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Vinos

12 Chardonnay para descubrir el nuevo gusto de los blancos argentinos

Joaquín Hidalgo
(0)
12 de noviembre de 2019  • 19:02

Justo cuando pensábamos que quedaba poco por conocer en el mundo del Chardonnay argentino, los viñedos de altura en Mendoza y los fríos de la Patagonia y la costa atlántica volvieron a poner al más completo de los blancos sobre la mesa.

Ese giro que comenzó con un puñado de vinos en el cambio de década, hoy vive un momento de gloria. Me explico mejor: los tiempos en el vino tienen una densidad diferente a la de los tiempos de las personas. Mientras que una década parece mucho en la vida, para los viñedos es sólo un comienzo. Por eso, la velocidad con la que el mundo del Chardonnay alcanzó este nivel es por lo menos asombrosa.

Todos recuerdan aquellos Chardonnay maderizados, con paladar cremoso y aroma de maíz y frutas tropicales que dominaban el mercado hasta ayer nomás. Era un estilo de alto impacto donde la madera era el eje del estilo. Lo que hoy manda, sin embargo, es el sabor de la uva por sobre la madera. Y para conseguirlo, lo que cambió fue el origen del Chardonnay.

Frío y madurez

Las zonas del mundo famosas por sus Chardonnay son regiones frías, como Chablis y Borgoña, en Francia. Ahí la reina de las blancas alcanza una madurez un poco austera en aromas, pero con una frescura elevada. En nuestro país, esos climas recién llegaron a la góndola a contar de 2010, cuando las zonas altas del Valle de Uco alcanzaron cierta madurez productiva.

El truco con nuestras regiones de altura es que resultan igual de frías que las famosas de Europa, pero soleadas. Y ahí el Chardonnay alcanza una madurez diferente: más rica e intensa en aromas, de elevada acidez que le confiere frescura. Esta última condición ideal para añejar en botella.

Pero el frío en nuestro país no es potestad sólo de la altura. También en la Patagonia más austral -Chubut, por ejemplo- y en la costa Atlántica se consiguen ejercicios parecidos, pero con menos insolación y un régimen térmico bien distinto.

Con ese nuevo horizonte, existe una camada de Chardonnay que despeinan el paladar con una estética nueva y un perfil más agudo y refrescante. Claro, las bodegas debieron aprender a hacerlo. Y nosotros a beberlos. En ese plan, y siguiendo cada línea estilística, conviene apuntarse alguno de los que listamos a continuación.

12 para probar

Chardonnay de Altura.

Forma el grupo más nutrido y también el que crece más rápido. Gualtallary, El Peral y La Carrera en Tupungato, San Pablo, Los Árboles y Los Chacayes en Tunuyán, son los orígenes más destacados, todos con base a los 1100 metros y techos que llegan a los 1900 en el caso de La Carrera. Algunos buenos ejemplos son Encuentros (2016, $650), Salentein (2018, $500) y Serbal (2018, $450) en precios asequibles.

Es en la alta gama donde se evidencia aún más el perfil de zona fría. Chardonnay que hacen escuela, por ejemplo, son Angélica Zapata (2017, $995), Lagarde Guarda (2018, $950), Benmarco Sin Límites (2018, $1000) y Escorihuela Pequeña Producción (2015, $1250) y el flamante Vivo o Muerto La Verdad (2017, $1500). Eso, si descontamos Adrianna Vineyard White Stone (2015, $5995) y Zuccardi Fósil (2018, $3055) que ponen el techo.

Del mar y el sur profundo.

En el puñado de Chardonnay que construyen fuera de la altura, Costa & Pampa (2016, $707) es un fuera de serie, mientras que de la Patagonia profunda, un lindo ejemplar aunque difícil de hallar es Contra Corriente (2018, $1500), elaborado a las afueras de Trevelin.

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