"Ahora tengo libertad": vendió todo y se mudó con su familia a una camioneta

Meg Ward, de 29 años, vendió sus muebles y su casa para emprender un proyecto distinto junto a su pareja Josh y su hija Marlowe. Ahora viven con la energía solar de su Mercedes Sprinter de 6,9 metros por 2 metros
Meg Ward, de 29 años, vendió sus muebles y su casa para emprender un proyecto distinto junto a su pareja Josh y su hija Marlowe. Ahora viven con la energía solar de su Mercedes Sprinter de 6,9 metros por 2 metros
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19 de noviembre de 2020  • 09:26

"Básicamente vivimos en un baño. Ese es el tamaño del espacio en el que vivimos", dice Meg Ward, de 29 años. Hace unos meses, ella y su pareja Josh vendieron su casa y sus muebles. Todo lo demás, "13 años de vida familiar", dice, se guardó en un almacén. Compraron una camioneta, algo que la pareja había querido hacer desde hace algunos años, y ahora viven en ella mientras viajan por Europa con su hija de cuatro años, Marlowe.

"Definitivamente estábamos asustados", dice Meg, recordando el momento en que tomaron un ferry a Francia, donde comenzó su nueva vida. La familia no está sola. Vivir y viajar en camionetas readaptadas se volvió cada vez más popular en Reino Unido en los últimos años, y es una moda que lleva años en Estados Unidos y Australia.

Además, la pandemia de Covid-19 parece haberle dado el impulso definitivo: la demanda de vehículos comerciales ha aumentado un 57% interanual, según Auto Trader. En una reciente encuesta, el sitio web encontró que más de la mitad de los compradores de camionetas nuevas dijeron que la querían para uso personal: para sus pasatiempos, viajes y también para reconvertirla.

Pero la tendencia está muy lejos de lo que solían ser las vacaciones en caravanas de la clase trabajadora. Una búsqueda de #vanlife en Instagram muestra más de ocho millones de publicaciones con camionetas elegantemente equipadas que incluyen comodidades de lujo o estacionadas en lugares hermosos, con las puertas traseras abiertas para enmarcar una puesta de sol en la playa.

"Hay dos tipos principales de clientes", dice Emily Cotgrove, que dirige Vanlife Conversions, una empresa de conversión de caravanas, con su socio Oli.

"Decidí que iba a hacer esta conversión por mi cuenta y con un presupuesto limitado", dice Chloe
"Decidí que iba a hacer esta conversión por mi cuenta y con un presupuesto limitado", dice Chloe

"Hay un mercado de gente de 25 a 35 años, que tal vez trabajan de forma remota y quieren viajar mientras trabajan. Es posible que vean que ahora pueden trabajar desde cualquier lugar", cree.

"Y el otro mercado objetivo son las generaciones mayores que en el pasado habrían estado buscando autocaravanas". Emily cree que el coronavirus ha acelerado la demanda de conversiones de camionetas a lugares de residencia por el auge del trabajo remoto.

"Antes de la pandemia, teníamos una lista de espera de seis a ocho meses. Ahora es de 18 meses", dice. "La gente se dio cuenta de que hay mucho que ver en Reino Unido y de que hay muchas formas de hacerlo", afirma. "Esto no se parece a acampar. Es efectivamente un apartamento sobre ruedas. Realmente sentís que es una forma lujosa de viajar".

Hágalo usted mismo

Para muchos, pagar por esa reconversión de la furgoneta es simplemente inasequible. Decenas de personas están optando por hacerlo ellos mismos, una opción que puede ser mucho más barata.

Durante el confinamiento, Chloe Nash, de 25 años, vendió su auto y compró un Citroen Berlingo de segunda mano. Durante años había querido hacerlo, pero no podía pagarlo. "Lo único positivo del Covid para mí es que logré ahorrar más", dice.

Meg, diseñadora web freelance, trabaja mientras viaja
Meg, diseñadora web freelance, trabaja mientras viaja

Durante semanas, pasó las tardes después del trabajo convirtiéndola. La aisló, forró los lados con alfombras y el piso con linóleo. Su compra más cara fue la cama, que tuvo que ser hecha a medida, y pagó unos US$750 porque dice que no tenía "las habilidades, ni las herramientas ni el tiempo" para hacerlo ella sola.

Chloe agregó una ducha que se conecta al mechero trasero de la camioneta y cuelga de la puerta de atrás. Bombea agua previamente calentada en la estufa. Todo el proyecto, excluyendo la camioneta, costó menos de US$1.300, estima. "Algunas personas me preguntaron si era una buena idea y ahora puedo confirmar que fue la mejor idea que tuve", asegura.

Libertad total

Chloe, que está escribiendo en un blog sus experiencias con la furgoneta, dice que el proyecto le dio más confianza en sí misma. "Comprar mi camioneta marcó una gran diferencia en mi vida", dice. "Ahora tengo libertad total".

Al igual que Chloe, Meg también se siente atraída por la sensación de libertad que brinda la vida en una camioneta, pero dice que además es una oportunidad para que su hija Marlowe tenga nuevas experiencias.

Meg habla con la BBC desde Portugal, donde han llegado en la Mercedes Sprinter de la familia que compraron y han convertido por unos US$50.000. "Me encantaba mi vida en Reino Unido, nunca sentí que escapara de nada. No es como si estuviéramos desesperados por dejar atrás una vida que no nos gustaba", dice.

"En Reino Unido, descubrimos que teníamos esos problemas que tienen muchos padres hoy en día: si le enseñamos a nuestra hija lo suficiente, si ve cosas diferentes, si pasa demasiado tiempo frente a las pantallas", explica. "Viajando en la camioneta vive jugando en la naturaleza todos los días. Habla con niños que tienen diferentes idiomas", añade.

"Recibo mensajes en Instagram todos los días, personas que dicen que desearían tener las agallas para hacer esto y me parece muy triste. Podés hacerlo. No tenés que vender todo como lo hicimos nosotros. No hay que comprometerse como lo hicimos nosotros".

Y, por supuesto, hay muchas otras historias. Para muchas personas, vivir en un furgón no es tanto un estilo de vida sino una forma de vida completamente distinta. Barny Erdman, quien vive en Norwich, ha sido camionero a tiempo completo desde 2014.

"Hice esto un poco por las circunstancias", dice. "Mi relación se terminó y tenía una camioneta pequeña que había convertido en una caravana de trabajo. Me mudé ahí como una medida temporal mientras trataba de ahorrar".

"Me acostumbré al espacio más chico, me acostumbré a la idea de que esta era mi casa, así que pensé en intentarlo". Barny, de 36 años, que trabaja como conductor de reparto de unos supermercados, tiene ahora su tercera camioneta: una vieja de la policía.

Tuvo también una biblioteca móvil, pero dice que era "demasiado grande; intentar estacionarla era una pesadilla. Viajar cualquier distancia se volvió demasiado caro". Disfruta de la libertad y el sentido de comunidad que ofrece la vida sobre ruedas, aunque cree que se ha "gentrificado".

"Cada uno va a lo suyo. Si alguien quiere vivir así, puede hacerlo, siempre que se ciña a las reglas y respete a los demás", dice, refiriéndose a los más nuevos. "Todo este asunto de pasar las vacaciones en tu propio país, para mí, causó muchos problemas. Atrae a personas que no hacen esto normalmente. Ahora encuentro mucha más gente tirando basura y vaciando sus inodoros en lugares inapropiados".

Chloe dice que la conversión le demostró que puede hacer cualquier cosa si se lo propone
Chloe dice que la conversión le demostró que puede hacer cualquier cosa si se lo propone

Y dice que también notó una subida de precios. "Durante años fue una forma de vida para las personas que no tienen tantos recursos. Las camionetas más viejas y las cosas que la gente solía comprar para vivir costaban unos cientos de dólares", dice.

El análisis de Auto Trader también señaló que el precio promedio de un vehículo comercial usado subió un 20% este septiembre en comparación con el año anterior. Mientras Reino Unido se prepara para enfrentar un invierno con muchas restricciones por la pandemia, la idea de pasar tiempo en un espacio aún más pequeño puede no parecer demasiado atractiva.

Pero, por otro lado, ¿quizás la vida de la camioneta va bien con ese cambio a una vida más simple que muchos vieron durante el confinamiento nacional? "Vivir en una camioneta y vivir con menos es un buen ejercicio", dice Meg. "Sin duda lo recomendaría".

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