Afganistán, puertas adentro

La fotógrafa estadounidense Paula Bronstein pasó siete largos años retratando la vida cotidiana de uno de los lugares más castigados del globo. Según sus propios colegas, sus imágenes constituyen uno de los más valiosos testimonios sobre la realidad de ese país
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5 de octubre de 2008  

PERPIGNAN, Francia.- Paula Bronstein es una mujer pequeña, el pelo largo y rubio. El ligero maquillaje que usa no disimula algunas arrugas, marcas que denotan el trabajo que hace. Esas mismas huellas surcan los rostros de muchos de los fotógrafos que han asistido al XX Festival de Fotoperiodismo Visa Pour L´Image, en Perpignan, a fines del verano francés.

Son marcas del sufrimiento. Es el reflejo de los hechos terribles que han presenciado cubriendo las historias más dramáticas del panorama mundial en los últimos años.

Paula tiene 54 años y su muestra Afganistán, una paz frágil fue una de las más elogiadas por los casi tres mil fotógrafos, editores y periodistas que concurrieron a esta pequeña ciudad, sede del evento más importante del fotoperiodismo mundial.

En el comedor del Hôtel de France, desayuna café espresso con pan, manteca, jamón español, varios quesos franceses que súbitamente saca de una bolsita de supermercado. Luego pide otro café doble con leche, mordisquea una feta de jamón, y finalmente accede a contestar algunas preguntas de LNR.

-¿Por qué decidió hacer un trabajo tan extenso sobre Afganistán, y cuáles fueron las dificultades que enfrentó en el terreno, sobre todo teniendo en cuenta su condición de mujer?

-Fui porque era la noticia del momento. Estados Unidos comenzó, después del 11 de septiembre de 2001, su guerra contra el terrorismo. En diciembre entré desde el sur del país. No es un gran problema tomar fotos en Afganistán. No más que en otra parte del mundo. Soy consciente de mi condición de mujer con una cámara, haciendo fotos en un ambiente básicamente masculino. No he podido acceder a algunos lugares específicos; mesquitas, por ejemplo. Pero hay muchas mujeres fotógrafas que han hecho un gran trabajo en Afganistán. Por otra parte, no sería posible conseguir algunas fotos si no fuera mujer. He visitado hospitales y cosas terribles. Mujeres quemadas que seguramente nunca mostrarían sus heridas a un hombre. Pero me doy cuenta de que una es una presencia bastante inusual, y actúo con cuidado.

-Este ensayo le llevó siete años de trabajo. ¿La fotografía es para usted una profesión, una pasión o una misión en la vida?

-Para mí, este trabajo es una obsesión. Definitivamente, no es sólo una profesión. Hago grandes sacrificios por mi carrera. No tengo hijos, nunca me casé. Mi trabajo es mi pasión, mi amor. No lo llamaría una misión. Mi misión es otra cosa: es la próxima historia que voy a cubrir. Y para una mujer es más difícil. Si se les pregunta a los hombres que están en este festival si tienen novia o esposa, la mayoría de ellos dirá que sí. Mientras que para las mujeres es casi imposible tener una relación estable con la clase de vida que llevamos. Mi trabajo es un desafio cada mañana. Siempre pienso cómo hacer mejores fotos. Me torturo pensando en aquellas imágenes que no logré o que podría haber hecho de otra manera.

-¿Cómo ve la situación en Afganistán en la actualidad?

-En permanente deterioro. En agosto mataron a diez soldados franceses en una emboscada. Enviar más tropas no va a mejorar la situación, pero no hay una solución mejor a la vista. Todo el esfuerzo militar estuvo concentrado en Irak, mientras los talibanes se fortalecían en Afganistán. Si Obama gana las elecciones, será como un nuevo amanecer. Un hombre que es respetado en todo el mundo. Y él ha dicho que reforzará la presencia militar en Afganistán. Yo quiero seguir documentando, y sin seguridad es muy difícil lograrlo. ¿Cómo llegar a esos lugares a los que quiero ir si no hay seguridad? Los talibanes me matarían al instante.

Paula se mueve hacia otra mesa del comedor para hacer una llamada desde su computadora. Veo que tiene como fondo de pantalla la fotografía de una jovencita, una adolescente acostada sobre un pequeño tapete. Las quemaduras cubren casi todo su cuerpo.

-Uno de los temas más dolorosos que pueden verse en su trabajo sobre Afganistán es el de la autoinmolación de las mujeres...

-Empecé la historia en 2004 y la continué en 2006. Me gustaría volver y ver cómo es la situación ahora. Es un fenómeno que crece en la sociedad afgana. Para las mujeres, es la única manera de escapar de una circunstancia desesperante. Están todo el tiempo en la cocina. Ya no quieren ser hermosas. Tal vez fueron casadas en contra de su voluntad a los 14 años. Quizás el marido se fue, o tiene un empleo en otra parte. Están atrapadas en la familia de su esposo, sin educación. No tengo la seguridad de que quieran autoinmolarse. Tal vez lo hacen para llamar la atención, sin darse cuenta de las terribles consecuencias de ese acto. Sería mucho más fácil para ellas conseguir un arma y pegarse un tiro en la cabeza. Es una situación muy difícil. Los tratamientos en los hospitales son muy caros. La familia tiene que hacerse cargo de las medicinas. El cuerpo debe untarse con cremas costosísimas todos los días.

-¿Cuándo considera que un trabajo está terminado?

-Es una suma de factores. Depende si es una noticia o un reportaje. Yo busco mis propios temas para trabajar. Tal vez no sean impactantes en el momento, pero siempre habrá un editor que encuentre algún interés en lo que hago. Hay muchas fotografías muy duras sobre Afganistán circulando. Yo tengo que buscar la forma de encontrar historias que lleven la atención hacia otros temas. Eso es lo que más me gusta: observar por los costados de las grandes noticias. No soy una fotógrafa de guerra. Mi tema es la gente en su vida cotidiana. Por ejemplo, los niños que no pueden ir normalmente a la escuela y deben mendigar en las calles. No es una noticia, pero es una historia de amor, es algo universal. Hay muchas historias como ésa en Kabul.

-¿Qué hace cuando no toma fotos?

-Trabajé varios años como instructora de esquí. Estuve en Chile y en Nueva Zelanda. Me gusta la montaña. Vivo en Bangkok ahora y nado casi todos los días. Trato de mantenerme en forma, porque los fotógrafos son mucho más jóvenes que yo. En una cobertura las cosas pueden volverse realmente peligrosas. Y cuando hay que correr, hay que hacerlo rápido. Encontré mi vocación cuando estaba por cumplir los 30 años. Me doy cuenta de que hay muchos fotógrafos que ya están haciendo grandes trabajos y apenas tienen 30 años. Por suerte pertenezco al staff de Getty Images y puedo decidir qué reportajes hago. Una vida más normal sería ser fotógrafa de un diario en EE.UU., tener dos días libres a la semana, cumplir un horario… Eso no es para mí. Cubro una región donde suceden un montón de cosas constantemente.

-¿Cuáles deben ser las cualidades de un buen fotógrafo?

-Todo el mundo fotografía en estos días. Uno puede aprender lo básico mucho más rápido que hace quince años. Las cámaras digitales hacen todo más fácil. ¡Son tan buenas! Si se es un principiante, no es necesario aprender tantas cosas técnicas. Uno hace la foto e inmediatamente puede ver los errores que ha cometido. Pero un fotógrafo tiene que desarrollar un estilo, diseñar su estrategia, su ambición. Todos tienen ahora su sitio web, muestran su trabajo y ven el de los otros en tiempo real. Y si uno está interesado en lo que se está haciendo es fácil entrenarse a sí mismo.

-¿Cómo hace un fotógrafo como usted para lidiar con el sufrimiento?

-Trato de mostrar la realidad como la veo. Documento el sufrimiento, y sufro cuando veo tanta destrucción, muerte y dolor. Pero tengo que ser fuerte para estar alerta, narrar la historia y no sentirme afectada. No es fácil estar frente a un cuerpo de una persona muerta. Uno tiene que moverse, buscar el ángulo para hacer la mejor foto posible. Mi mayor cualidad es mi capacidad para relacionarme con la gente. Mi cámara es el medio para vincularme. Y eso se ve en mis fotos. Me relaciono fácilmente. No importa que uno no hable el mismo idioma. Los fotógrafos tenemos otro lenguaje para comunicarnos. Es una especie de "danza" diferente.

Agradecimientos:

  • Ambassade de France en Argentine
  • Cannon
  • Perfil

    Paula Bronstein estudió en la Universidad de Colorado, en EE.UU., donde obtuvo un máster en Bellas Artes, y luego, en el Instituto de Tecnología de Rochester, donde realizó una maestría en Fotoperiodismo.

    Después de trabajar en varios diarios de los Estados Unidos, en 1998 se mudó a Bang­kok y comenzó su carrera como free-lance cubriendo la región de Afganistán y Medio Oriente. En 2002 se unió al staff de Getty Images. Ha ganado numerosos premios, como Mejor Foto del Año, en el China International Press Photo Contest (2006-2007) y el Premio a la Excelencia, por su trabajo acerca de la autoinmolación de mujeres en Afganistán.

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