¡Voy a llegar tarde!

Asistente de fotografía: Florencia Cosin. Make up: Leandro Damario para GLANCE make up studio
Asistente de fotografía: Florencia Cosin. Make up: Leandro Damario para GLANCE make up studio Crédito: Gonzalo Corrado
Por Diego Reinhold Especial para lanacion.com
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9 de diciembre de 2009  • 16:43

Voy por la autopista hacia mi trabajo escuchando Simple Red y me siento libre, siento que todo funciona acorde a lo que tiene que ser, pienso en las posibilidades que me da la modernidad de desplazarme con un aparato tan sofisticado por los caminos disfrutando de una grabación hecha años atrás que llega hacia mi radio en forma de onda radial. Pienso en mis antepasados, ellos jamás se lo hubieran imaginado, ¡qué maravilla!

Llego a una bajada de la ruta y me detengo. Nadie se mueve, al rato la música se compone de melodías desafinadas de bocinas y motores ansiosos. Y me siento un boludo, ese mismo milagro del progreso es ahora mi cárcel y pienso que todo está mal armado y que los gobernantes no se ocupan de nosotros. ¡Voy a llegar tarde! Tengo ganas de dejar el auto ahí y salir corriendo...

Encima se me acercan los limpia vidrios con su esponjita y su botella de agua de no sé que, seguro que tienen un arma y me van a liquidar acá mismo...

Paradójico: a medida que la tecnología nos regala sus ornamentos nosotros los vemos ya obsoletos y pedimos más. Queremos eficiencia, pero sin hacernos cargo de nuestra propia locura. Eso es la inseguridad para mi.

Crédito: Gonzalo Corrado

Hace 500 años llegaron al nuevo continente los enviados de las cortes europeas en busca de riquezas y recursos. Pasaron unos años y América se llenó de gente en busca de un nuevo mundo para deshacerse de los viejos sistemas de reyes que elegían unas pocas familias para pasar a un sistema de gobernantes que elegían las familias -ahora independientes de Europa- y acaparadoras de esas nuevas tierras olvidando y enterrando a los nativos.

Luego, llegaron las masas escapando de un mundo gastado y corrupto, violento y demasiado inseguro donde las monarquías habían dado ya sus últimos arañazos. Esa gente arribó acá para hacer lo que sea con tal de poder ver el sol con tranquilidad.

Aquí estaba todo por hacerse, las tierras todavía estaban verdes y deshabitadas (¿?) y las poblaciones crecían al ritmo de la industria y el progreso. Los que se robaron las tierras se las vendieron a los nuevos ricos y así.

Los que se quedaron en Europa fueron hacia lo previsible: el horror, las ciudades colapsaron sobre las personas, las ideologías se devoraron a los grupos y los campos estaban ardiendo de guerra civil y locura racista.

Acá los mirábamos en silencio sabiendo que el virus de ese infierno estaba dentro de toda la humanidad, solo que aquí aun no había despertado.

Los poderes americanos sacaron provecho e hicieron de la guerra una oportunidad.

Aquí aparecen algunos que se dan cuenta de las proyecciones. No sólo del sistema económico, sino también de los tabúes y las represiones de la moral. Jóvenes idealistas, dispuestos a todo, venían de un mundo violento y usando ese mismo lenguaje osaron frenar el monstruo que se había comido a Europa y ahora se iba a comer a América también.

Pero el imperio es mas fuerte, qué flower power y centro de estudiantes. ¡Nada! El virus de la locura despertó. Se peinaron las sociedades de toda América y se dejó bien claro cómo iba a funcionar de ahí en más el sistema. Corrió sangre, pero eso no importa, el único valor es "la libertad". Y quedó muy claro quién ganó la batalla.

A partir de ese momento la pobreza aumentó exponencialmente y las clases se fueron alejando unas de otras encerrándose entre cercos de seguridad y bienestar privados.

Para mi, está muy claro que lo que ocurre hoy es fruto del derrotero del pasado. Y la inseguridad de la que hablamos hoy es el colapso que otrora sufrieron los viejos mundos. Ellos supieron de inseguridad, los derechos, los rojos, los judíos, los putos y los traidores...

Por supuesto que si vivís en una sociedad al borde del colapso vas a tener miedo... Lo seguro, hoy, es lo imprevisible, y hoy lo imprevisible es violento como ayer.

Quizás en Europa aprendieron una lección a costa de mucho sufrimiento y sometimiento. Quizás nosotros recién estamos por darnos contra la pared y estamos ciegos.

Todo es por algo, no nos hagamos los tontos...

Llegamos a América, pusimos iglesias en todos lados, unas pocas familias se quedaron con las mejores hectáreas matando a todos los hombres y árboles que le molestaban, fundaron nuevas industrias, transaron con las más oscuras ideologías, se sacaron de encima a las otras, y hoy la pirámide se está haciendo tan alta y tan delgada que está al borde del derrumbe... ¡como las torres!

¡Huy! Abrió el semáforo... ¡¡¡soy "libre" de nuevo!!!!

Reinhold, dixit

A dónde vamos

* Tengo que escribir una columna

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