Un viaje de Kate Winslet por Oriente

"El viaje de Julia" ("Hideous Kinky", Gran Bretaña, Francia/1998). Presentada por Primer Plano. Dirección: Gillies MacKinnon. Con Kate Winslet, Said Taghmaoui, Bella Rizza, Pierre Clementi y Carrie Mullan. Guión: Gilly MacKinnon, basado sobre la novela de Esther Freud. Fotografía: John de Borman. Música: John Keane. Edición: Pia Di Ciaula. Producción: Ann Scott. Duración: 99 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años. Nuestra opinión: Buena
Fernando López
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26 de octubre de 2000  

Estamos en 1972, la música que se oye es la de Jefferson Airplane, America o Richie Havens y las dos rubiecitas que corretean por las estrechas callecitas de Marrakesh no son las únicas europeas trasplantadas de cultura en nombre de la inquietud espiritualista que tienen sus padres hippies.

A Bea y Lucy puede divertirles circular entre artistas callejeros, encantadores de serpientes, camellos y mercaderes y también entre ensimismados guitarristas de pelo largo y ropas coloridas, pero en el fondo las dos hermanitas -sobre todo la primera de ellas, que es la mayor- sólo aspiran a una vida normal, a ir a la escuela y comer, de vez en cuando, un budín de arroz.

Por ahora deben conformarse con el incómodo vagabundeo a que las ha sometido la inquietud materna; por lo menos hasta que Julia, que no quiere saber nada de la humedad y la tristeza de Londres (y mucho menos del padre de sus hijas, al que abandonó después de descubrirlo en brazos de otra mujer), encuentre la paz interior y el camino cierto a la verdad, que se supone le será señalado por un maestro que medita en Argelia.

Sin dinero y con amor

Como la subsistencia no es fácil porque los cheques del papá se demoran demasiado (o no llegan nunca) y las artesanías se pagan poco, resulta providencial la aparición del simpático Bilal, saltimbanqui y buscavidas nativo que les brindará algo de esporádico amparo y abrirá también un sesgo romántico para la historia.

Hay un quinto personaje, que termina siendo esencial a medida que el tartamudeo narrativo de Gillies MacKinnon se aproxima a la incoherencia: es el ambiente de Marruecos, que John de Borman fotografía con tanta cautivante sensibilidad pictórica como para eludir el fácil pintoresquismo de las imágenes turísticas.

La variedad de escenarios -una profusión de cerámicas, alfombras, bronces, fuentes, jardines, mercados, mansiones y callejuelas- así como la del paisaje -los viajeros andan por el desierto, por los caminos y las aldeas del interior, por las arenas de Agadir- definen la identidad visual del film y le proporcionan la sugestión y el interés que no siempre logra infundirle una narración impresionista, hecha de retazos episódicos que se suceden bruscamente y que por momentos derivan en una narración bastante inconexa.

Una actriz muy sólida

El otro factor que contribuye a amalgamar el relato y dotarlo de cierta unidad es el sólido trabajo de Kate Winslet.

Ella no solamente vuelca sinceridad en el personaje de la madre joven que anda en busca de certezas en el sitio equivocado, sino que también establece una singular química con el visceral Said Taghmaoui (Bilal), a quien ya se había visto en "El odio", de Mathieu Kassovitz.

Una curiosidad: por una vez, el título en castellano se ajusta más al contenido del film que el título original.

En efecto, "Hideous Kinky" reproduce una especie de juego verbal que utilizan las dos chicas, pero dice poco y nada respecto de este viaje un poco errático, bastante forzoso y a veces rebuscadamente novelesco que -según parece- la autora de la novela original, hija del pintor Lucien Freud, padeció en carne propia cuando era una nena.

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