Una gran fusión de recursos

Juan Garff
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29 de julio de 2015  

La comedia de los herrores / Autor y director: Emiliano Dionisi / Intérpretes: Mariano Mazzei, María Rosa Frega, Santiago Culacciati, Julia Gárriz, Hilario Vidal, Horacio San Yar y Juan José Baroceli / Música: Gustavo García Mendy / Vestuario y escenografía: Marisol Castañeda / Dirección de video: Javier Pistani / Teatro: La Comedia, Rodríguez Peña 1062 / Funciones: todos los días de vacaciones de invierno, a las 15 / Nuestra opinión: muy buena.

¡Acción! El cierre de la claqueta marca sobre el escenario el inicio no sólo de una filmación (ficticia), sino de un crescendo de acciones teatrales que conforman una comedia de gran eficacia dramatúrgica. Ya antes, desde el mismo ingreso a la sala, se genera un clima envolvente de humor, con tramoyistas acomodando gente y objetos escenográficos, registrando el off en la platea con cámaras fotográficas que emulan el antiguo flash de magnesio.

La comedia de los herrores abreva de distintas fuentes para fusionarlas en una sucesión de gags sobre un relato que mantiene una sorprendente coherencia en medio del vértigo de cambios que plantea tanto la trama como su realización escénica. Ahí está la base argumental de La comedia de las equivocaciones, de Shakespeare, inspirada a su vez en una obra de Plauto, como para poner en evidencia que también en la reescritura puede estar puesta la creatividad.

Antífolo de Siracusa y Antífolo de Éfeso, dos hermanos gemelos separados poco después de nacer, viven en ciudades rivales. El viaje de uno de ellos los coloca en inmediata vecindad, sin llegar a cruzarse personalmente. Igual sus respectivos sirvientes, llamados ambos Dromio. Pero sí se encuentran -y confunden- criado y amo de ciudades cruzadas (y todo el entorno del local con los visitantes). A pesar de su parecido son caracteres diferentes y con ello se acentúan los equívocos.

Un mismo actor (Mariano Mazzei) interpreta a los dos Antífolo, al igual que otro (Santiago Culacciati) se hace cargo de los dos Dromio. El ritmo de vodevil, con entradas y salidas en rápida sucesión, se duplica con la puesta en escena de una pantalla tajeada, que permite a los actores entrar y salir -en perfecta sincronía- de imágenes filmadas sobre la misma trama. O bien interactuar desde la escena con lo proyectado.

Emilio Dionisi, al frente de la premiada producción de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires que llega esta temporada de La Plata a Buenos Aires, exhibe una singular habilidad en sumar recursos sin hacer de la complejidad un desarrollo trabado. Todo lo contrario, resaltan la agilidad escénica, mueven a risa con la facilidad de lo bien ensayado, hacen discurrir fluidamente la trama sin ocultar, pero a la vez sin poner en primer plano el artificio.

El truco de la pantalla había sido utilizado casi veinte años atrás por Hugo Midón en su memorable Stan y Oliver, con Omar Calicchio y Gustavo Monje. Nueva reescritura y homenaje, por partida doble, ya que Dionisi instala la historia de los gemelos en época y estética de los grandes del cine mudo. Shakespeare y Midón, teatro con reminiscencias de comedia del arte y cine chaplinesco, cortes brechtianos y gags casi clownescos... No se trata una mera adición, sino de la fusión de ingredientes para una obra original de aceitada factura.

Por: Juan Garff

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