Una ceremonia sin demasiados momentos para recordar

Natalia Trzenko
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24 de febrero de 2015  

Unas horas antes de comenzar la 87a ceremonia de los premios Oscar su conductor, Neil Patrick Harris, sentado en uno de los más de 3000 asientos del Dolby Theater, contaba que los productores le habían dado una tarea para el hogar: ver los DVD de las últimas quince fiestas de la Academia para estudiar a los anfitriones que lo precedieron. Y tal vez fue ese ejercicio el que impidió que el actor y mago aficionado lograra anteanoche la alquimia que ya había conseguido cuando estuvo al frente de la conducción de los premios Tony en cuatro oportunidades y los Emmy. O tal vez, como dijo Common, el rapero, -actor y compositor de la canción ganadora "Glory"-, los Oscar son la cima de la montaña del mundo del entretenimiento hollywoodense y esa altura, parece, no sólo inhibe hasta al más experimentado, sino que pone en evidencia los tropiezos. Y anteanoche hubo bastantes. Quizá muchos más que los aciertos o los momentos memorables de esos que construyen la dorada historia de los Oscar.

Un conductor en paños menores. Luego de una apertura musical en la que Harris demostró su talento para la canción y el humor, sus intervenciones fueron de mal en peor con un par de chistes sin gracia y algún comentario desubicado (se mofó del vestido de una de las ganadores al mejor corto documental que había dedicado el premio a su hijo, víctima del suicidio). Sin embargo, todo mejoró bastante cuando, al regreso de un corte comercial, el conductor emuló a una de las escenas clave de Birdman en la que su protagonista, Michael Keaton, debe circular por Times Square en calzoncillos. Y así se presentó Harris frente a la platea y los millones que seguían la ceremonia, extrañando a Ellen De Generes, desde sus casas.

Patricia Arquette para presidenta. Saber casi con certeza desde hace tiempo que su nombre sería leído cuando se abriera el sobre de la categoría de mejor actriz de reparto le dio la oportunidad a la brillante Patricia Arquette de preparar un discurso que se destacó como uno de los mejores de la noche. "Para todas las mujeres que dieron a luz, para todos los que pagan impuestos y son ciudadanos de este país, sepan que luchamos por los derechos civiles de todos, pero llegó nuestra hora. Es el momento de que las mujeres tengamos igual pago y derechos en los Estados Unidos", arengó Arquette mientras en la platea en primera fila Meryl Streep, nominada en el mismo rubro, festejaba sus palabras con gritos, aplausos y sumando el apoyo de su vecina de asiento, Jennifer Lopez.

Camino a la gloria. Algunas de las más punzantes críticas a la ceremonia de anteanoche subrayaban el exagerado tiempo dedicado a los números musicales, que quitaron tiempo a las imágenes de las películas. Sin embargo, sin su número musical del film Selma, probablemente los Oscar hubieran perdido el momento más emocionante de un festejo poco vibrante. Es que luego de ser excluido de las categorías principales, el film dedicado a la lucha por los derechos civiles encabezada por Martin Luther King era el favorito para ganar la estatuilla a la mejor canción, una predicción que se cumplió y resultó más que justificada luego de la interpretación que hicieron de ella sus compositores, John Legend y Common. Un pasaje conmovedor que se ganó la primera ovación de pie de la noche y dejó a muchos de los presentes, como David Oyelowo (protagonista del film) y Chris Pine, visiblemente conmovidos.

El humor según Sean Penn. Elegido para entregar el principal galardón de la noche, el premio a mejor película, Sean Penn parecía el candidato ideal para la tarea. Después de todo, para esa altura era casi una certeza que la gran ganadora sería Birdman, de Alejandro González Iñárritu, con quien el actor había trabajado en 21 gramos. Sin embargo, Penn desconcertó a todos con una muestra de su particular humor cuando no sólo hizo una larga e innecesaria pausa al abrir el sobre, sino que, además, le jugó una broma a su amigo mexicano. "¿Quién le dio el permiso de trabajo a este hijo de puta?", gritó para anunciar que sí, finalmente, Birdman era la mejor película del año según la Academia. Las acusaciones de xenofobia y discriminación no se hicieron esperar. Incluso cuando el propio Iñárritu declaró que le había parecido muy graciosa la salida de su buen amigo Sean.

Lady Gaga, la novicia rebelde. Este año se cumplen cincuenta años del estreno de La novicia rebelde y la Academia decidió que no sólo era justo homenajearla, sino que para hacerlo convocó a Lady Gaga. Si la combinación del clásico musical ganador de cinco Oscar en 1966 y la excéntrica cantante sonaba algo rara en teoría, en la práctica resultó uno de los momentos favoritos del público. Y de una invitada especial. Es que apenas terminado el popurrí de las canciones del film que interpretó Gaga, apareció la legendaria Julie Andrews para agradecerle la interpretación y de paso rememorar aquella "bendita experiencia".

Las manos de Travolta. Pasó un año y pocos se acuerdan de quiénes fueron los ganadores de la ceremonia de los Oscar de 2014, pero pocos olvidaron el papelón de John Travolta, que cuando tuvo que presentar a la conocida cantante de Broadway Idina Menzel la anunció como Adele Dazeem. Para celebrar el aniversario de la metida de pata del actor, anteanoche Menzel y Travolta compartieron escenario y bromas. Aunque lejos de desterrar los chistes sobre su peculiar comportamiento, el actor los avivó al acariciar insistentemente la cara de la cantante durante el tiempo que estuvieron en el aire.

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