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Una historia con excesos

Daniel Amiano
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31 de marzo de 2000  

La revista inglesa Q es una de las más interesantes publicaciones dedicada al rock. Con una estética rockera muy definida, opiniones respetables y producciones generalmente serias y responsables, es una de las más seguidas por especialistas y amantes de la música pop de nuestro tiempo.

En su último número, por ejemplo, se dedicó a recopilar cien extravagancias protagonizadas por las luminarias del pop y del rock, desde las cuales no sólo se adivinan los caprichos o los egos desmedidos de los personajes citados, sino que se confirma, definitivamente, una inocultable tendencia exhibicionista, como cuando Michael Jackson hizo construir una imagen gigante de sí mismo para hacerla navegar por el Támesis, para promocionar "HIStory". Pero no sólo se trata de retratar demasiados egos. Algunos creían en la energía del cosmos o en las fuerzas sobrenaturales, como los Grateful Dead, que, convencidos de que las vibraciones que irradian las Pirámides egipcias podrían ayudar a hallar una solución para el eterno conflicto árabe-israelí, realizaron allí un concierto de grandes dimensiones. Semejante pretensión merecía mejor suerte, ¿no?

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El rock es una fábrica constante de excesos. De lo que sea. Excesos de consumo, excesos de hedonismo, excesos de pretensiones, excesos en declaraciones... Cada cual, es cierto, atiende su juego, y parte de él parecen ser las exageraciones, que a la postre resulta una buena herramienta de promoción. Los texanos ZZ Top, llamativo trío rockero caracterizados por sus largas barbas y excéntricos diseños de sus instrumentos, llevaban en sus giras serpientes y búfalos, con lo cual, también, llevaban su tierra de origen a la gente.

También se recoge otro tipo de anécdotas que, si bien hoy resultan simpáticas o evidentes, en su momento mostraban el riesgo que representaba el rock para la sociedad, como cuando la reina Isabel declaró que "los Beatles se están poniendo horriblemente divertidos", en referencia a "Magical Mystery Tour", uno de los trabajos más duramente atacados por la crítica en la historia de los Fabulosos Cuatro.

También Eric Clapton tuvo su momento de excentricidad material, cuando en una gira realizada con la banda Blind Faith por California, con quienes compartían el bus, decidió sumar una de sus caprichosas adquisiciones para que los acompañe: un tótem indígena de 7,5 metros de alto, que viajó acostado en el pasillo.

Nada del otro mundo, sobre todo porque los cronistas de Q no cuentan en su listado con el salto ornamental de Charly García en Mendoza.

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