Tres razones para ver Outcast

La serie basada de Robert Kirkman narra la historia de un joven atormentado por las posesiones demoníacas; por qué estamos ansiosos por conocerla
Sol Santoro
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31 de mayo de 2016  • 14:38

Robert Kirkman, creador de The Walking Dead en su versión gráfica y audiovisual, no ha sentido jamás tapujo alguno a la hora de arrojar hordas de zombis famélicos directo hacia sus protagonistas desarmados. A punto de estrenar su nueva serie, Outcast –cuyo estreno mundial es el viernes, pero ya se puede ver en la plataforma digital de Fox+ como preestreno–, prometió que esta será una ficción mucho más terrorífica. Pero, ¿cómo hacerlo?

Kirkman ya había dejado claro que no pensaba quedarse quieto cuando presentó el spin off Fear The Walking Dead, el cual, a pesar de ser más o menos bien recibida, dejó la sensación de que tenía mucho más por dar en el terreno de los misterios científicamente improbables.

Es que, evidentemente, hay algo en los orígenes del mal que a Kirkman le gusta abordar. En este caso se adentra en la historia de Kyle Barnes, un muchacho al que lo rodean desde la niñez sujetos poseídos y ahora le tocará enfrentarse a esa fuerza extraña que evidentemente está tras sus pasos por alguna razón.

Outcast explora un espacio geográfico pequeño, un pueblo (Roma, West Virginia) y pareciera que sus personajes, lejos de deambular, escapar y mudarse sistemáticamente, tendrán que acostumbrarse a la idea de quedarse y mirar de frente a esa fuerza extraña que aturde las almas.

Ahora bien, ¿por qué apostar a esta nueva serie teniendo la agenda televisiva casi completa?

Porque hay un personaje que promete

El protagonista, al menos juzgando el comienzo de la serie, parece ser tan contundente como repleto de recovecos para explorar. Si bien las posesiones demoníacas han sido largamente recorridas, hay algo aquí que se suma al relato clásico: no se trata solo de inocentes y frágiles víctimas, sino que hay entre los poseídos un vínculo con Kyle, a lo que se suma una promesa escalofriante que le hace una voz turbia que parece conocerlo desde siempre: la fusión no puede evitarse.

Kyle es interpretado por Patrick Fugit, y si Rick Grimes tenía un pasado romántico en Realmente amor, esta nueva figura también tiene lo suyo. Además de haber sido uno de los tantos paciente de Dr. House, algunos podrán reconocerlo, obviando el gesto oscuro y pesado y encontrándolo en un rostro muy teen, como el joven periodista de rock de Casi famosos.

Porque el horror puede ser también un punto de partida

The Walking Dead, sin escatimar jamás en muertos vivos cayéndose a pedazos (gracias, Greg Nicotero) ni prometiendo más reflexión que la que se desprende de escenas terribles, supo sobrevivir tantas temporadas (y en este instante tiene a tantos absortos frente al último season finale) porque no se quedó estancado en la lucha directa entre muertos y vivos. Por ello, se puede suponer que aquí –con una segunda temporada ya a la vista– lo humano no será dejado de lado frente a lo invisible. Outcast, con el puñado de personajes que presenta en sus primeros minutos promete también un oscuro entramado de vínculos, reacciones y secretos.

Por la primera secuencia de apertura

Como para que nadie piense que va a tener que esperar varios capítulos para ver algo intenso, los primeros minutos de este estreno deciden no guardarse nada. Sangre, sudor, lágrimas y (auto)antropofagia. Sin caer en el spoiler, alcanza con decir que la nueva adquisición del lado oscuro de la fuerza es un niño capaz de crispar los nervios del más incrédulo. Sin lugar a dudas, este pequeño logra arrancar a Kyle de un letargo al que por lo que parece (y esperamos) no va a poder volver por un largo rato.

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