Abre la temporada de terrazas: ¿qué vinos y espumantes son ideales para beber a cielo abierto?

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Joaquín Hidalgo
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23 de noviembre de 2018  • 13:16

Una cosa es ver la puesta de sol en avenida Corrientes, cuando el sol encandila el asfalto e irradia en los edificios calientes, y otra muy distinta es estar en una terraza, treceavo piso o más, y el sol hundiéndose en al fondo de avenida Córdoba cuando el viento te despeina apenas. Mejor aún: en esta segunda postal de la ciudad, un vino perfumado y frío te refresca el paladar.

Puede ser esa terraza –la del Sky Bar, por ejemplo– o cualquier otra. El efecto se cumple siempre que la copa sea incitante y el cielo se vaya cubriendo de estrellas. Es que a menos de un mes de que empiece el verano, la temporada de terrazas está oficialmente abierta y hay que darse el gusto.

Milion, Dome Roof Top Bar, La Panadería de Pablo en Zona Norte. No importa el lugar, una copa de vino blanco o espumoso puede cambiarle el color a cualquier final de tarde. Si estás entre los afortunados que tienen patio o terraza, mejor aún. ¿Ahora bien: todos los vinos de ese tipo funcionan para refrescar el paladar?

Delgados y refrescantes

La buena noticia es que nuestro mercado ofrece buena relación calidad precio para ver el cielo en las copas, dentro de los estilos delgados y refrescantes. Así son los vinos de zonas frías y cosechas justas o tempranas. Algo que comienza a abundar en la góndola local y que, para mejor dato, son los vinos del año: es decir, 2018 para esta temporada, algún que otro 2017.

La razón por la que estos vinos ganan hoy terreno hay que buscarla en dos vertientes claras. Por un lado, las bodegas están desarrollando vinos de climas más fríos –por altura o corriendo la frontera austral–. Por otro, y según mi propia experiencia como catador en los últimos 15 años, porque ahora se elaboran vinos con una madurez menos avanzada que se traduce en sabores más expresivos y frescos. Justo lo que se necesita a la hora de dejarse llevar por la última hora de la tarde y acompañar un tapeo sencillo.

En este pelotón mandan los Sauvignon blanc en primer término, seguido de los Pinot Gris. Al alcance del bolsillo, buenos ejemplares son los Sauvignon Blanc entre tropicales y herbales como Portillo (2018, $140), Goyenechea Centenario (2018, $210) y Alambrado (2018, $270). En cuanto Gris, los mejores resultan Vuelà (2018, $300) y Domaine Bousquet (2018, $300). En todo caso, los afortunados que lo consigan, agenden Finca La Colonia Grüner Vertliner (2018, $250), con sabor multifrutal y rica acidez.

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Frutados y off dry

Esta categoría crece notablemente en el mercado. Son aquellos vinos que ofrecen una aromática frutal, de expresión intensa y una entrada de paladar que, sin ser seca ni dulce, ofrece una entrada sucrosa. A eso se le llama off dry –no secos, sería la traducción–en términos de cata.

En materia de etiquetas, vas a ver que hay un amplio grupo de vinos llamados White Blend o Blanc de blancas. Dale una chance a su paladar amplio, goloso y de frescura moderada, que en la mayoría de los casos está elaborado con base Chardonnay. Así son, por ejemplo, el flamante Famiglia Bianchi White Blend (2018, $320), Alma Mora White Blend (2017, $179), Aguijón de Abeja (2018, $280) y Kaikén Estate (2018, $245).

Pero los amantes del Chardonnay a secas tienen una oportunidad de oro con las terrazas y estos vinos de paladar amplio y delicioso. Entre los que vale la pena conocer, Esmeralda (2017, $250) luce nueva etiqueta, Eugenio Bustos (2017, $140) y el fresco y delicado es a su vez un fuerte de la relación calidad precio, y La Linda Unoaked (2017, $279), francamente delicado. Cualquiera de ellos le sumará sabor a una picadita al aire libre.

Burbujas y estrellas

Sin embargo, a la hora de darse un gusto en la terraza, sea propia o ajena, no hay nada que mejor la sensación chispeante de las burbujas. No en vano, cuando el monje Dom Pérignon dio con el método para elaborarlas, aseguró estar "bebiendo estrellas".

En plan burbujas nuestro mercado ofrece una amplia gama de sabores terraceros que, en el mejor de los casos, van desde la sequedad plena a un sutil dulzor. Eso sí: para hacer rendir la inversión no hay que ir por nada ningún champenoise –aquellos que fueron fermentados en botella– sino concentrarse en el resto, los que no dicen nada sobre le método de elaboración. Conocidos como charmat, estos vinos son más accesibles y de expresión abierta.

Buenas inversiones, de bajo riesgo y precio para ver caer la tarde, son los frescos y expresivos Navarro Correas Brut Nature ($259), Pascual Toso Brut Nature ($279) y Norton Cosecha Especial ($300). Ellos forman una avanzada de frescura seca y delicada, que se completan con Chandon Brut Nature ($350), mismo estilo aunque apenas arriba en precio.

Pero si por esas cosas de la vida el atardecer te encuentra sin terraza y la noche es el recorte de luz en tu ventana, aún queda un consuelo para las noches de calor: beberse cualquier de los vinos hasta aquí mencionadas. Quizás el verano convierta el cielo raso en noches abiertas.

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