Wayne Shorter, soplador de sueños

Es uno de los grandes compositores del jazz, tanto con Miles Davis como con Weather Report
(0)
23 de octubre de 2000  

Podríamos definir al saxofonista Wayne Shorter como un maravilloso soplador de sueños. Sus composiciones, como sus solos, son de una equilibrada arquitectura. Nació en Newark en 1933, y con 26 años ingresó en los Jazz Messengers, de Art Blakey, y luego se convirtió en su director.

"Con él aprendí a tocar en público y me estimuló para que tuviese un mensaje propio", señala este saxofonista que se pasó al soprano en 1968, cuando descubrió que ese timbre gangoso se opone de manera eficaz a los sonidos eléctricos.

De los Jazz Messengers pasó al quinteto de Miles Davis, con el que tocará casi siete años, y en el cual participará como compositor de la mayoría de las nuevas canciones del combo.

Luego iniciará su etapa eléctrica junto al tecladista Joe Zawinul, con quien formará Weather Report, a los que se les unirá el genial Jaco Pastorius. Posteriormente se unirá con Hancok en V.S.O.P. Quintet, hacia 1985, cuando se dedicará a encarar trabajos como solita o acompañando a distintas figuras.

Se podría decir que en su estilo predomina el minimalismo, de sinuosa elegancia y una cierta inclinación por las ambigüedades sonoras y rítmicas.

El escritor LeRoi Jones en su "Música negra" lo recuerda en su adolescencia como un joven extraño, apartado de los intereses que dominan esa edad. "Siempre estaba limpio, y sus solos en la big bad del colegio reflejaban ya una evidente madurez."

En su casa de Nueva York, Shorter atiende el teléfono y comienza una cálida charla con este músico de enorme talento.

-¿Recuerda su última visita a la Argentina, cuando presentaron el tributo a Miles Davis, en octubre de 1992?

-Sí, recuerdo un ambiente excitante, fueron noches intensas con Tony (por el baterista Williams) haciendo un gran trabajo... Al poco tiempo nos iba a dejar; también recuerdo que nos reunimos Herbie (Hancock) y Ron (Carter) y descorchamos un champagne y brindamos. Es una vieja tradición, los que quedamos nos reunimos en cada aniversario y brindamos por toda la música que dejaron.

-¿Cómo recuerda sus años con los Jazz Messengers, del baterista Art Blakey?

-Cinco años importantes, del ´59 al ´64, en los que aprendí a tocar en público. Eran actuaciones intensas, había mucha exigencia. Blakey fue uno de los músicos que más nos enseñaron. Recuerdo que cuando ensayábamos, el me gritaba desde sus tambores: "Sigue la historia, no la dejes por la mitad, termínala". Al comienzo me ponía nervioso, después me gustaba esa provocación, me ayudaba, me hizo fuerte. Blakey también me decía: "Toca, la técnica ya vendrá, pero tienes que tener algo que decir". Creo que la técnica es la recompensa.

Shorter cuenta que Blakey le dejó la posibilidad de tener un mensaje. "No ocultes nada, no trates de ser misterioso. Toca sin secretos, me aconsejaba", agrega el saxofonista, cuya discografía es una de las más interesantes del jazz contemporáneo.

-¿Qué le dejó su historia con Miles Davis?

-Muchas grandes cosas. Mi manera de entender la música se desarrolló a su lado. Miles nos decía que no se puede tener la música para uno, hay que dejarla salir, fluir, y la comparaba con las mujeres: están con uno, pero no son de uno. Nos inculcaba la máxima libertad como forma de crecer.

Sigue con Davis: "También hacía hincapié en que la música debía tener el entorno adecuado (y se ríe), es decir, debía haber mujeres en la sala. Antes de tocar se asomaba sin que lo vieran, si había pocas mujeres y muchos hombres cambiaba su ánimo. "Si en el auditorio no hay mujeres, es mejor dejar la profesión y dedicarse a otra cosa", bromeaba... creo".

-¿Qué otros proyectos ocupan su tiempo?

-En diciembre saldrá un nuevo disco, con nueve temas, de los cuales seis son propios, originales. Hay melodías que guardan importantes sentimientos. Grabé un tema que me paso Miles en 1964, "Vendiendo alegrías", que nunca fue editado. Hacer temas de otros me parece una forma de celebrar la vida.

-¿Qué música escucha? ¿Compra discos?

-A veces escucho música de películas. "Lo que queda del día" y "El silencio de los inocentes" me gustan. (Piensa) Pero más que nada me gusta la música de las películas de ciencia ficción. Me gusta mucho la música brasileña, la de Africa, en particular la que no ha sido tocada por las compañías de discos (hace la salvedad respecto de su sello Verve, "no impone ninguna condición", dice).

-¿Cómo es su relación con Hancock, mantienen algo de aquel espíritu que había en los sesenta?

-Mantenemos una alegre actitud de intercambio. Hay algo de aquellos años, aunque la condición en que nos encontramos se ha elevado. Respeto y comunicación es nuestro sello.

-¿Habrá temas nuevos o sólo material del disco "1+1"?

-Tocaremos nuevas historias, algunas que ya están en el disco. Cada tema representa una forma de ver la vida. Todos significan algo para nosotros. Sentimos un desafío cada noche, nos tenemos confianza. Nuestra manera de interpretar está ligada a los sentimientos del público, cuando la música toca el corazón de la gente, se siente de manera inmediata arriba del escenario.

-¿Cuánto representa la música en su vida?

-Hago música de la vida hacia la vida.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.