5 escapadas. Propuestas nacionales para recorrer en tres días

Agustina Vissani
Candelaria Palacios
María Eugenia Castagnino
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8 de agosto de 2019  • 14:35

Ushuaia

Por Ana Pagani.

  • Día 1. Sí, esta cara de feliz cumpleaños es porque al fin pude cumplir un sueño. Hacía tiempo que Ushuaia estaba en mi cabeza y cuando recibí la invitación de Visit Ushuaia para conocerla, sentí que el universo me había escuchado. Fue una estadía cortita pero súper intensa y emocionante. Llegué un viernes a las 7 de la tarde, ya estaba oscuro y no pude ver nada del paisaje donde estaba aterrizando, pero apenas puse un pie fuera del aeropuerto ¡¡¡vi nieve!!! Eso alcanzó para ponerme en modo vacaciones. En el hotel busqué algo más abrigado y salí un poco a la aventura de conocer los alrededores. Me hospedé cerca del centro y eso me dio libertad para moverme a pie. Tené en cuenta que hay una gran variedad de oferta hotelera que se adapta a cada bolsillo.
  • Día 2. Sonó el despertador a las 7 y miré por la ventana; faltaban unas horas para que amaneciera y se asomara un poco el sol, pero ya pude ver que durante la noche había nevado y que la ciudad a esa hora se vuelve monocromo. Abrigada y con un buen calzado -esto es fundamental para no terminar en el piso a cada paso, ya que las veredas, si no tienen nieve, están cubiertas por hielo o escarcha-, y después de un buen café, salí a mi primera excursión: navegar el canal de Beagle. Partiendo desde el puerto de Ushuaia, acompañados por un guía que no solo te invita a maravillarte con el paisaje, lleno de pequeñas islas, sino también a conocer mucho de la historia de esta tierra fueguina: de los primeros marinos en descubrirla, de su pueblo originario, los yámanas, y de su fauna con pingüinos, cormoranes, lobos marinos y palomas antárticas, entre otros. Almorzamos a bordo, en el interior de la embarcación, mientras disfrutábamos de la vista, la tranquilidad y el silencio con la calidez de una riquísima sopa de calabaza. De vuelta en la ciudad fui a conocer la pista de hielo al aire libre. Empezaba a nevar y yo por un ratito me transformé en la niña que soñaba con la película Castillos de hielo (las lectoras nacidas despues de los 90... ¡googleen!).

Crédito: Gentileza de VISIT Ushuaia

  • Día 3. Era mi último día. Lo arranqué con un café negro (y un poco de agua con limón, para atenuar los banquetes patagónicos). El sol se asomó más temprano y aprovechamos esas pocas horas de sol pleno. Una 4x4 pasó por mí y arrancó mi travesía camino a los Centros Invernales ubicados en la misma Cordillera de los Andes. Subimos por caminos estrechos y tapados de nieve para seguir disfrutando del paisaje en blanco y negro, de los ríos y lagos escondidos. Pasado el mediodía, de regreso al refugio, lo primero que me urgió fue sacarme el calzado y acercar los pies y las manos a la salamandra (no fui la única). Recibí muy agradecida un rico consomé de verduras y cargué las pilas para seguir explorando la zona. Subida a una moto de nieve recorrí el lugar, pero esta vez... ¡la conductora fui yo! Y cuando pensaba que ya era mucho para un solo día, llegó la sorpresa final. ¿Cómo iba a volver a la ciudad? "Bueno, volando en helicóptero entre la cordillera", fue la respuesta. Mi excitación fue indescriptible: acceder a ver toda esa inmensidad, volar sobre el canal de Beagle y ver la ciudad desde arriba no pudo ser mejor broche para esta escapada.

  • Más info:

Hospedaje: hay una enorme variedad de hoteles en la ciudad. Se destacan: Los Cauquenes, Arakur y el hotel Las Hayas. Los precios parten de $6000 la noche. Otra opción más economica son los bed & breakfast y los hostales.

Paseos náuticos: se pueden disfrutar tanto en grandes y confortables catamaranes como en embarcaciones más aventureras y para pocos pasajeros. Más info: www. turismoushuaia.com.

Vuelos en helicóptero: hay un circuito de 30 minutos, que permite sobrevolar Ushuaia y adentrarse a la imponente cordillera de los Andes. Más info: www.heliushuaia.com.ar.

Cañuelas

Por Eugenia Castagnino.

  • Día 1. A veces no hay que irse tan lejos. A veces alcanza con retirarte a tan solo 60 km de la capital para lograr el tan necesario "desenchufe", ese "cambiar de aire" que nos permite resetearnos y reconectarnos con otra energía. Por eso, el último finde XXL con mi familia elegimos escaparnos a Cañuelas, y en menos de una hora de viaje ya estábamos instalados en nuestro "hogar temporario", una chacra hermosa, cómoda y amplia que elegí luego de pasar largo rato mirando casas en Airbnb (¡qué viciooo, querés ir a todas!). Partimos sin demasiados planes y munidos de varias cosas para descansar: juegos de mesa varios, una torta de chocolate bomba (si es invierno, que nunca falten las calorías), comida rica, vino, un par de libros y abrigo. Nos instalamos y nos preparamos para dos noches de relax.
  • Día 2. Amanecimos en el silencio del campo. Este día nos ayudó a descubrir que una casa también puede ser un destino en sí mismo, porque te ofrece rituales nuevos que antes no tenías; por ejemplo, ir a buscar los leños para mantener encendidos los dos hogares de la casa, sentarte en la galería emponchada con mantas para leer un rato o simplemente esperar la hora en la que el sol se esconde para que ese atardecer te golpee con su belleza. Salir a caminar sin rumbo y de casualidad, encontrar una laguna escondida. Dormir sin despertador y amanecer con el sonido de los pájaros. Improvisar un "picadito" con mis tres varones usando dos árboles de arco. Charlar con mi amor frente al fuego, esperando que nos agasaje con sus dotes de asador. Jugar hasta la madrugada. Sentir la soledad y la oscuridad del campo.
  • Día 3. Para cerrar el minitrip, decidimos hacer un paseo por el centro de la ciudad para almorzar antes de volver. Teníamos dos opciones: Mariel, la anfitriona de Airbnb, nos recomendó mucho Rogelia ( @rogeliarestaurante), un restó que abrió hace poquito sobre la ruta 205, en el km 65,5, pero finalmente -y también porque vivo con tres futboleros- nos fuimos a un "clásico" barrial, el Cañuelas Fútbol Club (Lara 874), que en su comedor ofrece comida de bodegón casera. Frente al club está la plaza Belgrano, la principal de Cañuelas, y cruzándola, el postre llega en Scilla Gelato ( @scillagelato), la heladería a la que van los locales, con gustos geniales como Crema Scilla (con duraznos asados, crema de avellanas y chocolate). Volvimos a la ciudad de noche y felices, con ese ritmo de pausa que te deja el campo en el cuerpo y la mente.
  • + info. Precio: US$165 por noche en Chacras de la Trinidad (para 8 huéspedes). Pero podés encontrar casas para todos los bolsillos en la web. www.airbnb.com

Las Leñas

Por Agustina Vissani.

  • Día 1. Llegamos y estacionamos la camioneta que no íbamos a volver a usar hasta que nos fuéramos, cuatro días después. Es que en Las Leñas es todo cerca, muy cerca, lo que lo convierte en uno de los centros de esquí más cómodos a los que fui, especialmente si vas con chicos. Era el mediodía del sábado y nos instalamos en el Hotel Acuario. Flasheé al ver que prácticamente se puede salir esquiando desde la habitación. Fuimos a almorzar justo al lado, a El Brasero, donde, a modo de comedor de refugio de montaña, pasás con tu bandeja y te servís platos bien calóricos para soportar el frío y el esfuerzo que demanda el esquí durante toda la tarde. Ese día solo esquió Nico, mi hijo de cuatro años. Es que lo habíamos anotado en la escuelita por tres días consecutivos (lo mínimo para que tuviera una base) y no queríamos perder la clase. La escuelita es para niños a partir de 4 años, pero también hay guardería (se quedan en una sala tipo jardincito a puertas cerradas) desde el primer año cumplido. Mientras Nico tomaba su primera clase, nosotros fuimos a alquilar los equipos que usaríamos los siguientes días. Hacemos esquí, pero también hay equipos de snowboard, obvio. Sacamos el equipo completo (botas, tablas y bastones) y también cascos. Por día, tienen un costo de $1600. Nos llevamos los equipos para dejar en el guardaesquí del hotel y tener a mano para arrancar temprano la mañana siguiente (los medios de elevación abren a las 8.30). A las 17 buscamos a Nico en su clase y nos fuimos al after ski en El Brasero. Hay música, pantallas grandes y mucha gente con ganas de relajar y divertirse después de un día de mucha actividad. Otro after copado, al que no llegamos a ir, es Beerlin, en el mini centro comercial La Pirámide.
  • Día 2. A la mañana siguiente, Nico se fue a la escuelita y yo, a esquiar mientras Martín (mi marido) se quedaba con el más chiquito (Santi, de 1 y medio) paseando por la base. Recorrí las pistas de la parte más baja de la montaña y después subí por Vesta hasta Minerva y a Vulcano. Me gustó mucho la variedad de pistas y la calidad de la nieve, aunque recomiendo evitar fines de semana largos y vacaciones porque las filas en los medios de elevación se hacen un poco densas. Bajé al mediodía y almorzamos todos juntos. A la tarde Nico se fue a la escuelita; Martín, a esquiar, y con Santi me fui a dormir una siesta al cuarto, a solo unos metros de las pistas (¡placer total!). Repetimos after ski, ducha y cena.

  • Día 3. Decidimos dejar a Santi en el Baby Las Leñas y esquiar los dos juntos. Subimos por Venus/Neptuno/Marte/Apolo e hicimos una bajada increíble de 8 km con muy buena nieve, re accesible para esquiadores de intermedios para arriba. Almorzamos en Hell's Pizza, que también tiene su sucursal en la base de Las Leñas, y, a la tarde, mientras Santi volvía a la guardería, el resto esquiamos juntos en las pistas de la base. Si bien en tres días Nico no llegó a esquiar solo, sí aprendió a frenar (haciendo cuña o "casita") y nos divertimos un rato mechando minibajadas y guerras de bolas de nieve. Esa noche brindamos con cervezas y jugos.

Iguazú

Por Cynthia Cónsoli.

  • Día 1. Aterrizamos en medio de un paisaje que grita welcome to the jungle: bruma tibia y pegajosa que se ríe del supuesto invierno; tierra colorada y matas espesas de vegetación verde oscuro. Lo primero que nos enseñan es que en Misiones se saluda con dos besos. Después del check in, bajamos al restó del hotel y yo fui por un surubí. Alerta: se complica evitar el exceso de hidratos, todas las paneras llegan con chipa, irresistibles. A 200 m del hotel teníamos el Duty Free, así que el plan para la tarde estaba cantado. Chequeamos los documentos en mano, un hábito fundamental durante el viaje porque es muy probable cruzar la frontera más de una vez al día (con chicos o con auto propio, hay que tener todos los permisos y papeles en regla) y partimos de shopping.

  • Día 2. Arrancamos temprano para disfrutar del desayunazo del hotel. Nos tocó un día de sol y temperatura tranqui para caminarnos todo sin morir en el intento. Es clave llevar repelente, ropa liviana, zapas cómodas, botellita para recargar agua y alguna fruta o snack. Salí rumbo al Parque Nacional Iguazú con emoción de primeriza, pero sin imaginar lo que sentiría al ver ao vivo una de las maravillas naturales del mundo. Todo lo que me habían contado, todo lo que había visto, quedó chiquitito una vez que estuve ahí, abriéndome paso en la selva misionera, con tucanes, monos y coatíes alrededor. La primera empapada bajo el salto Bosetti (uno de los más de 275 saltos del río Iguazú), rodeada de arcoíris y mariposas azules gigantes, se convirtió en mi recuerdo favorito del viaje. Me autofelicito por haber llevado puesta la bikini y las ojotas y una muda de ropa seca en la mochila, porque no me quedó ni un milímetro del cuerpo sin empapar.

  • Día 3. Cruzamos la frontera a Foz do Iguaçu para entrar al parque brasileño apenas abriera. Arrancamos el día con la Trilha das Cataratas, una caminata de 1,5 km que empieza en un mirador con vista panorámica y sigue por un sendero en la mata atlántica que bordea el río. ¿Lo mejor? El circuito termina en una pasarela suspendida sobre la mismísima Garganta, y pararse ahí es impresionante. Justo en la entrada, hay un "perchero solidario" de capas impermeables que los turistas dejan para que usen otros. Yo fui sin nada porque hacía calor -y respecto al frizz, me había dado por vencida a los cinco minutos de haber aterrizado en Misiones-, pero tuve que usar mi funda para el celular y cubrir la mochila, porque absolutamente todo termina empapado. Reservamos la tarde para hacer vida de hotel: caminamos por un sendero autóctono, hicimos circuito completo en el spa y cerramos con un masaje.
  • Más info:

Dormir: en Iguazú Grand, desde $8785 el Family Plan por noche (con 2 niños de hasta 11 años). Incluye desayuno, piscina, acceso al spa y al gym, actividades recreativas y Kids Club. IG: @iguazugrand.

Todos los precios: la Gran Aventura, $2000 (IG: @cuencadelplataturismo). Entrada al Parque Nacional Iguazú, $410 para adultos y $200 los niños, incluye todos los circuitos de pasarelas y tren turístico. Si sellás tu ticket antes de salir, tenés 50% off para el día siguiente. Del lado brasileño, entrada al Parque Nacional do Iguaçu, R$55 para adultos y R$11 para niños. IG del Duty Free: @dfspuertoiguazu.

Cómo llegar: hay vuelos todos los días desde varias ciudades de Argentina. Se consiguen tarifas low cost desde $1300.

NOA

Por Candelaria Palacios.

  • Día 1. Del aeropuerto de Salta partimos sin escalas en dirección a la ruta 40 para arrancar nuestro roadtrip familiar (¡éramos 12!) por los Valles Calchaquíes. Esta ruta llena de curvas te lleva por un camino de paisajes increíbles que pasan del verde más intenso de las montañas en la Cuesta del Obispo a la aridez del desierto en el Parque Nacional Los Cardones, atravesando valles escondidos y cumbres que superan los 3300 metros de altura. El camino te lleva al menos unas 3 o 4 horas hasta el pueblo de Seclantás. Pero ¡todo depende de cuántas veces quieras parar a sacar fotos! Porque, te aseguro, no vas a poder resistir la tentación. La idea era ir parando en varios de los pueblitos de la zona, uno más encantador que el otro y todos con una gastronomía irresistible ¡y excelentes precios! Arrancamos por Seclantás, que nos recibió con unas empanadas salteñas que no me olvido más. No sé si fue porque estábamos muertos de hambre o qué, pero al final del viaje la votación fue unánime: las empanadas de La Posada de Adelita ganaron el casting. Acto seguido, volvimos al auto y encaramos para el lado de Cachi, donde pasaríamos la noche. Nos hospedamos en la Hostería ACA, que es sencilla pero muy cómoda, con lindísimas vistas de los alrededores y buena comida. Aprovechamos la tarde para dar una vuelta por el pueblo y admirar las casas de adobe y los edificios coloniales blancos que dominan la escena.

  • Día 2. Amanecimos temprano porque teníamos varios kilómetros por delante. La primera parada fue Molinos, a poco más de una hora de Cachi, que, al igual que todos los pueblos de la zona, no tiene mucho más para hacer que caminar por la plaza, visitar la iglesia, admirar los paisajes deslumbrantes y simplemente sentir que el tiempo no pasa. Me fiché la hostería que está frente a la iglesia, La Hacienda de Molinos, que tiene un gran patio con un gigantesco molle que proyecta su sombra sobre las mesas del restaurante. Me queda pendiente almorzar ahí la próxima; para esta vez teníamos otros planes. Volvimos a la ruta y en media hora estábamos en Colomé, un pequeño pueblo emplazado alrededor de una bodega, propiedad de Donald Hess, un magnate suizo que la compró y creó un hotel de lujo y un museo, todo en el mismo predio. Vale la pena hacer una visita guiada, que tenés que reservar con anticipación. Incluye recorrido por la bodega y el museo y una pequeña cata de vino por $350 por persona. Después de almorzar, partimos para la ciudad de Salta, desandando todos los kilómetros recorridos. Este largo tramo duró aproximadamente 4 horas y media y llegamos a unos departamentos increíbles ubicados en Tres Cerritos, cerca del centro de la ciudad.

  • Día 3. De nuevo decidimos encarar la ruta 40, pero para el otro lado, y visitar Purmamarca, en Jujuy. En dos horas y media llegamos a este polo turístico, hogar del Cerro de los Siete Colores y del Paseo de los Colorados. A la tarde volvimos para Salta ciudad y aprovechamos para hacer un recorrido por la zona céntrica y la peatonal Güemes, que está llena de lugarcitos para comer. A la mañana siguiente nos esperaba nuestro vuelo a Buenos Aires. .
  • Más info:

Cómo llegar: podés ir en avión, con vuelo directo al aeropuerto de Salta, y alquilar auto allá para moverte o, si tenés ganas de manejar, podés ir en auto; son 1460 km desde Buenos Aires y tardás aproximadamente 17 horas.

Dónde dormir: en Chachi, Hostería ACA, con habitaciones desde $3200. www.hosteriacachi.com.ar. En Salta ciudad, departamentos de Airbnb: www.airbnb.com.

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