Al extremo

Una organización que defiende los derechos de los animales realiza campañas provocadoras y controvertidas con un envidiable portfolio de celebridades. ¿Cuáles son los límites de las buenas causas?
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20 de marzo de 2011  

Una media docena de chicas y chicos llegan a una plaza, se quitan la ropa, se cubren con pintura roja y posan. Con carteles gigantes y gritos protestan contra el maltrato de animales, su uso en experimentos de laboratorio y las corridas de toros.

En otro país, una ciudad se despierta empapelada con fotos de Pamela Anderson vistiendo un biquini mínimo y con las marcas de los cortes clásicos de carne dibujados en su cuerpo, como si fuera una vaca.

Cerca de allí, un aviso de televisión muestra cómo dos bellas modelos prefieren quedarse, juntas, con el "chico del pedido" que trae verduras. Es que, dicen, comer carne hace que disminuya el deseo sexual.

Cada una de estas campañas pertenece a PETA (Personas por el Tratamiento Etico de Animales, por sus siglas en inglés), una de las organizaciones más reconocidas y controvertidas del mundo, que está haciendo de su causa una batalla con amigos y enemigos.

Amados y odiados por famosos y desconocidos y con un portfolio de celebridades que podría ser la envidia de cualquier productor televisivo, PETA es, para algunos, una organización que se preocupa por los derechos de los animales y, para otros, un grupo casi fundamentalista que no mide sus palabras cuando habla o actúa.

¿Pero existen límites cuando de una buena causa se trata?

"Prostitutas de los medios"

La consigna es la protección de los animales y la táctica, el shock.

Desde convencer a famosos y no tanto para que se desnuden en público, crear un videojuego llamado Mamá mata para comer, tirarle una torta en la cara a un ministro canadiense o usar imágenes del Holocausto para hablar del maltrato animal, todo vale cuando el fin es bueno.

Los propios activistas de la organización, que cuenta con oficinas en Estados Unidos, Inglaterra, Australia y la India, admiten que en sus reuniones cualquier idea, por loca o imposible que parezca, es considerada como una potencial forma de llamar la atención.

"Somos prostitutas de los medios. Es nuestra obligación", dijo Ingrid Newkirk, activista británica fundadora de PETA, a la revista norteamericana The New Yorker en 2003.

Y Newkirk sabe que no hay nadie mejor que un grupo de celebridades de alto calibre para llamar la atención.

Su estrategia ha sido tan exitosa que hoy es difícil encontrar a algún famoso que no se haya unido a su causa.

Desde Paul McCartney, Pamela Anderson, Drew Barrymore y las conejitas de Playboy hasta Mickey Rourke, Anjelica Huston, Joaquin Phoenix y una de las nietas de Ernesto Che Guevara, cientos de estrellas de la televisión, el cine y la música posan orgullosas frente al logo de los más famosos protectores de animales y sus atrevidas campañas.

Cada uno de ellos habla de lo que prefiere. Algunos insisten en que los laboratorios de productos farmacéuticos y cosméticos no deberían experimentar con animales de forma cruel; otros dicen que vestir piel animal es participar en una forma de tortura, y otros, tal vez los más radicales, manifiestan que la única forma de salvar al planeta es convirtiéndose en vegetariano.

Pero Mimi Bekhechi, representante de PETA en el Reino Unido, insiste en que los famosos y las campañas polémicas son simplemente una forma de llamar la atención sobre temas serios.

"Nuestra filosofía es que los animales no son nuestros para que los usemos como vestimenta, para nuestro entretenimiento o nuestra alimentación, ni para que experimentemos con ellos", dijo Bekhechi.

Videos, pintura roja y celebridades

Los activistas de PETA insisten en que los abusos contra los animales son tan comunes en todos los países del mundo porque se realizan a puertas cerradas, lejos de los ojos del público.

"Es muy fácil para la gente vivir y ser parte de lo que pasa sin saber del sufrimiento de los animales -explica Bekhechi a LNR-. Después de haber visto tanto, pocas cosas nos producen shock. Pero algunas situaciones que descubrimos todavía nos hacen revolver el estómago."

Bastan sólo unos minutos de navegación en su página Web para encontrar las imágenes de las que Bekhechi habla. Los videos han sido censurados por YouTube por considerarlos demasiado gráficos.

Empleados de granjas-fabrica quitándoles la piel a animales vivos. Pollos y vacas viviendo hacinados en contenedores, sin acceso a luz ni aire fresco. Animadores de circo golpeando a elefantes demasiado agotados para reaccionar y monos torturados en experimentos de laboratorio.

"¿Alguna vez has oído a un conejo gritar de dolor?", reza uno de los clips. El sonido es simplemente desgarrador.

Las imágenes de cada uno de los videos fueron capturadas por los propios investigadores de la organización, que entran de incógnito en empresas relacionadas con las industrias a las que denuncia.

Laboratorios farmacéuticos y de cosméticos, granjas-fábrica y criaderos ubicados en cada rincón del planeta, en países del Primer Mundo y de los otros.

Los representantes de PETA insisten en que sus campañas son radicales porque los problemas y sus soluciones también lo son.

Es que en el mundo de los derechos animales, dicen, no hay medias tintas.

Para ellos, el uso de pieles nunca se justifica (aun si el animal se mata para consumirlo como alimento), las pruebas de laboratorio con animales son prevenibles y los problemas medioambientales se solucionarían si el mundo dejara de consumir carne.

"Criar animales para alimentarse es un muy ineficiente uso de los recursos naturales -afirma Bekhechi-. Un informe de Naciones Unidas de 2006 dice que la industria de la carne está dentro de los cuatro principales causantes de problemas medioambientales. Es decir que hay razones medioambientales para hacerse vegetariano. Además, está el impacto en el suelo y la disponibilidad de agua".

Bekhechi habla sobre la transformación que experimenta cualquiera que pasa de ser carnívoro a vegetariano con pasión. Esta es una de las campañas más efectivas que han realizado en Estados Unidos y Europa, donde hoy es casi impensado que un restaurante, bar o cena doméstica no cuente con, al menos, una opción vegetariana en el menú.

Pero aun sin contar a los miles de nuevos vegetarianos, PETA se considera una organización exitosa. Esta agrupación ha logrado, en treinta años, cambios que muchos de sus colegas en el mundo de las organizaciones sociales no consiguen en más tiempo.

Expertos aseguran que aquel éxito tiene que ver precisamente con sus atrevidas campañas y la seguridad con la que se enfrentan con grandes empresas multinacionales de la talla de Burger King, McDonald's, Avon, Benetton y General Motors, entre muchas otras.

Y aunque el pedido que hacían a cada una de estas empresas -que dejaran de usar animales en sus negocios- sonaba imposible, el tiempo parece haberles dado la razón a los activistas.

Tras la presión de la organización, McDonald's comenzó a incluir opciones vegetarianas en sus menús, la casa de indumentaria Ralph Lauren dejó de fabricar ropa con pieles y Avon ya no hace pruebas de sus productos en animales.

Pero no todos simpatizan con los amigos de los animales ni ven el lado gracioso en sus campañas de alto impacto. De hecho, los pósters, los videos y las protestas callejeras de PETA ayudaron a que la organización cultivara una importante cantidad de opositores.

Defensoras de los derechos femeninos, por ejemplo, han criticado sus ultragráficas campañas por el mensaje que envían sobre las mujeres.

En una columna de opinión publicada recientemente en el matutino británico The Guardian, la periodista y activista Julie Bindel acusó a PETA de producir avisos que muestran a las mujeres como objetos y, a través de sus campañas, facilitar que los hombres hagan lo mismo.

"Las famosas que participan en las campañas lo hacen porque así lo eligen, creen que si usando su cuerpo pueden cambiar algo, es positivo. No creo que esto debería ser un problema. Desafortunadamente, el solo hecho de hablar de un tema no nos llevará a ningún lado; tenemos que producir controversias", defendió Bekhechi.

Pero voces fuera y dentro del movimiento de protección animal insisten en que PETA muchas veces cruza la línea del mal gusto.

En un aviso que publicaron hace unos años, compararon el linchamiento de dos hombres negros en los peores años de discriminación racial en Estados Unidos con la matanza de una vaca. En otro, un cartel en una playa de Florida mostraba el dibujo de una mujer obesa al lado de la leyenda: Hacete vegetariana para salvar a una ballena.

Pero en la que tal vez fue una de las más controvertidas, en 2003, la organización estuvo al frente de una exhibición en la que comparaban imágenes de víctimas del Holocausto con esqueletos de animales siendo transportados al matadero. La muestra originó tal nivel de protesta que un tribunal alemán decidió que no podría ser exhibida en el país por ofender la dignidad humana.

Pero PETA dice que los avisos nunca tienen ánimo de ofender. Insisten en que las comparaciones son válidas porque los animales sufren tanto como los humanos.

"Somos famosos por ocasionar controversias y ser provocativos -insisten-. Lo que queremos es educar a la gente sobre la forma en la que los animales sufren. Los políticos sólo responden cuando sienten la presión del público y el público reacciona cuando ve algo que lo impacta."

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