacían fiestas enormes. Cundo tú vas creciendo, y te llegan todas esas informaciones, tu mente se abre”. La Momposina hizo carrera en Europa, acompañó a Gabriel García Márquez a buscar su Premio Nobel de Literatura en 1982 y alcanzó (aun más) proyección internacional cuando Meter Gabriel la convocó al festival de Womad y la fichó para su sello, Real World.

La identidad es el eje de su personalidad artística. ¿Se siente una embajadora cultural de Colombia?

Hace treinta años, ver en Europa a una señora del color mío, cantando con la melena toda suelta y cuatro tambores, era algo exótico. La primera vez que estuve en Francia, fui a cantar a un hotel, y mi sueldo eran los viáticos: cinco dólares. Para ellos fue una sorpresa verme con los pies descalzos y vestidos de diferentes colores.

En ese momento, ¿quién conocía la música de Colombia en Francia?

Yo me la pasaba de bar en bar, pero no bebiendo: cantando. Fui a pasar la manga, y cantaba en la calle, en el mercado de pulgas. Así se fue creando la leyenda...

... de la diva de los pies descalzos, como Cesaria Evora.

Claro, porque cuando empecé a cantar, como en Mompox las calles no están pavimentadas, uno amanece cantando después de bailar champeta toda la noche con el pie pelado. Entonces yo salí a cantar a pie pelado, y duré mucho tiempo cantando así. Pero con este frío, sería incapaz de hacerlo. Por eso me pongo abarcas, que también se utilizan en el campo, en el monte. Es un calzado de tierra caliente. La planta del pie está protegida, pero lo demás está libre.

¿Y cuál es el origen de su trabajo?

Yo vengo de familia de músicos. Mi mamá tuvo un grupo de danzas y salimos de la región buscando un futuro mejor. Ella nos comenzó a enseñar porque no quería que creciéramos sin la tradición de nuestros ancestros. Ella nos enseñó la danza de los indios. La escuela venía de la casa. El electrocumbé es la fusión de música tradicional colombiana con elementos electrónicos.

Uno de sus creadores, el inglés Richard Blair, de Sidestepper, empezó colaborando con usted. ¿Qué le parece ese nuevo movimiento?

La música es universal, se expande y tiene sus propias interpretaciones. Richard estuvo trabajando con nosotros durante tres meses, cuando fuimos al festival de Womad; y en 1994, produjo La candela viva para Real World Records. El no conocía Colombia: yo me lo llevé para allá. Y en Colombia se quedó. En esa época, no había productores de la música de la identidad trabajando allá. En Sidestepper mezcló muchos sonidos. Y le ha ido bien porque es una persona de invención. El es un muchacho que estudió música y ha marcado una tendencia. Cuando está conmigo en el estudio, sabe exactamente lo que va a producir.

¿Cuán importante fue Meter Gabriel en su carrera?

Conocerlo fue un gran paso para hacer este recorrido en el mundo del arte. Hace veinticinco años me convocó para el primer festival de Womad. Gracias a él conocí a Caetano Veloso, a los tambores de Burundi, a un montón de artistas... El año pasado me hicieron una película por haber fundado el festival. El sostieneeso con sus regalías. De hecho, van a relanzar La candela viva porque creen que no hicieron el trabajo de difusión completo.

¿Es cierto que va a cantar una canción con Calle 13?

Ya me mandaron la música y estamos viendo de ponerle nuestro toque. El toque de la sabrosura, de la frescura... Yo todavía tengo profesora de canto y, como soy soprano, ella dice que puedo cantar lo que quiera. Entonces voy a poner ese don que Dios me dio al servicio de lo que están haciendo los muchachos de Calle 13, para que los que escuchen comiencen a averiguar de dónde viene esa cantadora y se encuentren con las raíces de la música de Colombia.No lo hacemos para ser famosos, sino para aportar algo allí. Dios proveerá.

Por Humphrey Inzillo

Mirá “Los sabores del porro” en vivo en los festejos del Bicentenario:

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