Ahora que los vinos añosos se pusieron de moda: ¿cuáles buscar?

Crédito: Shutterstock
Joaquín Hidalgo
(0)
15 de marzo de 2019  • 15:02

-Estamos terminando de afinar la carta- dice la sommelier Valeria Mortara.

Y cuando dice afinar, se refiere a un muy particular tipo de nota: los vinos añejos, de los que se ha propuesto buscar y conseguir botellas para la carta del restaurante que hoy está en boca de quienes están en la movida: el flamante Anchoita.

Pero el caso de Mortara no es aislado. También en Don Julio, la parrilla mejor reputada de la argentina según rankings como 50's Best, apuntaló su lista de vinos con una nutrida selección de vinos añosos, a contar de la década de 1940. Oviedo, claro, como una meca predecesora en la guarda.

Es que el tiempo parece jugarle una buena pasada a los bebedores de vino y los años cotizan bien en la bolsa de los deseos. Sin ir más lejos, en el último año se lanzaron incluso marcas de vinos -como Fond de Cave A Temps y Norton Quorum IV, que combinan cosechas anteriores a 2014- que rescatan la longevidad como un valor, mientras que cada vez más se realizan degustaciones y galas de vinos añosos.

¿Dos ejemplos? El 1º de Marzo Wines of Argentina organizó una gala homenaje a una delegación de Master Sommelier que visitaron nuestro país. Fue en el Duhau y se bebieron excelentes botellas de la década de 1970, 80 y 90; una docena de grandes vinos. Mientras que el 26 del corriente, tendrá lugar la segunda edición del divertido #10YearWinesChallenge, que ofrece probar el mismo vino con diez años de diferencia, un evento abierto al público.

De buenas a primeras, lo que hasta hace poco tiempo atrás era más bien un punto flaco para los vinos argentinos -para resumir, el potencial de guarda- ahora goza de un momento de esplendor. Hay que decirlo, también: buena parte de este despertar se debe a la posibilidad de "pinchar" botellas viejas y extraer pequeñas dosis, gracias a la llegada del Coravin a nuestro país.

La seducción del tiempo

Cuando una botella envejece, suceden muchas cosas en el vino. La más interesante, sin dudas, es la recombinación sustancias en un medio cerrado que, al cabo de unos diez años, por ejemplo, recrea sabores que no se consiguen de ninguna otra manera: trazos de cuero, recuerdos animales y combustibles y flores y frutos secos. Nada como un tinto que hoy huele a dátiles secos o musk, ese curioso perfume almizclado que seducen al paladar por su rareza.

Eso, sin mencionar la textura de seda que se consigue al ir adelgazándose los taninos.

De modo que en un mercado inundado por sabores frutales y herbales francos, con vinos de paladar gordo y musculoso como son hoy la mayoría de los tintos locales, la delicadeza y suavidad de los vinos años, sumado a sus sabores exóticos, ocupan un especio único. Y eso es lo que hoy buscan rescatar tanto los sommelier en los restaurantes como algunos de los eventos y vinos mencionados.

¿Qué vinos vale la pena buscar?

En las bodegas hay guardadas botellas -no en todas, claro- que ofrecen a la venta con cuenta gotas. De todo lo que fui probando últimamente, conviene apuntarse a:

Weinert Cabernet Sauvignon 1977, ya en el trazo animal, recuerda a panceta ahumada, sándalo, palo santo; pura suavidad.

Caballero de la Cepa Cabernet Sauvignon 1978, especias dulces y de textura sedosa, tinto para rescatar del olvido a un clásico.

Weinert Gran Vino 1983, recuerda a cera, con trazos mentolados y taninos aún activos.

Lagarde Malbec 1985, con fruta seca, suave en boca y bien evolucionado.

Bianchi Cabernet Sauvignon 1987, curioso, de vibrante paladar lleno de sabor y taninos aún activos (fue subastado hace poco en EE.UU. por un dineral)

Saint Felicien 1995, interesante eslabón perdido entre los estilos pre 90 y los posteriores. Ofrece una inusitada pizca de hinojo.

Trapiche Medalla 1996, maduro y especiado, con taninos activos aún, llena la boca de sabor.

Luigi Bosca Cabernet Bouchet 1996 (botella magnum), con sabor evolucionado y seda al paladar, encanta por la textura.

Afincado Cabernet Sauvignon 1999, recuerda a tomillo, ofrece buena estructura y paladar de taninos vivos.

Alta Vista Alto 1998, el único vino ícono que se realizó en la peor cosecha de la década sorprende por su nervio. Frescura notable y complejidad.

Montchenot 1998 20 años, en el más clásico estilo López, de crianza en tonel.

Angélica Zapata Malbec Alta 1999, con especias dulces y boca muy viva, tiene sobrado aliento por delante.

Rutini Pinot Noir 1999, de frescura vibrante y recuerdo aún frutal, como Pinot es una exquisita curiosidad.

Rutini Gewurztraminer 1999, como blanco, ofrece un perfil fuera de serie, con trazos combustibles y rica frescura.

Cualquiera de ellos (y otros más también que sé que están en el mercado, pero no he probado) pueden ser la puerta a una experiencia de viaje en el tiempo. Eso sí: se consiguen en las bodegas, los restaurantes mencionados y unas poquísimas vinotecas más. Si no da para una botella, conviene apuntarse a una copa, Coravin mediante.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.