Una Paloma viajera

La bailarina hace un recorrido por el mundo a través de sus afectos
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18 de diciembre de 2009  

De paso por Buenos Aires, entre un viaje y otro, Paloma Herrera, sentada en Bella Italia Café, uno de sus rincones preferidos de Buenos Aires, cerca de su casa, en Palermo, toma un té de hierbas y se relaja, antes de subir de vuelta a un avión para viajar a Estados Unidos. Allí presenció una entrega de premios del Kennedy Center Honors en la Casa Blanca.

"Amo viajar. El cariño de la gente, la cultura, la calidez del público, son las cosas que más me atraen de un país, y es lo mejor que me llevo de mis viajes", dice con su voz suave, más actitud elegante y educada.

"Mi carrera me permitió visitar y conocer numerosos países y diferentes culturas, que percibí desde el punto de vista de los espectadores, del teatro, del trabajo, que es otra forma para comprender un lugar. Quizá de esa forma uno no conoce las cosas tan típicas, pero es un punto de vista que te lleva más adentro, más al corazón de la gente", dice y sonríe con dulzura.

Herrera vive en Nueva York, frente al Lincoln Center, y está aquerenciada en el mismo barrio desde hace 18 años. "Fui a Nueva York a los 15 años. Al principio vivía con unos amigos de mi familia, los Salvati, que son mi familia postiza, y les estaré eternamente agradecida por el afecto que me dieron y me siguen dando. Al principio, cuando fui a vivir sola, fue duro, pero después tomé conciencia de la ciudad y ahora la amo. Nueva York es pura energía; nunca la dejaría, ahora la considero mi ciudad. El cariño que recibo allí es extraordinario. Desde la gente de Fiorello, restaurante que está abajo de casa, donde voy siempre después del teatro, que me cuida con toda atención, hasta el público que me acompaña, cálido y generoso, en Nueva York no me siento nunca abandonada", cuenta con ternura.

"Viajo mucho por trabajo con la compañía, que ya considero como una familia por lo que compartimos en los últimos 18 años", revela cariñosamente Herrera, que, en cambio, cuando viaja sola aprovecha para juntarse con su novio o sus padres.

El público es el elemento fundamental para que se sienta cómoda en un país. "Hay destinos a los que viajo y donde me siento como en casa, y otros, muchas veces lindísimos, como por ejemplo París, que no me gustan. Eso depende mucho de la calidez de la gente", dice. "Mi país preferido es Japón. Lo visité por primera vez a los 15 años, con la compañía del ballet, y ya volví unas 13 veces. Los japoneses son personas especiales, muy distintos de nosotros, pero un público increíble, participativo, cálido, generoso", revela entusiasmada la bailarina.

"Me pasa lo mismo en Italia, donde la cultura y la gente son muy cálidas. Allí siento el mismo cariño que cuando estoy en la Argentina. Estuve tres semanas en Milán, sola, y siempre estuve cómoda. El público es muy efusivo", agrega Herrera, que también viajó a Venecia, Trieste, Roma, donde caminó por todos lados, favorecida por sus piernas infalibles y rápidas. "Amo recorrer y descubrir las ciudades caminando. Es una linda forma de sentirse parte de ellas. En Italia me pasa eso, nunca me sentí perdida", asegura.

Como en casa

Después de Singapur, Australia y otros países, Cuba y Grecia son dos donde la bailarina admite haber encontrado un calor especial. "Estuve en el Festival de Cuba en 1995 y fue una experiencia inolvidable. Bailé con José Carreño, que la gente de Cuba adora. Volvería a Cuba sólo por el público, que fue sensacional. Lo mismo vale para Grecia", expresa y recuerda con emoción cuando bailó en la Acrópolis acompañada por el entusiasmo y el brío del público griego.

Si de muchos viajes se ha llevado el cariño y la calidez de la gente, en otros quizá no percibió estos importantes valores humanos. "China no me gustó mucho. Nunca había bailado en un teatro tan grande como el de Pekín. Parecía una nave espacial que te iba a tragar en algún momento. Las personas, allí adentro, parecían puntitos negros insignificantes", cuenta Herrera, a la que no le llegaron mucho ni el público de Estambul ni el de Viena, que define como "muy secos". Lo mismo opina sobre Rusia: "Un público muy frío, como su clima", añade.

En Buenos Aires, donde nació hace 34 años, la artista se siente realmente en casa, no sólo por una cuestión de raíces o de público, sino de cariño. "Cuando vuelvo acá llevo una vida más relajada. Puedo sentarme tranquila en un café a charlar; ver a mis amigos, a mi familia, a mi novio. Acá tengo todos mis afectos", cuenta la bailarina. En su sitio de Internet ( www.palomaherrera.com ) lee y responde personalmente todos los mensajes, pero debido a la inmensa cantidad, pide perdón por no llegar a contestar todos. "No cometería jamás la deshonestidad de firmar y enviarles un mensaje como mío cuando no lo es", aclara.

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