Un triunfo gestado paso a paso

Fernando López
(0)
28 de marzo de 2000  

Cualquiera hubiera dicho que era una película destinada más a entusiasmar a la crítica que a interesar al público; una de ésas que ganan festivales, son tema de discusión en las revistas para cinéfilos y otorgan tanto prestigio intelectual a sus realizadores como escasa renta a sus productores.

Pero "Belleza americana" anduvo desde el principio contradiciendo ese destino: sin ser un boom, logró alcanzar cifras bastante significativas de recaudación (más de 100 millones de dólares) en la mitad de las pantallas que suele ocupar cualquier gran producto comercial de Hollywood. Y cuando llegó la hora del Oscar, siguió desprendiéndose de la tradición: por un lado, logró permanecer fresca en la memoria de los votantes a pesar de haber sido estrenada en septiembre; por otro, consiguió el mayor número de candidaturas -ocho- aunque tampoco parecían ser bocados muy apetecibles para el paladar siempre conservador de la Academia, ni su negra pintura de la realidad ni su inusual tono humorístico, mezcla de cinismo, sarcasmo y amargura.

* * *

Nada parecía estar más lejos del formato épico-melodramático que la Academia suele favorecer y que tuvo reiterada representación en los últimos años (de "Titanic" a "El paciente inglés" y de "La lista de Schindler" a "Corazón valiente") que este incisivo examen de la desazón, risueño, pero desolador. Aunque tampoco hay que olvidar que esporádicamente la institución se da por enterada de que hay un mundo colmado de problemas más allá de las fronteras del entretenimiento y abre sus puertas para reconocerlo: "Perdidos en la noche" y "Atrapado sin salida", por ejemplo, también tuvieron su Oscar.

La cuestión es que "Belleza americana" se llevó cuatro de los cinco premios principales, y si la fiesta no fue completa para DreamWorks, la empresa de Steven Spielberg que con este reconocimiento consolidó su ubicación entre las majors, fue porque la casi debutante Hillary Swank, con su esforzada y notable transformación en "Los muchachos no lloran", desplazó a Annette Bening del podio reservado a la mejor actriz. Más allá del indudable mérito de la joven estrella recién llegada de las aventuras adolescentes de "Beverly Hills 90210", es probable que el personaje y su intérprete hayan vuelto a confundirse un poco en el corazón de los votantes. Suele suceder, y ahí está fresco el ejemplo de Michael Caine, cuyo compasivo doctor Larch le dio su segundo Oscar al actor de reparto por encima del admirable trabajo de Jude Law en "El talentoso señor Ripley".

* * *

Que "Belleza americana" se haya llevado los principales premios no autoriza a imaginar una Academia desde ahora más dispuesta a aceptar las innovaciones, aplaudir la osadía y asumir riesgos. Baste recordar que algunos de los films más originales y temerarios del año ("¿Quieres ser John Malkovich?", "Magnolia", "La elección") apenas si recibieron el reconocimiento de alguna candidatura menor, y no pasaron de ahí. (Ni siquiera la popularidad de Tom Cruise alcanzó para que avanzara más allá de la nominación como mejor actor de reparto por el film de Paul T. Anderson.)

Pero sí puede prestarse atención a ciertos indicios de apertura, o a ciertas muestras de independencia. Importó poco, por ejemplo, que "Los muchachos no lloran" hubiera estado lejos de ser un éxito de público, y menos aún que retratara con franqueza una historia real tan espinosa como la de Teena Brandon, la chica cuya voluntad de vivir como varón culminó en tragedia. Y en pleno debate nacional sobre el aborto, tampoco dudó la Academia en premiar a John Irving por la adaptación de su novela "Las reglas de la vida", quizás un poco olvidada del controvertido tema que el film aborda (lo mismo que el del incesto) gracias a que la campaña publicitaria del estudio Miramax omitió toda referencia al asunto y puso el acento en los costados más sentimentales de la vida en un orfanato.

* * *

Dicen algunos observadores que esa publicidad machacante fue la que terminó por volverse en contra de "Las reglas de la vida". Mientras DreamWorks dirigió sus principales esfuerzos a poner al alcance de los votantes las proyecciones de "Belleza americana", Miramax los bombardeó tratando de convencerlos de que su película era "la mejor". Es cierto que logró convertir al film de Lasse Hallström en el principal adversario del que finalmente resultó ganador, pero hacía tiempo que "Belleza americana" venía ganando terreno impulsado por un "boca a boca" que suele desconocer las maniobras del marketing.

De modo que la fiesta transcurrió, otra vez, sin grandes sorpresas. "Matrix" arrasó con los premios técnicos, Almodóvar tuvo por fin el hombrecito dorado que le habían arrebatado injustamente en la época de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" y Angelina Jolie sació con creces el ansia de histrionismo desatado que suele padecer Hollywood. Fue excesivo el castigo para "El informante" (nadie esperaba mucho para las otras dos candidatas a mejor película), pero las contiendas son así: alguien tiene que perder.

Queda el interrogante sobre los motivos profundos del triunfo de "Belleza americana". Puede sospecharse que su lento y sostenido crecimiento se basó en el efecto perturbador del cuadro que expone. Muchos -allá y acá- quisieron tomar distancia de la imagen penosa que entrega el film confinándolo a "la disfuncionalidad de una familia de clase media suburbana". Pero tal vez vieron algo más. Vieron -como apuntó lúcidamente el premiado fotógrafo Conrad Hall- que "todos somos parte de una maravillosa familia disfuncional llamada raza humana".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.