Y el ganador es...

Entre dudas, certezas, cábalas y pálpitos, Hollywood se prepara para la gran fiesta anual del cine; expectativas y esperanzas entre los nominados argentinos
Marcelo Stiletano
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22 de febrero de 2015  

LOS ANGELES.- A la hora de imaginar lo que puede pasar esta noche en la gran fiesta anual de Hollywood, el único pronóstico certero y casi indiscutible que inquieta por aquí a todos es el del tiempo. Después de una larga abstinencia, todo indica que hoy por fin lloverá en la capital del entretenimiento y los invitados a la gala número 87 de la historia del Oscar deberán ingeniárselas para preservar sus exclusivos atuendos, preparados con esmero durante tanto tiempo, de las incomodidades del clima.

El resto de los augurios, vaticinios y pálpitos en el reparto del máximo galardón de Hollywood se distribuye esta vez entre algunas certezas y unas cuantas dudas. Esos interrogantes, que persistirán hasta último momento en varios de los rubros competitivos más importantes, marcan a fuego una de las temporadas de mayor incertidumbre en la materia de los últimos años. La incertidumbre incluye las dos categorías en las que compiten argentinos (film extranjero y guión original) y se extiende nada menos que a la definición sobre quién se alzará con los Oscar a mejor película, mejor director y mejor actor protagónico.

Nuestros compatriotas nominados viven las horas previas con una mezcla de cautela y fundado optimismo (ver aparte) al saber que no parten como favoritos, pero saben al mismo tiempo que voces muy expertas les indican que hay razones para confiar. Para el caso de la mejor película, en cambio, ni siquiera existe esa posibilidad. Todo se reduce a una definición mano a mano entre una película que arrancó como indiscutida candidata (Boyhood) y otra que en los últimos tiempos, a favor de sus resonantes triunfos en los premios que otorgan actores, productores y directores, parece disfrutar esta chance tardía como definitiva (Birdman).

Hoy, la película de Alejandro González Iñárritu se encamina hacia un doble triunfo (película y director) a favor del visible compromiso del universo de los votantes del Oscar con la forma y el contenido de esa obra. La destreza del realizador mexicano para contar una historia tan cara al sentimiento de Hollywood (los devaneos de un actor que quiere regresar a los primeros planos, condicionado por un pasado de estrella que lo atormenta y no lo abandona) con el desafío de hacerlo mediante un aparentemente único plano secuencia parece hoy suficiente para derrotar al hasta ayer casi invencible Richard Linklater, dueño de otra proeza: la de filmar a lo largo de 12 años a un grupo de actores para pensar de otra manera, junto a ellos y su notable equipo, todo lo que significa el tiempo como materia cinematográfica.

De todas maneras, no son pocos los que piensan que Boyhood mantiene sus chances de éxito y que todavía no está dicha en los dos rubros principales la última palabra, algo que también ocurre en el caso del actor protagónico. Aquí, Eddie Redmayne, gracias a su personificación mimética y cuidada al detalle del científico Stephen Hawking en La teoría del todo, le saca una mínima ventaja a Michael Keaton (Birdman). El resto de los rubros actorales no ofrece sorpresas: salvo una contingencia muy improbable, esta noche del Oscar consagrará a Julianne Moore (Siempre Alice) como mejor actriz, a Patricia Arquette (Boyhood), como mejor actriz de reparto, y a J. K. Simmons (Whiplash) como mejor actor de reparto.

Todo este juego entre dudas y seguridades recorre el resto de las 24 categorías. No parecen correr riesgos los premios de mejor fotografía para Birdman y de diseño de producción y vestuario para El gran Hotel Budapest. Tampoco los de edición para Boyhood, de mezcla y efecto de sonido para Francotirador y de banda sonora para La teoría del todo. En cambio subsiste la indefinición entre El amanecer del planeta de los simios e Interestelar por efectos visuales, y entre Whiplash y El código Enigma por guión adaptado. En tanto "Glory" (de la película Selma) tiene las mejores posibilidades de ganar como mejor canción.

A propósito de canciones, se espera una velada del Oscar muy musical, con varias presencias destacadas (Lady Gaga, Jennifer Hudson, Jack Black) junto a la interpretación en vivo de los temas nominados. ¿Será una respuesta a los justificados reproches que los productores recibieron hace un año por el perfil teatral de una ceremonia marcada por el tedio? En la búsqueda de un antídoto se recurrió a Neil Patrick Harris, un gran comediante televisivo que podría convertirse en ese anfitrión con garantía de continuidad con el que la Academia sueña desde hace mucho tiempo.

Será una vez más la muestra de la eterna búsqueda entre la conservación de las tradiciones y las búsquedas innovadoras (algunas de ellas a la vista en la escenografía de la alfombra roja) que identifica casi como marca registrada al Oscar. Un premio que este año, al menos, nos propone a partir de las 22.30 una sucesión de reñidas definiciones de último momento en las que nada puede descartarse: ni siquiera la aparición de un "tapado" (en este caso podría ser Francotirador) capaz de sacar provecho de alguna eventual división entre los favoritos. Y tampoco podemos descartar lo que más nos interesa: la fundada expectativa de encontrarnos en el cierre de la gran noche del Oscar con algún festejo argentino.

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