Amor a distancia: claves para tratar de que funcione a pesar de los obstáculos

Crédito: Ilustración de Cynthia Alonso.
Cynthia Serebrinsky
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9 de octubre de 2019  • 11:33

Viajaste, te divertiste y te enamoraste. O tal vez empezaste jugando con las apps en el mundo cibernético, chateaste, te enganchaste y, otra vez, te enamoraste. Como sea, estás viviendo un romance a distancia, uno taaan de película como el que viste en Antes del atardecer, Sintonía de amor y Secreto en la montaña. Pero esta vez la protagonista sos vos. Entonces, ¿qué onda vos enamorándote de alguien que vive a 15 horas de avión, a 9858 km de distancia o a 8 franjas de diferencia horaria? Cosas que pasan, pero ojo, no a cualquiera ni tampoco de casualidad: las relaciones a distancia no son para todas las personas. Mientras que algunos no soportan la distancia, otros ¿la eligen? Sí, esa posibilidad de fantasía, de jugar, de imaginar y de no tener al otro pegado, junto con el combo incertidumbre-sorpresa, resulta atractiva, incluso disparadora del deseo. A veces hasta se vuelve un vicio que buscan de forma compulsiva; se enamoran de la historia y, los más valientes y apegados al destino, logran seguir adelante con la relación o se la juegan y unifican el amor en un solo punto del globo.

¿Todo color de rosa?

Una relación a distancia tiene una cuota rosa bastante importante porque lo concreto, la diaria, aquello que desgasta..., no está. Aunque también es posible que genere cierto agotamiento: hay que estar sosteniéndola permanentemente con llamados, mensajitos, regalos y atenciones a control remoto, más toda una parafernalia que puede resultar tan fantástica como extenuante. Igual, en el balance, el romance long-distance garpa porque las amenazas, los fantasmas y las fantasías son internas. Esto quiere decir que nos atraen y las sostenemos y las sentimos sublimes precisamente por toda la idealización que ponemos en ellas.

La imaginación, a prueba

Definitivamente, lo que se pone a prueba acá es la imaginación, toda la expectativa de futuro, todo lo que uno le deposita al otro. "Amar -decía Lacan- es dar lo que no se tiene", y nada mejor que estas circunstancias para que se cumpla esa premisa. Calma, esto no quiere decir que sea imposible llegar a buen puerto. Hay muchas parejas que son sólidas, pero ese ya es otro proceso, que incluye vérselas con la realidad; un camino en el cual hay que volver a conocer al otro porque, mientras está a la distancia, una sostiene y se enamora de ese con el cual fantasea y al que tiene idealizado. Una misma dice y hace cosas que ni podría sostener: cuenta quién es o, mejor dicho, quién cree ser. Entonces, ¿cómo hacer para que funcione sin presionar al otro y sin que la incertidumbre rompa todo antes de tiempo?

¿Qué nos acerca?

  • La tecnología. Sin dudas, es el recurso que permite arrimarnos. ¿El riesgo? Que se vuelva una dependencia absoluta y estemos 24/7 pendientes de estar conectadas, de creer que, para sostener la relación, los mensajes sí o sí deben ser en continuado, sin medida ni horarios. Y de repente, el otro no está, no contesta, se desconecta, y aparecen los fantasmas: "Seguro tiene a otra allá", "ya no le gusto tanto", "está en línea y no me habla"... Si está online, si te clavó el visto, si no te miró el estado, si te escribió en mayúsculas, nada de eso indica que la otra persona esté en otra. Por esto mismo, la tecnología en una pareja a distancia lo es todo, siempre y cuando se use a favor. Resumen: no tanta "charla maratónica" y más diálogo de calidad.
  • La intensidad de los encuentros. Obvio que su trending topic es #CuandoNosVolvemosaVer y es natural que así sea. Proyectar encuentros y soñarlos juntos fortalece a la pareja. ¿Lo lindo? Los reencuentros apasionados y de película. Llega el día D y la vida es una fiesta de mil colores, cada vez que se ven es todo muy arriba, viven de vacaciones. Una fusión de bombos y platillos.

¿Alertas posibles? Tanto hablan del próximo encuentro que hasta cuando están sentados en el mismo sillón el debate surge en torno a la siguiente visita. Y eso tiene que ver con no disfrutar el presente. Por eso, lo mejor es aplicar el conocido "relájate y goza" sin generar expectativas inalcanzables que puedan vaticinar un globo recontra pinchado incluso antes de intentar ser inflado.

  • Cierta sensación de libertad. A diferencia de una relación convencional, cada uno y por separado, por razones obvias, tiene muchísimos más momentos solo. Y esa sensación de no estar "atado" al otro hace que quieran unirse más. Sería algo así como sentirte "en pareja" pero también un poco libre (para seguir haciendo planes, para estar sola en tu casa, para disponer de tu tiempo como se te cante, etc.) que está bueno.

¿Quiénes logran capitalizar la sensación de "rienda suelta"? Los más vulnerables (o fóbicos) frente a la realidad y al desgaste de lo cotidiano, porque esto les permite mantener una relación "ideal": ideal en cuanto a perfecta e ideal en cuanto a que tiene que ver con la idea, es decir, algo que no se llega a materializar. Precisamente la falta de contacto es lo que calma ese miedo a la densidad de la rutina.

¿Qué nos aleja?

  • La falta de contacto físico. "No se puede vivir del amor", reclama Calamaro, y es tal cual. Si bien en este tipo de vínculo las palabras lindas están a la orden del día, NADA suplanta un abrazo de oso, un chape furioso y un maratón de caricias con final feliz. Claro que en el mundo globalizado de hoy existen métodos virtuales, aplicaciones, cenas por videollamada desde dos puntos opuestos del planeta, cybersex y la mar en coche, pero ¿alcanza? Lo dejo a tu criterio. Siendo archipositivos, podemos apoyarnos en la oportunidad que se da en una relación a distancia: atracción + obstáculo = pasión fuego. ¿Cómo sería esto? Regla de tres simple: a más lejanía e inaccesibilidad, más deseos. Matemática pura.
  • La falta de cotidianeidad. Hay reencuentros ardientes, OK, pero nadie te avisó de las despedidas a mares de llantos. Te engripás y ¿quién viene a prepararte un tecito? Te invitan a un casamiento y ¿vos con quién vas? ¿Es todo tan color de rosa o en la diaria aparecen huecos que nos empiezan a hacer ruido?

A veces, estar en pareja es pasar la tarde en un sillón en silencio y mirando una peli. Eso con un novio a distancia no lo tenés. Máximo, miran la peli en simultáneo, abrazados al celular. ¿Es lo mismo? Estos vacíos pueden generar mucha angustia y desatar, aunque el amor sea indiscutible, conflictos varios, por ejemplo, la cuestión económica. ¿Qué pasa cuando no está todo OK para estar viajando todos los meses? Va más allá de si el punto de encuentro es el Caribe, la Torre Eiffel o Atalaya; por economía o compromisos laborales de agenda, el tema visitas es difícil de manejar. Solo queda poner en la balanza pros y contras, y si juntos resuelven cultivar la unión, no queda otra que aguantar los trapos y aceptar que esta es una situación temporal.

  • Las fantasías. ¿Qué pasa cuando el otro desaparece por un tiempo y no sabés dónde está? Pueden aparecer los celos. ¿Y cuando querés compartirle ya-ya cómo te fue en esa reunión clave? Hola, ansiedad. ¿Qué hay de los proyectos compartidos? Son todo incertidumbre. ¿Y con la sensación de que va a llegar un momento en el que esa dinámica no puede perpetuarse ad eternum? Mmmm, un toque de desesperanza.

En un amor a distancia se huele en el aire una cierta "fecha de vencimiento", por decirlo así suave, porque cuando empieza a ganar "lo real", querés más presencia real, más tiempo real, más proyectos reales.

Es decir, puede haber un plan en común, claro que sí, pero los planes, hasta no concretarse, son acuerdos mentales. Lo importante es charlar, ponerse de acuerdo y marchar juntos hacia un objetivo conjunto. Siempre es buena idea trazar metas a corto, mediano y largo plazo.

¿Cómo seguimos?

Antes de sacar el pasaporte, la visa o el pasaje y empezar a programar una vida en otro lugar, está bueno hacernos estas cuatro preguntas y, a partir de ahí, decidir cómo continuar.

1. "¿En qué lugar estoy?". ¿Voy a ser la que recibe o la que deja todo? Uno de los dos desiste de su entorno, siente que hace un sacrificio, y el otro se tendrá que hacer cargo de sostener al que deja todo. Esta es una de las situaciones más difíciles.

2. "¿Cómo se concreta esto?". Cuando uno está en una relación, si quiere prolongarla, tiene que saber cuál es la meta y con qué medios y recursos cuenta para llevarla a cabo. De vuelta, es diferente estar del lado de quien se va que de quien recibe. No es tan simple porque en cada caso habría un escenario distinto. Lo importante es planificar cómo se concretaría esto.

3. "¿Estoy dispuesta?". Tratar de identificarse con la situación futura, esto quiere decir trasladarse en la imaginación y percibir cómo te sentís con el cambio de vida. Una cosa es si la mudanza está determinada por causas ajenas a la relación (trabajo, salud, calidad de vida, etc.) y otra es que se dé exclusivamente por la pareja. Son dos costos diferentes.

4. "¿Cómo me veo viviendo en otro lugar?". No solamente pensar en la relación, sino en todo el contexto. Cambio de costumbres, de entorno, las relaciones familiares, amistosas y demás que uno tiene podrían sufrir. Si estás en el lugar de quien recibe, tendrías que hacerte cargo de sustituir casi todo lo que el otro dejó; si tomás la decisión de irte a vivir adonde está tu amor, es bueno entender que vas como acreedora y que, tal vez, te encuentres reclamando cosas que el otro no te pueda dar. .

Herramientas tech para estar conectados

  • Para calmar la ansiedad. Couple. Permite que los amantes compartan la misma línea de tiempo privada. Incluye un calendario para que los dos puedan rodear digitalmente la fecha de sus encuentros, enviarse toques o dibujar en tiempo real en la pantalla del otro.
  • Para sorprenderse. LokLok. Para enviar un "garabato" directo a la pantalla de bloqueo del otro. Una forma creativa y de bajo compromiso para mantener el contacto durante todo el día, sin la presión adicional de tener una conversación completa. Solo disponible para Android.
  • Para besarse. Kissenger. Sí, esto es real. Pueden chapar por medio del aparatito. Viene con un dispositivo de silicona en el cual ambos apoyan los labios y el beso se siente en tiempo real desde el otro lado, transmitiendo la fuerza de los labios.
  • Para ponerse hot. We-Connect. ¿Qué pareja no necesita intimidad? Esta app entiende esa frustración sexual y trabaja para mantener la llama encendida. Una vez que ambos están conectados a la aplicación, pueden controlar las vibraciones del otro y sentirse algo más cerquita de lo que realmente están.

Experta consultada: Graciela Moreschi. Médica psiquiatra, MN 41018, autora de los libros ¿Por qué estoy contigo? y Con el reloj en el cuerpo (Urano). gracielamoreschi.com.ar

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