4 ideas sobre el amor romántico

Crédito: Latinstock
Anotá la frase que tira nuestro filósofo: “El amor es ese resto que subsiste a pesar de estar arrojados en un mundo normativo”.
Darío Sztajnszrajber
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25 de abril de 2017  • 00:20

El imaginario del amor contempla entre una de sus características esenciales el romanticismo. Se asocia linealmente nuestro ideal del amor con un tipo de actitud, de gesto, de narrativa, de encuentro con el otro, de trascendencia, que se conoce con el nombre de amor romántico y que expresaría del modo más fiel el amor en su pureza. Pero ¿cuál es el imaginario que nos hacemos sobre el romanticismo? Y sobre todo, ¿hasta qué punto este encuentro entre imaginarios nos permite vivenciar el amor con mayor o menor realidad? Acá, cuatro cuestiones que nos ayudan a pensarlo.

1. lo ideal

El adjetivo “romántico” remite a una corriente cultural de principios del siglo XIX que, entre otras reacciones, se pelea contra los efectos colaterales de una Ilustración que hace de la racionalidad humana un centro hegemónico. Es tiempo de una racionalización de la existencia a través de las revoluciones tecnológicas, en la ciencia y en el trabajo. El Romanticismo reacciona: hay una zona inexplicable que subsiste más allá de cualquier explicación científica en donde anida la verdad. El problema es que esa verdad, para no ser distorsionada por la razón, solo se expresa más allá de nuestro lenguaje: en el arte, en las creencias y en el amor. Así, el amor se presenta revestido de todos los condicionamientos religiosos, como algo incognoscible, absoluto, inefable, ontológicamente previo. Pero con la consabida paradoja: así como nos brinda un sentido trascendente, al mismo tiempo (como toda religión) devalúa cualquier acción mundana. Todo amor, si no aspira a este ideal, resulta incompleto, pero como el ideal en tanto ideal nunca se realiza, entonces todo amor se vuelve inalcanzable. Corolario necesario: o vivimos todos nuestros vínculos amorosos desde la falta o deconstruimos el ideal de amor romántico y vivimos todos nuestros vínculos amorosos como lo que son: vínculos con un otro mortal, imperfecto, problemático, diferente.

2. lo asimétrico

El amor romántico sustancia otra de las tantas asimetrías entre el varón y la mujer. Por un lado, es una proyección netamente femenina: la misma idea de “príncipe azul” supone una actitud pasiva y de acompañamiento. Pero, además, ¿cuál es el ideal de amor romántico del varón? Y por otro lado, el ideal es claramente heteronormativo, o sea, basado en una idea primigenia de vínculo heterosexual: ¿cuál es la expresión más acabada de ese amor sino su consumación en la procreación?

3. lo carente

La idea de un amor que en su completud me transporta a un estado de enamoramiento permanente supone una vida exenta de encanto y fundamentalmente carente. ¿Por qué pensar que el otro me completa? Carencia más carencia no necesariamente suma completud. Puede sumar doble carencia.

4. lo atemporal

El enamoramiento es una de las tantas formas de manifestación de lo amoroso que, como todo encantamiento, necesita luego desplegarse en formas comunitarias más temporales. El ideal de amor romántico se presenta de modo atemporal. Supone una detención del tiempo que devalúa toda cotidianeidad al subsumirla a un estado de hechizo eterno. Pero una cosa es creer que, si hay amor, la vida cotidiana con sus rutinas y hábitos se vuelve absolutamente encantadora; y otra cosa es comprender que el amor es ese resto que subsiste a pesar de estar arrojados en un mundo normativo. •

¿Qué opinás del amor? ¿Sos de aspirar a una idea romántica de la pareja o te movés con un sentido más práctico? También: Sole Fandiño: "Si algo está muy trabado, es que no va" y Sexo y pareja: "No entendés mi humor".

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