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Ecología

Además del Amazonas. Qué otros pulmones verdes existen en el planeta

Lucia Tornero
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2 de octubre de 2019  • 15:31

Lo que conocemos como los "pulmones verdes" del planeta son indispensables para la vida de los seres humanos. Exactamente, ¿a qué se llama pulmones verdes? En realidad, es como un nombre de fantasía que se les asigna a grandes espacios donde se genera oxígeno y se almacena dióxido de carbono. Si lo pensamos, en realidad, es la función contraria a los pulmones humanos, pero, en definitiva, nos permiten respirar. Y se les designó ese nombre como una manera de concientizar y acercar al ciudadano una problemática extremadamente grave.

Los recientes (y muy tristes) sucesos ocurridos en el Amazonas levantaron la alerta en todo el mundo. Las noticias que comenzaron a circular en redes sociales y portales hablaban del peligro que estaba corriendo el Amazonas, uno de los pulmones verdes del planeta (que, según estimaciones -porque no hay cuantificaciones específicas- produce el 20% del oxígeno del planeta). Y esto llevó a preguntarnos: ¿cuáles son los otros pulmones del planeta? ¿Qué peligros corren? Y, sobre todo, ¿podemos hacer algo?

En realidad, primero tendríamos que entender en dónde radica la importancia de que existan estos lugares, o sea, los grandes bosques del planeta. En pocas palabras (pero grandes acciones), ayudan a regular los patrones meteorológicos, previenen las inundaciones y la erosión del suelo, conservan el suelo y la atmósfera y proporcionan alimento, agua, hábitat y refugio, tanto para el ser humano como para innumerables especies de animales. Y, además, proveen una gran multitud de productos.

Zona de peligro

En un principio (hace unos 10.000 años, allá por la Era del Hielo) los bosques ocupaban, aproximadamente, el 80% de la superficie del planeta. Pero con la evolución y acción del hombre comenzó la deforestación. Y fue creciendo. Hasta el punto de que los bosques cubren entre un 25% y un 35% de la Tierra. ¿Cómo llegamos a esto? Con la desaparición anual de alrededor de 13 millones de hectáreas de bosques nativos del mundo, lo que equivale a una vez y media la ciudad de Buenos Aires por día. Alarmante, ¿no?

Una cosa a saber es que si los árboles almacenan carbono, al cortarse, lo liberan. Y entonces, dado que la tasa de deforestación es tan alta, terminó convirtiéndose en una de las actividades más emisoras de gases responsables del cambio climático. Y la verdad, no venimos bien en el tema. En 2018, según el Global Forest Watch, se registró la pérdida de 12 millones de hectáreas de cobertura arbórea en el trópico (la cuarta pérdida anual más grande desde que se tiene registro). Y aún más preocupante es la desaparición de 3,6 millones de hectáreas de bosque primario (un área del tamaño de Bélgica) que son ecosistemas extremadamente importantes porque sus árboles datan de cientos e incluso ¡miles de años! Y, por ende, almacenan más carbono que los demás bosques. Es muy probable que nunca vuelvan a su estado natural.

Otra de las principales amenazas de los bosques tiene que ver con los incendios forestales. Y puntualmente, si se trata del Amazonas, hay una certeza: no se prendió fuego solo. En Brasil, las estadísticas son dramáticas: según el INPE, desde el comienzo del año ha habido más de 75.000 incendios forestales, un aumento del 84%, en comparación con el mismo período del año anterior.

Pero ¿qué hay detrás de los incendios y la tala de bosques? ¿Por qué ocurren? Si viajamos al pasado, a principios del siglo XX, podemos observar que la demanda de carne aumentó considerablemente. Entonces, esas áreas comenzaron a quemarse y a talarse para dar paso a la ganadería, una de las principales causas de la pérdida de bosques.

Con los años, las técnicas de producción agrícola-ganadera se han masificado. Al punto que se estima que, según reportes de Greenpeace, el 60% de todos los mamíferos del planeta son ganado, mientras que solo el 4% son salvajes (y el otro 36% somos nosotros, los seres humanos).

Se estima que la agricultura, la ganadería y la deforestación contribuyen a una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y la cría de animales es responsable del 60% de las emisiones.

¿Cuáles son los pulmones?

  • El Amazonas. Es la selva tropical más extensa del mundo. La importancia global de la Amazonía (como también se la llama) es indiscutible. En sus 6,7 millones de km2 (dos veces y media la superficie de Argentina), habita el 10% de las especies del mundo. Está repartida entre nueve países: Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa. Brasil posee la mayor superficie, alrededor de dos tercios de los bosques tropicales, un área mayor que la de Europa occidental. Y además, actúa como un regulador de las temperaturas (por eso es considerado un verdadero pulmón del planeta). Pero hace poco más de un mes, la imagen del Amazonas era otra. Troncos de árboles carbonizados. Animales muertos o expulsados. Por suerte, la presión de la comunidad internacional se hizo sentir y el Gobierno de Brasil decidió enviar fuerzas militares para ayudar a los bomberos locales que venían exponiéndose a llamas descontroladas.

  • La cuenca del Congo. El segundo bosque tropical más importante del mundo se encuentra en la cuenca del Congo y abarca 172 millones de hectáreas, almacenando el 8% del carbono del planeta. Se extiende a lo largo de Camerún, República Centroafricana, Congo Brazzaville, República Democrática del Congo, Guinea Ecuatorial y Gabón y allí viven unas 40 millones de personas. Y en una seguidilla de cifras alarmantes, sabemos que solo el 8,5% de las selvas vírgenes del Congo se encuentran protegidas. De hecho, la superficie cedida para la extracción de madera es de 50 millones de hectáreas (o sea, un área del tamaño de España). Cerca del 85% de este bosque primario fue destruido. Y todo parecería indicar que las amenazas continuarían de manos de la industria maderera, que opera muchas veces de manera ilegal. Las estimaciones de deforestación para el año 2050 indican que solo desmontando el bosque de la República Democrática del Congo liberaría 34.400 millones de toneladas de CO2.

  • Taiga: el bosque boreal. Son bosques de coníferas que cubren vastas extensiones del hemisferio norte, comprendiendo Canadá, Alaska, Escandinavia y Rusia, y resultan en un importante sumidero de carbono. Se trata de la mayor masa forestal del planeta y, por ejemplo, solo en Canadá, almacenan 186 millones de toneladas de carbono. Estos ecosistemas son especialmente sensibles debido al equilibrio climático que está amenazado. Lo que para muchos sería su peor pesadilla (inviernos fríos y largos), para ellos es fundamental para subsistir. Además, están especialmente amenazados por la tala industrial que busca alimentar la demanda de madera y papel. Y, al igual que en los tropicales, también hay muchísimas comunidades y especies que viven allí y que se quedarían sin hogar.

  • Bosques de Borneo y Sumatra. Este tipo de bosques son una verdadera maravilla de la biodiversidad porque en ellos hay más plantas y animales que en cualquier otro lugar del planeta. Todo el año hay temperaturas superiores a los 18 °C y el agua abunda. En definitiva, se dan las condiciones para que cualquier criatura, animal o vegetal, pueda prosperar. El pulmón verde que comprende el bosque tropical de la región del Sudeste Asiático de Borneo y Sumatra, dos islas de Indonesia, está cada vez más en peligro. ¿Por qué? Por el tan buscado aceite de palma presente en productos de cosmética, higiene y alimentación (un ingrediente primordial de esa pasta de avellanas y cacao tan tentadora, ¿te suena?). Sus plantaciones son el mayor causante de la deforestación en este país. Desde 1990, 31 millones de hectáreas, una extensión casi del tamaño de Alemania, han sido destruidas. Según un informe de Greenpeace, 25 empresas explotadoras de aceite de palma -20 de las cuales están vinculadas con marcas internacionales- son responsables de la deforestación. Desde la World Wildlife Fund (WWF), afirman que si la destrucción continúa avanzando a este ritmo, las dos islas de Indonesia (las dos mayores selvas tropicales del planeta) perderán totalmente su superficie selvática para 2020.

¿Qué se puede hacer?

  • Antes que nada: informarte. El conocimiento es poder y te permite actuar sobre un montón de cuestiones. Eso puede llevarte a cambiar tus hábitos. La del planeta es un tipo de revolución que puede empezar desde lo individual. Para cuidar los pulmones del planeta, reducí el consumo de carne (no es necesario que comas todos los días). Unite a movimientos como #meatlessmondays, por ejemplo, si necesitás motivación o acompañamiento. Planteá desafíos con tus amigas o compañeros de trabajo.
  • Si comprás productos de madera o papel, asegurate de que tengan el certificado de FSC. Es una garantía de madera legal y sostenible, cuya extracción no afecta los procesos naturales del bosque.
  • Y por último, usá tu poder. ¡Desparramar conciencia hoy está a un clic de distancia! Usá las redes sociales para informar a otros sobre la importancia de preservar estos ecosistemas. Su desaparición no solo afectaría a las comunidades que viven en ellos, sino también a nosotros, a tus hijos, tus nietos... Cuánto más unidos, más fuerte el poder; más fuerte estaremos gritando por un planeta sano y vivo.

Experto consultado: Manuel Jaramillo. Director general de Fundación Vida Silvestre.

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