Una noche con Riff

Al frente de su banda familiar, el bajista recrea Ruedas de metal, el disco de 1981 que anticipó el desembarco del heavy metal en el país
Sebastián Espósito
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29 de noviembre de 2013  

Tocar Riff rejuvenece. Ese hombre de campera de cuero, anteojos Ray-Ban y sonrisa ronca acaba de cumplir 65 años y ni se plantea bajarse de los escenarios. Al contrario: mañana volverá a subirse a uno de la mano de su banda familiar, Viticus, aquella que fundó una década atrás con su hijo Nicolás y su sobrino Sebastián y en la que hoy ya empieza a sumarse como invitado la tercera generación Bereciartúa: Felipe (de 15 años), guitarrista, tecladista y nieto de Víctor, Vitico para la mayoría o, simplemente, El Canciller, como lo bautizó su gran amigo Norberto Pappo Napolitano.

En The Roxy Live, mañana y el viernes 13 de diciembre, el bajista y cantante recreará Ruedas de metal , el álbum de Riff de 1981 que no sólo fue el primero del grupo de Pappo, Vitico, Boff y Peyronel, sino el que abrió las puertas para que el heavy metal desembarcara en el país, Tras él, Luchando por el metal , de V8, inauguró definitivamente el heavy argentino. "Fue idea de los chicos. A mí me pareció bárbara; me saca muchos años de encima", comenta Vitico Bereciartúa.

Los chicos a los que se refiere el bajista son su hijo Nicolás y su sobrino Sebastián, primera y segunda guitarra de Viticus y fanáticos empedernidos del repertorio de Riff. Ellos tuvieron la idea de repasar íntegro Ruedas de metal, en el mismo orden del disco y con la intención de actualizar el brillo de esas canciones que debieron soportar una grabación rápida y precaria.

–¿Qué te llevó a aceptar la idea de Nicolás y Sebastián?

–Dije que sí enseguida y después me puse a pensar que era una buena idea hacerlo, porque más allá de que hay gente nostalgiosa, hay otra que, por una cuestión de edad, no llegó a ver a Riff en vivo. Sinceramente creo que Viticus es la única banda que puede hacerlo y salir muy bien parada.

–Nunca tuviste problemas con el repertorio de Riff, al contrario, en los shows de Viticus siempre hay lugar para algunos temas.

–Tal cual, lo que pasa últimamente con Viticus es que hacemos menos temas de Riff porque tenemos mucho material propio (cuatro CD: Viticus, Súper, Viticus III y Rock local), pero yo lo llevo en mi corazón y los chicos crecieron con eso. En el último año de Riff, Nicolás fue segunda guitarra y es el único que se acuerda de todos los temas; ahora y en ese momento también. Con Pappo y Michel siempre le preguntábamos cómo terminaba cada tema.

–Bien de fanático.

–¿Él? ¡Sí! Nosotros de gagás...

–Viticus empezó como algo chico, con la intención de rockear en familia y ya tienen cuatro álbumes de estudio y un público muy fiel.

–Es cierto, pero también fue así cuando empezamos a tocar con el Carpo. Hicimos dos, tres shows de Pappo’s Blues un fin de semana y ahí nos dimos cuenta de que eso no iba más. Y lo que parecía una joda terminó siendo una refundación del rock. Porque al rock argentino lo fundó Javier Martínez (Manal) y después se fue diluyendo en músicas probablemente muy buenas, pero muy suaves, que no expresaban para nada lo que Pappo y yo sentíamos. Él venía de Estados Unidos, yo de Inglaterra, y al encontrarnos nos propusimos cambiar las cosas. Nunca imaginamos que el cambio iba a ser tan grande.

–¿Te acordás cómo se conocieron con Pappo?

–¡Por supuesto! En un boliche, un sótano, que se llamaba Frisco. Fue mucho antes de que fundáramos Riff. Me acuerdo que cantaba Adriana Varela y, de entrada, cada uno estaba con su chica, pero después nos divertimos mucho más entre nosotros. Eso persistió hasta el día que dejó de estar acá, porque teníamos un tipo de humor muy parecido y nos la pasábamos haciendo bromas. También tuvimos grandes peleas. Todo era muy exagerado entre nosotros.

–El público, el vestuario, la música, todo era nuevo alrededor de Riff y no tenía nada que ver con lo que en ese momento llamaban rock.

–No teníamos nada que ver con los que iban a ver a Porsuigieco. El rock acá estaba muy atrasado y a cualquiera con pelo largo y guitarra eléctrica lo definían como rock, aunque saliera tocando una chacarera. Cuando salimos nosotros tuvieron que fundar la revista Metal, para ponernos en algo que fuera aún más pesado que lo que habían catalogado de rock. Pero Riff siempre fue una banda de rock como hoy es Viticus.

–Qué recordás de la grabación de Ruedas de metal?

–¡Todo! Lo grabamos en un estudio muy precario porque nadie quería grabar a Riff. El Curro Giménez, de Tonodisc, fue el que se animó. El sello era muy ecléctico, como que sus tres grandes artistas eran Clayderman, Riff y Los Parchís. En el estudio ni siquiera veías al técnico, pero no porque fuera moderno sino porque estaba en otro piso; lo veíamos por una camarita.

–Uno de los grandes negocios del rock son las reuniones. ¿Te plantearon volver con Riff?

–Por las redes sociales siempre dicen que soy yo el que no quiere juntarse con los demás y no es así. Yo quiero que nos juntemos, pero cuando vuelva Pappo...

Vitico disfruta tanto de tocar con los suyos como de sus años dorados con El Carpo. "La gloria ya fue con Riff, sigo porque me gusta mucho lo que hago", concluye El Canciller, mientras se acomoda su campera de mil batallas.

  • Viticus

    Ruedas de metal, de Riff

    The Roxy Live, N. Vega 5542

    Mañana, a las 20

    Entrada, 100 pesos

    Nueva función, 13 de diciembre
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