Un cazador de hombres en la pantalla

Por Adriana Schettini
Por Adriana Schettini
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22 de marzo de 2000  

Nadie lo pone en duda: la inseguridad es uno de los graves problemas que padece la sociedad argentina. Lo saben los ciudadanos y lo aceptan las autoridades, que no en vano evalúan los diferentes métodos con los que se podría frenar la ola de delincuencia. Pero de allí al panorama que mostró "Memoria", el ciclo de Chiche Gelblung, en su emisión de anteayer, la diferencia es abismal. El espectáculo que ofreció entonces la pantalla de Azul fue francamente peligroso. Ni más ni menos que la presentación de un cazador de hombres como supuesto emergente de un estado de ánimo colectivo.

Gelblung y un grupo de mujeres debatían en el estudio mientras un móvil transmitía desde la casa de un matrimonio, en la localidad de Pacheco. "Roberto y María Eva, como se sienten desprotegidos, se armaron para matar a los delincuentes", se leía en la presentación de esa pareja de desaforados cuyos apellidos no se aclararon, pero que no tenían empacho en declarar que en caso de sufrir un intento de asalto dispararían directamente a la cabeza de los ladrones. Así, sin decir agua va, sin policía, ni juicio ni ley. Al tal Roberto y a la mujer se los veía atrincherados en su domicilio, mostrando en cámara un arsenal privado: armas de caza mayor, una enorme cantidad de balas y una disposición férrea a ejercer la justicia por mano propia.

"Fuera de nosotros y de los animales de la quinta, todo lo que camina es un cuerpo extraño", amenazó Roberto. "A los enemigos, ni justicia", vociferó dando muestras de un evidente rechazo a las normas básicas de la vida democrática. Alguna de las invitadas de "Memoria" pretendió hacerlo razonar sobre las nefastas consecuencias que padecería la Argentina si todos los ciudadanos emularan su conducta. "Estamos de acuerdo en que nos armemos todos -retrucó Roberto, inmune a cualquier intento de racionalidad-. La sociedad norteamericana está casi totalmente armada".

"Tengo muchos años de cazador", se enorgullecía el energúmeno dispuesto a la cacería humana. Admitió que nunca le habían robado y que ni siquiera había sufrido algún intento de hurto. Pero, por las dudas, se preparaba para hacer blanco en cualquier "cuerpo extraño" que merodeara su vivienda. "Piensen que 200.000 delincuentes mantienen en jaque a una sociedad de 33 millones, careta y estúpida", vociferó. "¿Qué ejemplo les está dando usted a los niños?Con ese criterio, los chicos tienen que ir armados a la escuela", intervino otra de las invitadas del ciclo. "Ese no es un problema mío. Yo no tengo chicos chicos", disparó el cazador.

* * *

Un incivilizado que opta por armarse y apostar a la justicia por mano propia es inquietante. Pero, en última instancia, se trata de un caso patológico. Más preocupante, en cambio, es la interpretación que el conductor de "Memoria" pretendió darle a la actitud de ese par de exaltados. "Roberto y María Eva representan una minoría silenciosa que si no tiene un arma debajo de la almohada, la tienen en la cabeza", conjeturó Gelblung. "Roberto y María Eva están expresando una sensación del inconsciente colectivo. A más de uno cuando lo asaltan le gustaría estar armado", dijo como si la Argentina contemporánea fuera el equivalente de la selva.

La realidad ofrece un panorama diferente: la mayoría de la gente vive sin armas y frente a la eventualidad de un asalto, sólo ambiciona que la institución policial la proteja y que los delincuentes sean juzgados por los tribunales. ¿Por qué se empeñará "Memoria" en presentar los hechos conforme a un espejo deformante que sólo contribuye a sembrar confusión e irracionalidad?

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