Tres jóvenes de 20 que llegan a los sesenta
Debuts: los chicos que hacen de Soledad Silveyra, Juan Leyrado y Darío Grandinetti en su juventud son otros aciertos del film "Despabílate amor".
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Ahora, ella tiene 15 y ellos, 22 y 18 años cada uno. Sin embargo, todos fueron fanáticos de Elvis Presley y en los asaltos se ponían románticos con la música de Sandro y los boleros. También vieron por televisión cómo el hombre llegaba a la Luna, y uno de ellos, al terminar el secundario, se fue a Cuba detrás de una utopía. Pero ninguno se embarcó en la máquina del tiempo.
Solución: Laura Azcurra, Diego Alcalá y Luciano Leyrado, nacidos entre los setenta y los ochenta, viajaron a la década del sesenta, llevados por otra invención casi tan mágica: el cine.
Los tres protagonistas jóvenes de "Despabílate amor", la película de Eliseo Subiela, son, respectivamente, las versiones sesentistas de Soledad Silveyra (Ana), Darío Grandinetti (Ernesto) y Juan Leyrado (Ricardo), y en la ficción forman un triángulo que después de treinta años cambió la posición de sus lados. El jueves último, horas antes del estreno, le contaron a La Nación cómo vivieron la experiencia.
El casting
A Laura Azcurra, hija de un director teatral y una maquilladora de cine, que empezó a estudiar teatro a los 9 años, confiesa: "Fue muy loco lo de la película. Una amiga de teatro me avisó que había un casting y que estaban buscando adolescentes, y dejé mi currículum en la productora de Subiela". Luego de un casting inicial, Laura fue convocada para una segunda prueba con ropa de los años sesenta. "Mi mamá me maquilló, me batió el pelo y fui con un vestido de ella que me ponía para jugar cuando era chiquita. Era el que se mandó a hacer cuando se casó, en el 61 o el 63, creo."
Luciano Leyrado -que interpreta a Juan Leyrado adolescente-, se empeña especialmente en destacar que la participación de su padre en el film no tuvo nada que ver con su elección. "Jorge Rocca, el productor ejecutivo, que es cuñado de un ex compañero de colegio, me vio en una fiesta y me mandó a llamar cuando yo estaba en Mar del Plata, justo el día de mi cumpleaños." A un año de haber terminado el secundario, Luciano, que comenzó a estudiar teatro a los 8 con Hugo Midón y continuó con Carlos Gandolfo, Raúl Serrano y Augusto Fernández, trabaja como asistente de producción del grupo Errare Humanum Est (Leyrado, Grandinetti, Miguel Angel Solá, Hugo Arana, Jorge Marrale y Manuel González Gil). "Ahí sí mi viejo me dio una mano, pero me tuve que ganar el campo, porque si yo entro por él trabajo el doble. Estoy muy orgulloso de que él sea mi padre, pero no me interesa ser el hijo de ", recalca.
Diego Alcalá es el mayor de los tres y el único que tiene nombre artístico. Hijo de los actores Jorge Sassi y Cristina Allende ("desde el día siguiente de nacer estuve en un camarín"), comenzó a estudiar teatro a los 16 años con Beatriz Matar. Después de un impasse de casi tres años, tan sólo el año último decidió algo: "Que ésta iba a ser la carrera de mi vida". Una temprana iniciación laboral lo convirtió en alguien singularmente rico en anécdotas para su edad: "Desde los once años fabriqué pulseras, trabajé en el sector de abastecimiento de un diario, fui vendedor de una AFJP y de teléfonos celulares, cadete de una empresa, auxiliar de contaduría y ayudaba en un almacén a una señora que, como era muy gorda, no podía moverse de un banquito". A Diego, que conocía a Darío Grandinetti desde la infancia, siempre le dijeron que se parecía a este actor. Por eso se presentó al casting.
Los sesenta
Tantos flashbacks significaron para los tres debutantes (sólo Leyrado hizo "un papelito" el año último en "Montaña rusa") algo más que vestirse de época o bailar el rock.
"Ana es una chica de los sesenta, prejuiciosa, muy de barrio, y lo que más me gustó fue verla tan distinta a mí -señala Laura-. Creo que aquélla era una época en la que había que cuidarse mucho más del qué dirán. Especialmente de los vecinos del barrio, y una estaba obligada a estar de novio sí o sí. Me parece que no se podía hacer tanto lo que uno sentía, y que la onda de los noventa es más liberal, aunque todo ese tiempo me movía mucho a partir de charlar con mi padre, que me contaba que se ponían locos en el cine con el rock and roll."
Para Luciano, en cambio, "los sesenta fueron una época que siempre me encantó. Como hobby tengo un grupo con unos amigos, dentro del cual tocamos temas de Elvis y hasta algunos de El Club del Clan. Espero que en el 2020 puedan decir que los años noventa los fascinan tanto como a mí los sesenta".
Con respecto a la época, Diego Alcalá también siente como si la hubiera vivido. "Debe ser la genética -opina-. Es muy difícil de explicar, pero, por ejemplo, en la escena donde tengo que quemar los libros sentí una angustia en el pecho, como si me estuviera pasando realmente a mí." Comparativamente, cree que los jóvenes de entonces, "por un lado estaban preocupados por cosas más simples, pero tenían ideales más intensos. Había menos comunicación a nivel tecnológico, pero más a nivel humano".
Laura Azcurra consultó bastante con su mamá antes de abordar el personaje de Ana. "Hablé mucho con ella de los cambios, los peinados, la ropa, y del clásico novio. Ella se casó con el que tenía en los sesenta; después se divorciaron, y con mi papá estuvo eternamente de novia, porque nunca se casaron."
El referente más próximo de Luciano Leyrado fue su padre. "No sabíamos que íbamos a componer estos personajes en común y fue muy raro -explica-. Emocionante, pero difícil. La mayor parte del tiempo nos enteramos por las notas de lo que nos pasa, porque es difícil decirle al otro lo que uno siente." En principio, existió además la posibilidad de que Luciano interpretara al hijo de su padre en la ficción. "Por suerte no se dio."
Diego Alcalá también leyó el libro con sus padres. "Recurrí mucho a su ayuda para ver cómo sentían el mundo en ese entonces, y para la parte de los bailes apelé a mi adolescente interno divertido."
Laura es en este momento la protagonista del comercial institucional de Canal 13, en el que también la dirigió Subiela, y, por cábala, prefiere no revelar sus próximos pasos. Diego y Luciano, por su parte, buscan trabajo en lo que más les gusta.
Y los tres coinciden en la importancia de no quemar etapas. Antes del gran debut y después de haberse visto en pantalla el lunes último, por primera vez, muertos de risa y a coro, parodiaron al personaje de Héctor Alterio en "Caballos salvajes": "¡La p... que vale la pena estar vivos!" Telón.
El rock and roll, como otro gran protagonista
Musicalmente hablando, a Laura le gustan Andrés Calamaro, Charly García y Fito Páez, y sus gustos se estiran hasta los temas de Sui Géneris y Serú Girán. Luciano, combina, entre otros, a Luis Alberto Spinetta, Charly García, Aerosmith, Mano Negra, Hermética, V8, Bersuit Vergarabat y Todos tus Muertos con Beethoven y las bandas de películas, en tanto que Diego Alcalá escucha a Charly y Spinetta, y es "fana" de Pat Metheny, Joaquín Sabina y la música disco de los setenta, entre otros sonidos.
Sin embargo, todos tuvieron que remontarse a los temas de Sandro, Leonardo Favio y Paul Anka que, entre otros, contribuyen a la atmósfera sesentista de "Despabílate amor". Todos, superados ampliamente por el rock and roll de Elvis Presley que Ana y Ricardo, como adultos, continúan bailando en los años noventa.
Otra historia con ritmo
La cuestión obligó a Laura Azcurra y Luciano Leyrado a tomar clases intensivas de rock con Facundo & Kelly, durante dos meses, dos horas, todos los días.
Ambos recuerdan la dedicación de la pareja de instructores: "Tienen una historia como la de la película. Ellos bailaban de jóvenes y después se separaron, hasta que, treinta años después, un amigo volvió a reunirlos. Cada uno por su lado, se habían casado y tenían hijos. Desde que se reencontraron y volvieron a bailar, no se separaron más. Ahora son marido y mujer, y dan clases de rock, salsa, tango y milonga a cualquier hora. A nosotros hasta nos daban de comer".
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