Abuelos viajeros. Son cada vez más los que se van solos con los nietos

Vitales y con una relación de más cercanía, se animan a irse con adolescentes o chicos
Vitales y con una relación de más cercanía, se animan a irse con adolescentes o chicos Fuente: LA NACION
Vicky Guazzone di Passalacqua
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28 de diciembre de 2019  

Le hubiera gustado hacerlo antes. Pero a los 63 años, ya jubilada y con más tiempo y recursos, Elva Pesir finalmente encontró el momento para viajar con sus tres nietos. Tras un año de planificación, partió rumbo a Miami, Orlando y Disney con Julieta (21), Tiago (17) y Lautaro (15). La experiencia tuvo un balance muy positivo: "Desde antes de comenzar el viaje nos dividimos tareas; uno hacía de GPS, otro controlaba las valijas, otro organizaba las comidas, y así cada uno tenía una responsabilidad y nos ayudábamos entre todos. Con buena comunicación y educación, se logró una experiencia divina". Entre playa, juegos, shopping y comidas compartidas generaron momentos y conversaciones para el recuerdo, ampliando los códigos y anécdotas de un vínculo único.

"Considero que estos viajes son una tendencia en alza, porque los abuelos son cada vez más vitales y de espíritu joven", apunta Elva. Y según un informe realizado por el sitio de reservas Booking.com, está en lo cierto. A partir de un estudio sobre las preferencias de los viajeros para el 2020, la empresa recabó que un 56% de los abuelos argentinos ya viajó alguna vez con sus nietos y piensa repetirlo, en tanto un 29% aún no lo hizo pero lo tiene en los planes próximos. Además, quedó asentado que viajar en compañía de los nietos es considerada por el 83% como "una gran experiencia que les permite construir una relación más fuerte", a la vez que un 76% considera que pasar tiempo con los chicos los mantiene jóvenes.

Otra de las razones fuertes de esta tendencia es permitirles a los padres un rato de descanso y un tiempo solos (según el informe de Booking, es el pensamiento de un 72%, y por eso un 56% piensa tomarse vacaciones con sus nietos en 2020). Esto es especialmente fuerte en los matrimonios con hijos chicos, como es el caso de la hija de Mónica y Carlos Franco, madre de dos niños de 5 y 8 años que sus abuelos se llevaron este año a Punta del Este por una semana. "Debo admitir que tuvimos un poco de miedo al comienzo, sobre todo de que los chicos extrañaran por las noches, pero están tan acostumbrados a quedarse a dormir en casa que no hubo problemas", relata Mónica.

Tardes de waffles, caminatas por el centro y zambullidas en el mar calmo de la Mansa son algunas de las anécdotas que iniciaron lo que esperan sea un ritual a repetir. "El mayor, Manuel, ayudó mucho a convencer al menor cuando por ejemplo no quería bañarse o comer algo. Y Benicio le ponía entusiasmo a todos los juegos o actividades que proponíamos. Formamos un buen equipo", evalúa.

Para Liliana y Alfredo Rodríguez, la distancia entre Cipolletti, donde viven, y Neuquén, donde residen sus nietas Clara, Emma y Guillermina, fue el primer incentivo para un viaje con la mayor. Es que las tardes de juegos post colegio y algunos fines de semana, alejadas de los padres, sirvieron de práctica para animarse a extender los kilómetros y llegar hasta San Martín de los Andes por una semana. "Somos abuelos de 70 años, pero nos mantenemos activos. Clara en ese momento tenía 8, y fue una experiencia muy agradable para ambas partes. Disfrutamos sobre todo divertirnos en la habitación antes de ir a dormir", recuerda con alegría Liliana. De esta primera aventura surgió la certeza de que vale la pena animarse y dedicarles tiempo a las chicas sin padres de por medio, creando un vínculo único con códigos propios. "El año que viene planeamos un nuevo viaje con las dos más grandes", anticipa.

Recomendaciones claves

Aunque el balance casi siempre termina siendo positivo, al momento de viajar con nietos pequeños también es importante tener en cuenta algunas cuestiones. Según la psicóloga especializada en niños Maritchu Seitún, lo mejor es empezar por programas tranquilos, que no exijan mucha velocidad ni trámites. Caso contrario, la experiencia se vuelve estresante. A la vez, el número ideal para comenzar con estas prácticas son los 4 años. Una edad en la que el niño entiende, hace caso y resuelve bastantes cosas por sí solo, como vestirse. "Tenemos el corazón joven pero no necesariamente el cuerpo, y llevarse un chico de menos de 3 años te puede arruinar el viaje, porque se cansa, no duerme bien, se tira al piso y tiene otro ritmo", apunta. En este sentido, una buena táctica que emplean varias familias es hacer viajes por camadas, reuniendo por ejemplo a los nietos que ese año cumplen 9, y llevándolos entre primos, con una misma edad y similares inquietudes.

Sobre si los abuelos malcriadores deben tener cuidado de poner límites en tantos días de convivencia, Seitún disiente: "Hoy el abuelo ya no es malcriador, porque los papás están permisivos, y no les dan ese espacio. Por eso mismo creo que está buena la idea de estar solos con los nietos, porque les da la oportunidad de hacer un poco de todo, algo de mimo y algo de reto cuando hace falta". Dado que los abuelos no pueden educar a los chicos como los padres no lo hacen (en especial si son flexibles con los límites), puesto que los chicos los terminarían resintiendo y no queriendo verlos, el mejor encuentro está a mitad camino entre lo permisivo y lo autoritario, con mucha empatía y también muchas preguntas.

Elva Pesir, de 63, viajó a Miami con sus tres nietos: Lautaro (15), Tiago (17) y Julieta (21)
Elva Pesir, de 63, viajó a Miami con sus tres nietos: Lautaro (15), Tiago (17) y Julieta (21) Fuente: LA NACION

La última sugerencia es mantener bajas las expectativas. "No se ilusionen con que los nietos van a agradecer y colaborar. Los chicos son chicos y tienden a dar todo por sentado, si esperamos que vuelvan diciendo que fue el viaje de su vida puede no pasar, porque a lo mejor hubieran disfrutado más jugando a la Playstation". Con expectativas bajas no hay lugar para la frustración.

Grandes responsabilidades

Cuando los que se van son nietos ya adultos, podría decirse que los que más ganan son los mayores. "Para mi abuelo Aníbal, estos viajes fueron lo que lo mantuvo vivo los últimos 10 años", sostiene Florencia Laballos. La dupla comenzó sus travesías en 2006 y ya pasó por Turquía, Guatemala, México, Cuba, Brasil, Sudáfrica, El Salvador, Grecia y Aruba, y aunque por estos días frenaron un poco dado el cansancio de Aníbal, de 93 años, lo que se instauró fue un antes y un después en su relación. "Nunca había compartido tanto con él. Tuvimos largas y hermosas charlas en las que hablamos de nuestra historia familiar, y además formábamos un equipo en el que nos cuidábamos mutuamente. Creo que lo rejuveneció un montón", detalla la nieta. Y es que además del viaje en sí, la planificación comenzaba varios meses antes, dándole a Aníbal un propósito de investigación y búsqueda, aprendiendo de la historia del lugar para luego poder ser el mejor guía posible para su nieta.

Con nietos adultos, las responsabilidades cambian. Para Florencia, en este caso, consistieron sobre todo en tener siempre presentes las características de su compañero de viaje, eligiendo así hoteles de fácil movilidad, excursiones aptas para todo público y formatos de viaje en los que sentirse cuidados. Para Fernanda Soulé, que hace unos años fue la encargada de acompañar a su abuela Mary (o Tato, como le dicen) en su primer viaje en avión y fuera del país, la clave fue hacerla sentir cómoda, pero encontrando un punto de equilibrio para los ritmos de ambas: "Nos fuimos a España y recorrimos caminando y en metro para todos lados, pero si se quería quedar a dormir la siesta lo hacía, nos adaptamos fácil". También supo dejar lugar para las sorpresas, algo que cree que se atesora por siempre: "Una mañana le hice algo que siempre había soñado que me hicieran a mí; le dije que se levantara, que agarrara el pasaporte porque la llevaba a otro país, y así fuimos también a conocer Lisboa, en Portugal".

Con una abuela más bien callada, asegura que tuvo muchos momentos en los que se preguntaba si la estaría pasando bien, pero le bastó volver y verla pasear por todos lados con el álbum de fotos impreso en la cartera para corroborar que lo había disfrutado tanto como ella. "Está feliz de que los jóvenes le demos bolilla, y a mí me encanta viajar juntas y aprovechar para preguntarle cosas, cuestiones para las que en la vida diaria nunca hay tiempo, ya que en la rutina ni siquiera te dan ganas de hablar por teléfono. A mis 43 años, cada minuto que paso con ella me siento afortunada", sintetiza.

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