6 estrategias para evitar los berrinches de los chicos en un avión

Viajar con chicos puede ser problemático: pasan varias horas en un espacio cerrado, donde tienen poca libertad de movimiento
Viajar con chicos puede ser problemático: pasan varias horas en un espacio cerrado, donde tienen poca libertad de movimiento Crédito: Shutterstock
Amy Tara Koch
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4 de enero de 2019  • 00:22

Con frecuencia, volar con niños pequeños es una actividad muy tensa. Los niños son impredecibles, y lo son mucho más cuando están encerrados en un espacio estrecho. El estrés de tratar de calmar a un pequeño que grita suele aumentar gracias a las miradas acusadoras de los compañeros de vuelo.

Aunque no existe un manual para el manejo de la irritabilidad de los niños a 9000 metros de altura, los pediatras expertos en conducta y la Asociación de Sobrecargos ofrecen ideas para evitar, o al menos contener, las rabietas.

Según Margaret Nickels, psicóloga clínica infantil y exdirectora del Centro del Instituto Erikson para los Niños y las Familias en Chicago, la preparación es clave para prevenir. Ella les enseña a los padres a atender los factores que provocan estrés en un viaje en avión (el encierro en un lugar pequeño, la falta de control y la interrupción de la rutina) antes de dirigirse al aeropuerto.

Explicar lo que sucederá

¿Su consejo? Cuando se trata de niños mayores de dos años, conviene conversar con ellos sobre las experiencias sensoriales –que pueden ser abrumadoras– relacionadas con los viajes en avión, de manera que ellos sepan qué esperar. "A los niños les gusta lo predecible", explicó Nickels. "Hazles saber que deberán estar sentados durante periodos largos, que escucharán ruidos extraños, sentirán saltos, usarán un cinturón de seguridad y se sentarán cerca de desconocidos".

Según Nickels, esta conversación reducirá la ansiedad y ayudará a los padres a recordarles la charla cuando el niño se ponga ansioso: "¿Recuerdas cuando hablamos de que debes usar el cinturón hasta que el piloto nos diga que podemos desabrocharlo?".

Dicho esto, los padres deben prepararse para las rabietas (en plural) con sobornos. Empaca calcomanías, marcadores nuevos (los que tienen aroma funcionan muy bien), un juguetito que le guste a tu pequeño y golosinas especiales, como el dulce favorito de tu hijo, para parar en seco una rabieta que apenas comienza.

Lo importante, sobre todo con los más pequeños, es explicarles qué está sucediendo, qué son los ruidos que escuchan, por qué hay que quedarse con el cinturón puesto
Lo importante, sobre todo con los más pequeños, es explicarles qué está sucediendo, qué son los ruidos que escuchan, por qué hay que quedarse con el cinturón puesto Crédito: Shutterstock

Christopher Young, director médico de Wellmore Behavioral Health y profesor de práctica clínica en la facultad de Psiquiatría de la Universidad de Yale, enfatiza la importancia de establecer los límites antes del viaje.

"Con un bebé no hay muchas opciones para razonar", dijo. Solo asegúrate de que esté cómodo y bien alimentado. Con los niños mayores puedes establecer límites durante el vuelo aludiendo razones de seguridad. Por ejemplo, "El capitán ordena que tengamos el cinturón abrochado durante el vuelo, dice que es peligroso correr por el pasillo y que patear los asientos lastima a las personas". Pero Young aconseja ofrecer alternativas positivas al "no" (¿Quieres colorear, leer un libro, o jugar ahorcados?) para redirigir rápidamente la atención del niño.

Un hecho de la paternidad: los niños se aburren fácilmente. Una estrategia que se recomienda es mantenerlos ocupados para que no reaccionen a las limitaciones espaciales del entorno. Los padres deben estar armados con libros, juegos apropiados para su edad (libros para colorear, Legos, muñecos) y aparatos electrónicos.

Distraídos, pero no desconectados

Sin embargo, no se trata de que los saques, los pongas sobre la bandeja plegable y te sumerjas en Netflix. ¿Por qué? Nickels advierte que: "Los padres que se desconectan crían hijos que se portan mal. Debes mantener la atención de tu hijo. Haz que se distraiga con la lectura, las calcomanías, el dibujo y convierte el momento del refrigerio en una actividad, no en un detalle". Otro posible campo minado es el hambre. Puesto que un niño hambriento es voluble, resulta fundamental que lleves alimentos fáciles de transportar (uvas, palitos de queso, galletas o barritas) y tenerlos a la mano para mantener la glucosa en su sangre a un nivel óptimo.

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En cuanto a los electrónicos, resulta muy tentador hacer que el iPad u otra tableta funcionen como la niñera de turno, pero el acceso ilimitado a los aparatos electrónicos puede ser contraproducente. Young apunta que atiborrarlos de electrónicos puede provocar mal genio y berrinches. Nickels coincide: "Los niños no pasan de la absorción digital a la realidad con rapidez". Sin los descansos obligados por los padres, los niños caen en un aturdimiento en el que ignoran el hambre, la sed, la necesidad de ir al baño y el cansancio.

Luego, cuando se apaga el aparato, entran en "modo angustia", un término especializado para describir el descontrol. Para evitar la sobrestimulación, establece límites de uso antes de entregar la tableta: "Puedes ver dos caricaturas y luego tomar un refrigerio y leer un rato".

Las recompensas pueden estimular la buena conducta. Nickels es fanática de la bolsita de premios. Ella aconseja llenar una bolsita con cuatro sorpresas que se entregarán en cuatro momentos específicos a lo largo del vuelo. Deja que tu hijo sepa de la existencia de la bolsita de premios, pero no le digas lo que contiene. Así puede enfocarse en un objetivo. Los aparatos electrónicos también pueden servir como recompensa por la buena conducta. Puede ganarse un tiempo con los dispositivos, si antes pasa "X" cantidad de tiempo haciendo otras actividades.

Tener en cuenta a los demás pasajeros

Desde luego, las estrategias anteriores no son infalibles. Entonces, ¿qué hacer si tú eres el padre de un hijo que ha entrado por completo en modo rabieta? No se puede culpar al resto de los pasajeros por molestarse, en especial si los padres no atienden la situación. De acuerdo con Sara Nelson, presidenta de la Asociación de Sobrecargos-CWA, los pasajeros serán más empáticos si ven que tratas de calmar el berrinche. Así que levantarte y decir algo como: "Perdón por la molestia que causa mi hijo, por favor tengan paciencia", puede ser útil.

Es importante mantener a los chicos descansados y bien alimentados, pero sin sobreexcitarlos
Es importante mantener a los chicos descansados y bien alimentados, pero sin sobreexcitarlos Crédito: Shutterstock

No obstante, en ocasiones la situación puede volverse hostil. En un vuelo de Jet Blue de Miami a Boston, una pasajera cercana le reclamó a Becca Schoen cuando su hija Leah de 15 meses de edad se puso inquieta y comenzó a llorar. Schoen recuerda lo siguiente: "Mi hija no había tomado su siesta y estaba exhausta. Yo estaba tratando de calmarla (meciéndola mientras caminaba por el pasillo) y luego de que me senté, justo cuando Leah estaba comenzando a calmarse, una mujer se dio la vuelta desde la fila de enfrente y dijo: ‘¡Esto es inconcebible! ¡Tienes que comenzar a pasearla de nuevo!’. Yo estaba muy mortificada. Volví a la parte trasera del avión con la bebé y comencé a llorar".

En una situación agresiva como esta, Nelson sugiere pedir ayuda a los sobrecargos. "Los sobrecargos están capacitados para reducir el escalamiento de los conflictos", comentó. "Pueden cambiar de lugar a una familia, ofrecer alimentos o bebidas extras al pasajero frustrado o intentar razonar con el niño".

Incluso si tu hijo todavía no ha dicho ni pío, algunos padres se adelantan al conflicto ofreciendo bolsitas de obsequios a sus compañeros de vuelo con una nota linda disculpándose de antemano por la indisciplina. Todo el mundo se enteró de aquella vez cuando George Clooney y su esposa Amal entregaron audífonos inalámbricos antiruido a toda la cabina de primera clase en un vuelo en el que viajaban con sus pequeños gemelos en 2017.

Sin embargo, un regalo menos deslumbrante también funciona. Cambi Clarke preparó bolsitas de regalo para los pasajeros de la fila de adelante, la fila de atrás y los asientos del pasillo cercanos al suyo; en ellas había una nota de disculpa junto con un chocolate, tapones para los oídos y un refrigerio. "No quise ser la madre que todo el mundo odia", dijo Clarke. "Fue una medida preventiva que me hizo sentir menos ansiosa".

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