Un clásico shakespeariano en clave de clown

Juan Garff
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27 de febrero de 2015  

Qué sueñito que tengo esta noche de verano / Autor: William Shakespeare, en versión libre / Dirección: Germán Crivos / Intérpretes: Inés Aceto, Nahuel Aquino, Pilar Estévez, José Losada Lembo, Nicolás Marini, Mariana Morend y Eliana Polonara / Sala: C.C. Paco Urondo, 25 de Mayo 201 / Funciones: mañana, a las 17.

Nuestra opinión: buena.

S ueño de una noche de verano es probablemente la obra de Shakespeare más frecuentemente adaptada para público de todas las edades. Filtrado el contenido erótico que puede destilar el texto, se presta al juego humorístico, en particular en torno a un personaje clave como lo es Puck, el duende que comete en sus encantamientos errores que llevan a los enredos amorosos de la comedia. Es memorable, en este sentido, la versión ofrecida hace ya más de 25 años por el Grupo Libertablas con grandes muñecos en el Teatro Nacional Cervantes.

Pero es justamente la complejidad de esos enredos entre personajes de características similares lo que constituye también un escollo para una llegada clara a la comprensión del público infantil. Hernia y Helena, Demetrio y Lisandro, ataviados todos ellos como nobles atenienses, pueden marear a más de uno con los vaivenes de sus amores desencontrados y cruzados y vueltos a entrecruzar por los pases de Puck.

En este sentido, resulta un acierto la eliminación de personajes secundarios, la aligeración del texto y la incorporación de una narradora en la versión en clave de clown con puesta en escena de Germán Crivos que se presenta en el marco del V Festival Shakespeare de Buenos Aires. La presentación inicial y breves intervenciones posteriores de la narradora -graciosamente caracterizada como columna de templo ateniense y a la vez con reminiscencias del clásico coro griego- hilvanan la trama de forma clara.

Narices rojas y corazones -enteros y rotos, según las alternativas cambiantes- marcan sobre el vestuario blanco el sendero entre el amor y el humor que se abre en el bosque regido por Oberón y Titania, los reyes de duendes y hadas que dirimen sus entuertos de pareja con hechizos. Pero éstas ya son características propias de la obra original. La transposición a clave de clown propuesta en Qué sueñito que tengo esta noche de verano podría haber sido jugada más decididamente en el lenguaje del gag, como en particular llega a exponer por momentos el personaje de Lisandro, sin necesidad de recurrir a cierto aniñamiento de voces y actitudes.

El sencillo dispositivo escénico deja el campo libre para el juego de los actores en la despojada sala del recientemente reabierto Centro Cultural Paco Urondo, en las instalaciones céntricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. La acústica conspira un poco contra la buena llegada de los textos, pero sin afectar en demasía la comprensión del desarrollo de la trama para los pequeños espectadores, inteligentemente acomodados a ras del suelo frente mismo a los personajes de la historia.

Shakespeare llega, de este modo, en la versión del grupo YexspierClaun al público infantil como una alegre comedia del verano, como la historia de una noche complicada, narrada con la claridad de la luz del día, como la historia de corazones rotos que se componen con el humor de las narices rojas.

Por: Juan Garff

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