Un clásico con nueva luz

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13 de mayo de 2003  

"Romeo y Julieta", de William Shakespeare, en versión de Mauricio Kartun. Intérpretes: Laura Novoa, Pablo Rago, Ignacio Rodríguez Anca, Hernán Peña, Leandro Aita, Gastón Ricaud, Andrés D´Adamo, Virginia Lombardo, Leonardo Saggese, Roxana Rodríguez, Claudio Tolcachir, Dolores Ocampo, Maxi Ghione, Marcelo Iripino, Pablo Finamore. Entrenamiento de esgrima: Andrés D´Adamo. Coreografía de altura y entrenamiento acrobático: Mariana Paz. Coreografía y letra de canción: Marcelo Iripino. Música: Ernesto Jodos. Iluminación: Gonzalo Córdova. Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari. Dirección: Alicia Zanca. En el teatro Regio, Córdoba 6056. Duración: 120 minutos. Estreno: 10 de mayo.

Nuestra opinión: muy bueno

Así pasen mil años, "Romeo y Julieta" va a seguir siendo el paradigma del amor más puro y paradójicamente el más patético, literalmente hablando. La pureza está en el amor adolescente de esos dos jóvenes, que se sienten capaces de detener al mundo con el latir unísono de sus corazones. Patético, porque conmueve tanta inocencia que va, inexorablemente, camino a su destrucción, avasallada por el odio. La sangre joven se ve derramada por la intolerancia de aquellos que prefieren dejar por herencia el cumplimiento de una venganza, por causas que a lo mejor yacen en el olvido. En este siglo XXI, Romeo y Julieta son algo más que dos jóvenes inmolados por el antagonismo de dos familias, son los rostros de miles de jóvenes que han muerto en los campos de represión o en los de la guerra, donde los que manejan el poder dicen defender causas justas -políticas, religiosas o económicas-, que generalmente nunca se entienden.

¡Qué más se podría decir sobre esta obra que no se haya ya escrito! Sólo queda señalar que los valores del autor se extienden más allá del texto, y está en la capacidad del director encontrarlos para volcarlos en la puesta. Shakespeare ya ha demostrado que puede resistir cualquier versión que se haga en su nombre. Y en este caso particular se nota que hay un profundo y riguroso trabajo en equipo, porque la puesta ha mostrado una unidad estética y muy original.

Conjugación de esfuerzos

Desde el texto, Mauricio Kartun, sin alejarse de las palabras del autor, les da a los diálogos un soplo de naturalidad y cotidianidad.

En la puesta de Alicia Zanca se conjugan el espacio y la luz en un todo. No hay escenografía material. El preciso, y precioso, juego de luces recrea todos los ambientes que se necesitan para contar la historia.

Sólo bancos blancos de plástico se ubican en escena, manejados por el elenco sin perturbar la acción que se desarrolla simultáneamente, y algunos telones, que ilustran y visten algunas secuencias. La incorporación de algunos objetos precisos sirve para registrar el paso del tiempo y el cambio de ámbito.

La innovación en este caso está en el aporte acrobático, que resulta tan atractivo como sorpresivo. Con esta técnica se resuelve la imagen de la noche de bodas de los protagonistas, alcanzando un efecto sensual muy delicado y sugerente.

La música de Ernesto Jodos y el diseño de vestuario de Jorge Ferrari son los componentes que ubican a la tragedia más cerca de nuestro tiempo, pero apenas es una referencia que no impide que se integren al todo.

En el plano visual, el color es el gran protagonista. Actúa con efectos dramáticos, no sólo mediante los cambios en la iluminación, sino también por los valores que alcanza el blanco, el rojo y el negro de los trajes. Es la puntada final a la hechura estética.

Finalmente, la interpretación. No es desacertada la elección de un elenco juvenil para dar vida a todos los personajes, incluso los adultos. Con el texto remozado, la palabra en boca de los jóvenes adquiere frescura y espontaneidad, y pierde toda solemnidad y acartonamiento. A esto se suma la homogeneidad interpretativa del grupo, que se maneja con una solvente presencia escénica y buen caudal de voz, aunque sería justo señalar puntualmente los trabajos más que meritorios de Maxi Ghione, como Mercucio; Dolores Ocampo, como la ama, y Claudio Tolcachir, como París.

Mención aparte para los protagonistas. Laura Novoa, más allá de su físico ideal para el personaje, logra transmitir toda la inocencia y la pureza de Julieta; algo similar a lo que realiza Pablo Rago, mostrando a un Romeo sencillo, pero vehemente; apasionado, pero reflexivo. Muy buenos trabajos porque además asumieron el riesgo de incorporar las acrobacias a su actuación.

Es la misma historia, pero contada de manera diferente. Frente a ella, ya tan transitada en otras versiones, Alicia Zanca demuestra inteligencia y creatividad para resolver con pocos elementos, que no es poca cosa, una puesta que generalmente siempre se presenta recargada de elementos mostrando su artificiosidad. En este caso, la aparente simpleza acerca el texto al espectador con un lenguaje que se ajusta a los oídos modernos.

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