Una semana para conocer el cine israelí

Diálogo con el director Asher Tlalim
Diálogo con el director Asher Tlalim
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26 de agosto de 2000  

Con una producción fílmica de unos diez largometrajes por año, Israel intenta ganar mercados internacionales sobre la base de una temática que, más allá de lo localista, se inserta tanto en el drama como en la comedia y en las cuestiones sociales.

Para mostrar estos ejemplos, la Fundación Cinemateca Argentina comenzará hoy en la sala Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530) un ciclo integrado por siete films inéditos en la Argentina, entre ellos la celebrada "Kadosh", de Amos Gitaï.

Para acompañar esta muestra se encuentra en Buenos Aires el cineasta Asher Tlalim, que exhibirá hoy su último film, "El sueño de mi yidishe mame". Tlalim nació en Tánger, en 1950, y a los once años emigró a Israel.

En un español fluido, el cineasta explica a La Nación que la mayor parte de su filmografía está inserta en lo documental. "No por ello -agrega- dejo de lado la ficción, pero lo que me interesa en forma permanente es reflejar el mundo israelí que, en definitiva, tiene características universales."

Respecto de "El sueño de mi yidishe mame", Tlalim lo califica como una obra que combina lo documental con lo ficcional. "El tema -apunta- sigue la preparación de la puesta en escena de la ópera "La Boheme" dirigida por Daniel Oren en colaboración con Franco Zeffirelli, y ofrece un retrato de la personalidad de Oren a través de la puesta en escena. Por un lado está el arrogante melómano y por otro el frágil muchacho de 45 años que sigue siendo hijo de madre judía y de padre árabe, y vive en carne propia el conflicto árabe-israelí."

-¿Lo político se antepone a toda otra temática en el cine israelí?

-En Israel todo lo que se hace posee un matiz político. Pero las películas tratan de reflejar situaciones cotidianas con sabor amargo o dulce. Sus realizadores procuran que contengan una dimensión universal y puedan ser bien recibidas en todos los países.

Tlalim dirigió más de 50 películas y en ellas trata casi siempre el trauma de la guerra, en especial la de Yom Kippur, y la temática de la memoria, cuyo mejor ejemplo es su laureado documental "No toquen mi holocausto". "En mi obra -advierte- me interesa especialmente la relación entre forma y contenido. Mis documentales incorporan la ficción, ya que entiendo que a través de esa combinación se expresa la verdad".

Tlalim reconoce que para él "la pantalla grande fue la mejor herramienta para mi curiosidad como hombre. El cine es el espejo de la vida de cada uno y sirve para plasmar los recuerdos y los olvidos de los seres humanos".

-¿Existe ahora en Israel una nueva generación de cineastas?

-Israel tiene una población de seis millones de personas y cada una es un director de cine en potencia. Esto lo digo como una humorada, pero en estos momentos hay muchas escuelas de cine, de la que egresan legiones de jóvenes dispuestos a insertarse en el medio. Mi tarea como docente me lo demuestra. Pero en un plano tan pobre en cuanto a realizaciones, no son muchos los que finalmente acceden a la dirección. Lo que se necesita es un apoyo gubernamental para que los films aumenten en cantidad y puedan lograr difusión internacional.

Tlalim está preparando un film de ficción titulado "Una mujer sin astucia", que se rodará en Los Angeles el año próximo. "Mientras tanto -finaliza- trato de acompañar a los ciclos israelíes que recorren el mundo para mostrar el vigor y la pujanza de nuestro séptimo arte."

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