Un gran despertar de temporada

Espectáculo coreográfico. "La bella durmiente". Música de Tchaikovsky. Coreografía de Peter Wright según Marius Petipa. Escenografía y vestuario de Philip Prowse. Con Karina Olmedo, Alejandro Parente, Cecilia Mengelle, Alicia Quadri, solistas y cuerpo de baile del Ballet Estable. Director de la Orquesta Filarmónica: Javier Logioia Orbe. Director del Ballet Estable:MarioGalizzi. Teatro Colón. Nuestra opinión: Excelente .
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19 de marzo de 2000  

Superados los contratiempos que impidieron que la temporada comenzara el martes último, el Colón abrió sus puertas con ganas y el público lo llenó con más entusiasmo aún. Lamentablemente, a raíz de los conflictos que abarcaron todas la áreas del teatro, el ballet, que como es costumbre da comienzo al ciclo anual de la programación, perdió dos funciones. La del estreno, el jueves último, se desarrolló con una sala semivacía ya que el anuncio del levantamiento de las medidas de fuerza se conoció a último momento. Por lo tanto, pocos fueron los que se animaron ante la incertidumbre imperante. Pero anteanoche, con todo solucionado y advertidos los espectadores con debida anticipación, el teatro estaba a full.

El público ávido de este tipo de espectáculos dijo "presente" al lanzamiento de la temporada como una verdadera celebración. Mujeres elegantemente vestidas, varias de largo; hombres de smoking y moño de gala, muchos extranjeros (inglés, francés, portugués e italiano se escuchaban en los intervalos tanto como el castellano) y un aluvión de chicos conformaron una audiencia fervorosa. Presta para deleitarse con "La bella durmiente", famoso cuento de Charles Perrault que inspiró, en 1890, una obra maestra de la danza imperial.

Por medio de la coreografía de Marius Petipa y de la encantadora partitura que Tchaikovsky compuso especialmente para la ocasión, el relato feérico transporta a la audiencia con los trazos del estilo clásico más puro. Así, no sólo el argumento, de prólogo y tres actos, atrapa por su fantasía sino también la pieza hechiza por su virtuosismo y la enorme creatividad de las partes solistas y del cuerpo de baile.

Fastuosa puesta

La acción se inspira en el espíritu rutilante de Luis XIV, frecuente intérprete de la danza por lo que este arte provocaba en su corazón. Amaba expresarse bailando. Rector de modas, dio a su tiempo un sello indeleble que se convirtió en moda y que bastante copiaron otras cortes. No es casual que "Bella" se ubique en la época del rey Sol, aunque éste nada tenga que ver en el guión.

Por eso, esta producción del Birmingham Royal Ballet, de Inglaterra, tiene la magnificencia requerida tanto en los decorados como en el vestuario de un lujo, calidad de hechura y belleza de géneros como pocas veces se ha visto en ese teatro. Es una pena que éstas sean las últimas funciones con esta puesta, ya que caducan los derechos.

Karina Olmedo encarna a Aurora con la gracia y frescura que su personaje quinceañero indica. Es más, posee la solidez técnica para encarar los difíciles pasajes que Petipa imaginó para la protagonista. En la versión de Peter Wright, quien da vigor y luminosidad a la coreografía tradicional, nada es fácil. Ni para el personaje central femenino, que está permanentemente en el escenario, ni para el conjunto.

Virtuosismo como premisa

"La bella durmiente" es una obra que no admite errores. Cristalina en el vocabulario académico, nada puede esconderse tras la emotividad. Los pasos y variaciones de Aurora son de alto riesgo, pero su personalidad no trasunta otra cosa que no sea alegría y serenidad. Olmedo lo logra con creces. Desde el Adagio de la Rosa, donde realizó prodigiosos equilibrios en los giros en attitude derriére , en la variación del segundo acto, en la que con soltura y suavidad debe ejecutar intrincados fraseos, hasta el último, cuando junto a su pareja baila el deslumbrante y arquetípico pas de deux de su boda, su labor fue relevante.

Hay otros personajes fundamentales, de fuerte apoyo. Aunque el príncipe Florimond no tiene tanto para exhibir, lo que hizo Alejandro Parente en sus solos de la escena de la cacería valió por tres actos. Ha alcanzado alto nivel técnico y madurez artística. Se notan enormes cambios entre el año último y cómo se manifiesta ahora. Seguro, con tecnicismo solvente, ensoñador y apasionado, fue excelente partenaire y dio profundo carisma a su papel.

Fuera de serie estuvo Cecilia Mengelle como el Hada de las Lilas, que simboliza la generosidad y la espiritualidad. Tiene verdadera pasta de actriz. Es majestuosa en la traducción de un personaje aparentemente sin tanta garra. Mengelle lo impone aun con las dotes de bondad que lo caracterizan.

Una mala excelente

Su contrapartida, el hada Carabosse, es la excepcional Alicia Quadri. Aunque se supone que todas las hadas son bondadosas, ésta es una suerte de bruja. Presagia la muerte de Aurora cuando llegue a la adolescencia, ofendida por no haber sido invitada a la fiesta de bautismo de la primogénita de los reyes. Es maléfica, tenebrosa y no sabe de compasión. Quadri hace un prototipo de la pérfida mujer: es una bailarina cuyo talento puede absorber todas las facetas, en este caso, las demoníacas.

En el pas de deux Pájaro Azul, Adriana Alventosa estuvo radiante y con una técnica que dio vuelo, valga la redundancia, a sus rápidas e intrincadas variaciones, acompañada con ánimo por José María Varela. Superiores también fueron las actuaciones de Graciela Bertotti (Hada del Honor),Maricel de Mitri (Hada del Canto) y Silvina Vacarelli (la Gatita Blanca).

En diferentes participaciones solistas se destacaron Eugenia Padilla, Leonardo Reale y Dalmiro Astesiano. Con homogeneidad, entrega y calibrada técnica, el Ballet Estable comenzó la temporada trasluciendo su entusiasmo y enérgico training. "La bella durmiente" no suele ser una obra para iniciar las actividades, ya que su exigencia es máxima. La compañía actuó como si nunca hubiese descansado.

Una más

El Ballet Estable hará una última función de "La bella durmiente", el martes a las 20.30. Los protagonistas serán Gabriela Alberti y Alejandro Parente. Es la última oportunidad de apreciar esta excelente versión, del británico Peter Wright, y de admirar la magnificencia de la producción, del Ballet de Birmingham, que ahora regresa a su país, Inglaterra.

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