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Grandes Esperanzas

Al ritmo de "dame fuego", recorrió más de mil kilómetros en su silla de ruedas

Jimena Barrionuevo
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8 de febrero de 2019  • 00:40

Absorbidos por la crianza de Oliverio, su bebé de seis meses, Adalberto (38) y Cecilia no dejaban de pensar cuándo sería el momento en que pudieran retomar la actividad deportiva. Siempre habían sido amantes de la vida al aire libre, pero desde que habían sido padres, les estaba costando organizar sus tiempos para darle al cuerpo y a la mente su cuota de movimiento reparador. "¿Y si nos sumamos al grupo de mamás que vimos el otro día en los bosques de Palermo?", le dijo Adalberto a su esposa. "Podemos correr con el cochecito. ¿Te animás? Creo que va a ser divertido".

Y así fue como Adalberto un día se encontró alistado en la grilla de partida de una carrera de calle junto a su mujer, empujando el cochecito con Oliverio a bordo y dando rienda suelta a su entusiasmo por correr. Pero eso no fue todo. Además vio que quienes estaban con cochecitos partían antes que el resto de los competidores -lo que facilitaba enormemente la tarea tanto a ellos como a los demás corredores-. Y en ese mismo instante se preguntó: "¿por qué no hacer participar en una carrera también a Facu, empujando su silla de ruedas?" La idea no lo abandonó desde ese momento. La propuso a la familia y en particular a Facu. A pesar de las dudas que se generan ante lo desconocido, todos cedieron ante el entusiasmo de Adalberto.

Facundo Sánchez (30) es miembro de una familia compuesta por sus padres y sus cuatro hermanas. El es el menor de los cinco y padece retraso madurativo y distrofia muscular, una enfermedad genética que causa debilidad y degeneración progresivas de los músculos. En un hogar formado por adultos mayores con actividades propias, la rutina de Facu era despertar cerca del mediodía, almorzar, jugar en la computadora, ver la tele, dormir la siesta, cenar y luego ver cuanto video musical le pasara su canal favorito hasta muy tarde.

Facu y Adalberto cruzan su primera meta, con los años vendrían muchísimas más.
Facu y Adalberto cruzan su primera meta, con los años vendrían muchísimas más.

Entonces Adalberto puso manos a la obra. Y lo primero que hizo fue inscribirse junto a Facu en una carrera corta. Como buen contador público, sólo pensó en que la silla de Facu estuviese en condiciones seguras: chequeó que las ruedas estuviesen bien infladas y engrasadas. Y con eso se sintió satisfecho. Pero cuando llegó el gran día y una vez en carrera, se dio cuenta que las ruedas delanteras bailaban sin control. Eso impedía el avance, así que tuvo que improvisar. Levantó la silla para que las ruedas delanteras no tuvieran contacto con el asfalto, Facu recorrió la carrera "haciendo willy" en su silla y Adalberto llegó extenuado por el esfuerzo. Por suerte para él, fueron sólo 4 km.

Después de esta experiencia, Facu quedó fascinado y quiso repetir la aventura. Adalberto se dio cuenta que necesitaba otro dispositivo para que la silla pudiese ser empujada con mayor facilidad, más velocidad y menor esfuerzo físico. Consultó con una ortopedia, amigos, ingenieros, familiares y por fin logró que un herrero le fabricara un suplemento especial intercambiable. Así, la silla de cuatro ruedas que Facu usaba diariamente, se transformaba en un triciclo con rueda delantera fija sólo para las carreras.

Con su nueva silla, la dupla se lanzó a distancias mayores y pudieron comprobar que el "invento" daba buenos resultados. La alegría de Facu ya era mayúscula. Había encontrado algo nuevo que lo hacía sentir pleno. Tiempo después, Adalberto se vinculó con la Fundación para el Atletismo Asistido, una ONG sin fines de lucro que le permite a una decena de chicos que se desplazan en silla de ruedas (con dificultades motrices por causas diversas, que les impiden impulsarse con su propia fuerza física), participar en carreras de calle. Cuentan con sillas especiales adaptadas para correr y su utilización es sin cargo para los atletas asistidos.

"Ellos hacían lo mismo que Adalberto pero claro, tenían mucha más experiencia y recorrido en el tema y habían superado casi todos los contratiempos técnicos. Así que Facu, dejó la silla ideada por Adalberto y se pasó a otra mucho mejor, que habitualmente usa la Fundación con sus atletas. Desde el año 2011 Facu participó en carreras de 5k, 8k, 10k, 15k, 21k y lo inimaginable: una maratón de 42k en Buenos Aires", cuentan Diego y Mariel, que formaron parte del equipo de voluntarios que acompañaron a Facu en una hazaña que jamás habia imaginado. Es que los atletas asistidos corren en sus sillas especiales con un equipo de, al menos, cuatro corredores voluntarios, que se alternan en la función de empujar la silla. Los que temporalmente no empujan, corren rodeando la silla para evitar accidentes con otros corredores

"Dame fuego"

F acu ya contaba en su haber con una buena cantidad de medallas de "finisher" y cada vez sumaba más y más kilómetros a su andar. Experimentó la adrenalina de una actividad que lo hace feliz, le ocupa su tiempo y lo convirtió en el centro de la escena familiar y barrial. No hay quien lo vea y no le pregunte por su última carrera, sus vivencias o el próximo desafío. Y por supuesto también es famoso en las carreras. "El rasgo distintivo que lo hace reconocible a Facu en cada evento, consiste en unir su pasión por correr con su gusto por la música. Por ese motivo, agregó a su silla de competencia un amplificador por el que reproduce a todo volumen su ecléctica "playlist", donde desfilan desde la mona Jiménez, Rodrigo o Los Rolling Stones, hasta Nino Bravo, Sandro, Los Redondos y algunos tangos (aunque sus favoritos son Valeria Lynch y Cacho Castaña). A su paso, despierta la alegría del resto de los corredores, que cantan, saltan, festejan y aplauden su presencia", relata con una sonrisa Adalberto. Para Facu, cada carrera es una fiesta a la que están invitados todos los corredores que tienen el privilegio de compartir un tramo del camino con su silla de ruedas.

A principios de 2018, y viendo que cada participación en una carrera era para Facu un acontecimiento muy esperado, Luis Fernández, el director deportivo de la Fundación para el atletismo asistido, quien arma el calendario y registra prolijamente la estadística de los atletas asistidos, advirtió que, si todo seguía marchando sobre ruedas, Facu superaría los mil kilómetros en algún evento de ese mismo año. Entonces, pensaron que esa marca increíble, debía ocurrir en una competencia de magnitud. Surgió así la idea de inscribirlo en la maratón de Nueva York, imaginando que el record podía darse allí.

El 4 de noviembre a las 9.50 de la mañana, Facu y el equipo que lo asistió formado por Edgardo, Mariel, Adalberto y Diegoo, pasaron la línea de largada con un único objetivo: conseguir que este singular atleta se diera el gusto de participar en el maratón más grande del mundo y allí mismo, superar la barrera de los mil kilómetros a bordo de su silla de ruedas de competición. El maratón de Nueva York se caracteriza por su público ruidoso y colorido que motiva a los corredores en cada kilómtero. "La carrera en sí misma es un espectáculo: a lo largo del recorrido se alternan bandas de rock, blues, jazz y hasta los coros gospel que salen de las iglesias a cantar a la calle. Muchos se disfrazan, otros aprovechan para expresar consignas políticas o de género. El factor común es el entusiasmo", relata Edgardo.

Y Facu no quiso pasar desapercibido en su travesía. Acompañados siempre por buena música, cuando comenzó a sonar en el parlante de Facu Dame Fuego de Sandro (uno de sus favoritos), todos comenzaron a correr al ritmo de la canción y gritando con potencia ese estribillo tan motivante para una carrera. A los pocos metros, notaron que eran decenas de corredores (argentinos y latinos que conocían la letra) corriendo y cantando Dame Fuego mientras rodeaban a Facu, como si entonaran un potente himno. Lo mismo sucedió cuando sonaba Nino Bravo cantando América. Increíblemente aparecieron españoles y latinoamericanos que se sumaban a corear el tema.

De izquierda a derecha: Adalberto, Mariel, Diego y Edgardo, que acompañaron a Facu los 42k del maratón de Nueva York.
De izquierda a derecha: Adalberto, Mariel, Diego y Edgardo, que acompañaron a Facu los 42k del maratón de Nueva York.

La de Facu es una historia de superación y de esfuerzo compartido. "Nos enseña que a veces, no nos damos cuenta de lo mucho que puede obtenerse cuando nos unimos con un objetivo común y cada uno hace un pequeño aporte para lograrlo. También nos demuestra que la retribución suele ser siempre mayor a lo que entregamos. En este sentido, los 1000 km. de Facu como atleta asistido, nos devuelven una imagen de lo que la creatividad y la solidaridad pueden conseguir. Es al mismo tiempo un mensaje para las personas con discapacidad: hay demasiado aún por explorar y mejorar si pensamos en términos inclusivos y no nos rendimos ante las dificultades", finaliza Edgardo.

Si tenés una historia propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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