Un samurái del ritmo

El baterista Sabu Toyozumi, leyenda del free jazz japonés, está en Buenos Aires para dar seminarios y shows
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29 de noviembre de 2013  

Leyenda del free jazz japonés y uno de los bateristas más innovadores del género Sabu Toyozumi está en Buenos Aires para realizar seminarios y shows de improvisación con músicos locales. A los setenta años, habiendo sido el tsunami rítmico detrás de Kaoru Abe y Masayuki Takayanagi, los mayores íconos del free japonés, Sabu aún recorre el mundo para interactuar con músicos y hablar de su peculiar estilo, inspirado en la naturaleza y la filosofía del maestro del shakuhachi (flauta de bambú) Watazumi Doso.

"Watazumi odiaba la música como entretenimiento -sentencia el veterano percusionista. Él tocaba shakuhachi en otro nivel, como una herramienta de superación. Se trataba de una preparación más física que musical; el cuerpo era lo más importante, había que ser fuerte de los pulmones para tener fuerza en las manos."

La vida de Sabu, como la de muchos, cambió tras escuchar el seminal Ghosts de Albert Ayler. Corrían los años sesenta y se pasaba horas en los tradicionales Jazz Café de Tokio, escuchando las últimas novedades discográficas de los Estados Unidos. Un disco de Milford Graves lo persuadió sobre las posibilidades infinitas de la batería. En 1969 conoció al saxofonista Kaoru Abe y el guitarrista Masayuki "Yoyo" Takayanagi, y un nuevo capítulo para la música se abrió en Japón.

"Nos seguían estudiantes universitarios y artistas visuales, bailarines, fotógrafos, actores. Para el resto, éramos unos excéntricos -recuerda. Antes de nuestro primer concierto, Yoyo me mostró una partitura gráfica y me pidió que tocara fortissimo sin emplear dos veces la misma frase. Así surgió su obra Mass Projection ."

Grabada en vivo un año después, junto al saxofonista Kaoru Abe, la abrasiva e incendiaria Mass Projection tuvo un impacto inmediato en las improvisaciones furiosas de europeos como Peter Brötzmann, Evan Parker y Derek Bailey. Buena parte del shock se debía al alto de Abe, cuya turbulenta vida (murió de sobredosis en 1978) se reflejaba en su música.

"Kaoru me decía: [Eric] Dolphy es mi enemigo. Es necesario remarcar la independencia estética que él y Yoyo manifestaron desde un comienzo -Sabu reflexiona. No les importaba nada lo que sucedía en los Estados Unidos. Ellos buscaban un carácter cercano a la muerte en su compromiso de fuerza y originalidad. Tocaban al extremo y no les importaba el mañana."

Usted ha tocado con todos los improvisadores de renombre, desde afroamericanos como Joseph Jarman hasta europeos como Evan Parker. ¿En qué se distingue el free jazz japonés?

En los afroamericanos todavía se siente el espíritu profundo del blues. Los ingleses siempre buscaron su propio lenguaje, más intelectual, pero manteniéndose, en mi opinión, dentro de la escala temperada. En mi caso, provengo de una cultura que no tiene ese condicionamiento. No nos manejamos estrictamente por el tono.

Ese espíritu caótico sobrevive en el rock noise japonés, al cual usted también contribuyó. ¿Cómo es tocar junto al guitarrista Keiji Haino o el grupo Hijokaidan?

Tocar con Haino no fue nada especial; me pongo en estilo rock. Con Hijokaidan fue tocar en el mismo lenguaje, absolutamente natural. Japón es un país con todos los males del mundo moderno, polución, energía atómica, edificios gigantes, mucha gente, muchos transportes. Pero todavía llevamos el harakiri en la sangre.ß Jorge Luis Fernández

  • Para agendar

    Sabu Toyozumi

    Hoy, a las 22, en Centro Cultural Mondongo, Calle 58 al 1022 (La Plata).

    Mañana, a las 21, en El Archibrazo, Mario Bravo 441.
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