Un maravilloso caleidoscopio sonoro

Pablo Gianera
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21 de mayo de 2017  

Pléïades / Programa: Having Never Written a Note for Percussion, de James Tenney, y Pléïades, de Iannis Xenakis. Grupo de Percusión de La Haya integrado por Fedor Teunisse, José García Rodríguez, Ryoko Imai, Enrique Monfort, Juan Martínez Cortéz y Niels Meliefste. Dentro del Ciclo Colón Contemporáneo. En el Teatro Colón.,Pléïades / Nuestra opinión: muy bueno.

Las dos piezas, una de James Tenney y otra de Iannis Xenakis, que presentó Colón Contemporáneo no podrían ser más distintas en sus poéticas y en sus principios constructivos, pero comparten con todo una misma particularidad: la preocupación por lo matérico. La meta no es aquí solamente articular el sonido sino mostrarlo al desnudo, en su propia materialidad.

En Having Never Written a Not for Percussion -eslabón menor, aunque no por eso menos clave, del experimentalismo estadounidense- Tenney nos propone la breve historia de un crescendo y de un tremolo. En rigor de verdad, en eso consiste todo el score: una figura tremolada que va de cuádruple piano a cuádruple piano después de pasar por un cuádruple forte. Indicada con un ambiguo very long (muy largo), la duración es, por eso mismo, ad libitum. El Grupo de Percusión de La Haya multiplicó por seis el único tam tam de la partitura y agregó una dimensión espacial con la distribución en los palcos de cinco de los instrumentistas.

Stockhausen dijo en una ocasión que la dinámica era el parámetro más difícil de componer; tal vez sea también el más difícil de tocar, aunque no para los percusionistas de La Haya, cuyo control entregó como resultado la más colosal magnificación de un rumor. Antes que como diminuendo, el lugar al que la pieza va a morir se escuchó como una desagregación del crescendo.

En un texto de mediados de la década de 1970, Xenakis proponía una mirada retrospectiva sobre su situación en el panorama de la época: "Hay una categoría de personas que nunca ha escrito música serial y, por lo mismo, no pueden ser postseriales, porque se encuentran fuera; como yo, por ejemplo, y otros que, como yo, recorren el mismo camino y se sirven de métodos de composición que operan con todo el material sonoro, con masas sonoras". La consideración vale especialmente para Pléïades, obra en gran escala para seis percusionistas escrita justamente entre 1978 y 1979. Cada uno de los cuatro movimientos ("Mezclas", "Metales", "Teclados", "Pieles") alude a la materialidad del arsenal de percusión implicado, entre ellos el sixxen, invención del propios Xenakis, semejante al vibráfono pero de afinación microtonal.

El efecto general de Pléïades no es masivo. Por el contrario, el compositor dosifica el timbre y los matices. Hay mesetas dinámicas, pero también pasajes de puntillismo nítido, y, del mismo modo, el pulso periódico se releva con la aperiodicidad. Los seis percusionistas se relacionan entre sí como los reflejos en un espejo deformante: con coincidencias nota por nota y lejanías contrastantes.

Los percusionistas de La Haya dejaron una versión inolvidable de este maravilloso calidoscopio sonoro.

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