5 sustancias tóxicas que suelen estar en los alimentos de consumo diario y conviene evitar

Crédito: Steve Buissinne en Pixabay.
Laura Gambale
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9 de noviembre de 2020  • 14:32

Hacemos muchísimo esfuerzo por comer de manera sana y balanceada. Sin embargo, puede que, sin saberlo, estés ingiriendo algunas sustancias que tóxicas que no hacen bien a tu organismo. A continuación, te contamos todo acerca de estas cinco sustancias que probablemente consumís a diario y no hacen tan bien. Además, te damos algunos consejos para evitarlas.

Mercurio

  • Presente principalmente en pescados.

"El mercurio es una sustancia tóxica con efectos nocivos para el ser humano, en especial para las embarazadas, los lactantes y los niños", señala la Organización Mundial de la Salud (OMS). También detalla que uno de sus compuestos orgánicos, el metilmercurio, está en la lista de los seis compuestos químicos "más peligrosos", con riesgo de afectar al sistema nervioso e inmunitario, a la piel, al aparato digestivo, pulmones, ojos y riñones. El mercurio llega al pescado a través de su alimentación, de forma que los peces más depredadores (los más grandes) son los que acumulan mayor cantidad de mercurio en sus tejidos grasos. El pez que llega a nuestro plato lleva también una buena dosis de mercurio.

Entonces, ¿hay que dejar de comer todo tipo de pescado? No necesariamente, pero sí hay que ser selectiva. Al momento, los estudios demuestran que los pescados con más carga de mercurio son el atún, el lucio, el pez espada o emperador, el tiburón y el pez panga.

Dioxinas

  • Presentes en carnes, leche, huevos y mariscos.

Las dioxinas son conexiones químicas que contienen carbono, hidrógeno, oxígeno y cloro y surgen como residuos de reacciones químicas principalmente en la fabricación de acero, pinturas o gasolina, o por la incineración de basura. La manera más habitual que tienen de ingresar a nuestro cuerpo es por el consumo de alimentos.

¿Qué podemos hacer para reducir el riesgo de exposición? La OMS recomienda que eliminar la mayor cantidad de grasa de la carne y optar por el consumo de productos lácteos con bajo contenido graso puede reducir la exposición a las dioxinas.

Es necesario saber que, entre los efectos más comunes que producen en la salud humana, puede causar lesiones cutáneas, alteraciones funcionales hepáticas, y en casos más extremos alteraciones inmunitarias del sistema nervioso en desarrollo, del sistema endocrino y de la función reproductora.

Sorbato de potasio

  • Presente en quesos, yogures, vinos, helados, mermeladas entre otros.

Se trata de una sal de ácido sórbico que se utiliza como conservante en la mayoría de los alimentos, ya que inhibe el crecimiento de moho y además no deja gusto amargo ni afecta el sabor de la comida. En un estudio publicado en Toxicology in Vitro, las pruebas mostraron que el sorbato de potasio es genotóxico para las células blancas de la sangre. Otro estudio similar mostró que la combinación entre el sorbato de potasio y la vitamina C pueden causar mutagenicidad y actividad que daña el ADN. A pesar de que la industria alimenticia ha intentado defender este ingrediente, el hecho es que las pruebas han mostrado que es cancerígeno y afecta a una gran cantidad de órganos.

Jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF)

  • Presente en gaseosas, jugos artificiales, jugos de frutas endulzados artificialmente, postres, yogurts saborizados y en la gran mayoría de productos horneados y panificados, mermeladas y jaleas.

Durante décadas, el jarabe de maíz de alta fructosa ha sido utilizado como endulzante en alimentos procesados y refrescos. Su materia prima es el maíz, y casi siempre está modificado genéticamente. ¿Qué nos puede provocar? Según un estudio realizado por el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado, el exceso en el consumo de JMAF aumenta el riesgo de hipertensión, que puede provocar todo tipo de problemas de salud aumentando el riesgo de infarto, cardiopatías y derrame cerebral. También es sabido que puede provocar diabetes, una patología que en los últimos años estuvo a la orden del día. Para colmo de males, como tiene un índice glucémico altísimo, eleva rápidamente el nivel de azúcar en sangre generando antojos constantemente y aumentando el índice de obesidad mundial. Actualmente, asusta el incremento de alimentos "light" o dietéticos que contienen JMAF. El gran problema de esto es que muchas personas que intentan alejarse del azúcar terminan consumiendo JMAF, cuyo aporte calórico y efectos negativos sobre la salud son iguales o peores.

Glutamato monosódico (MSG)

  • Presente en casi todos los alimentos procesados, congelados, snacks, sopas de sobre, cubitos de caldo, entre otros.

El glutamato monosódico es un potenciador del sabor que provoca que las carnes procesadas y la comida congelada sepan más frescas y que los alimentos enlatados tengan un sabor un poco menos "metálico".

Muchos científicos y médicos piensan que podría causar desórdenes neurológicos como migrañas, infecciones, ciertos tipos de obesidad, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer, entre otras. Cuando pensamos en los efectos a mediano plazo, según estudios realizados en animales, quedó demostrado que puede llegar a producir hasta un 40% más de apetito, un dato que pareciera estar directamente relacionado con la creciente obesidad tanto en Latinoamérica, como en Estados Unidos y Europa. Lo que más alarma: Los niños comen unas tres veces más proteínas de las recomendadas y los bebés de entre 6 y 12 meses reciben diariamente 5 gramos por kilo de peso en proteínas. La hipótesis del profesor Fernández Tresguerres que dirigió este estudio es que no son las proteínas sino el glutamato monosódico el que determina la propensión a la obesidad, que a su vez es la antesala de la diabetes tipo 2, aumenta el riesgo cardiovascular y el de otras muchas dolencias que aceleran el envejecimiento.

La alimentación saludable no tiene que ser una posibilidad para pocos, ya que es un derecho fundamental. Estar informados es la base del cambio.

Fuentes consultadas: Dra. Anabella Barcellandi. Medicina Integrativa. Profesor Fernández Tresguerres, catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid. Organización Mundial de la Salud y www.sciencedirect.com

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