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Amor real: una explosión y un cáncer los abrieron a un sentimiento en común

Señorita Heart
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2 de agosto de 2019  • 00:20

En sus noches de guardia como bombero voluntario la sensación de soledad le oprimía el pecho. Esteban se recostaba, y con un nudo en la garganta, le preguntaba al universo por qué la vida no le había dado la oportunidad de conocer a una mujer a la que sintiera como su alma gemela, una compañera que le permitiera ser feliz de manera simple, sin cortocircuitos ni estrategias.

Esteban

Él ya había intentado formar una familia en el pasado, pero aquella experiencia había resultado amarga. Divorciado hacía un tiempo, en su mente coqueteaba con la idea de dejarlo todo, cambiar de aire e irse del país. En sus recuerdos, todavía lo acorralaba aquel suceso del año 2008, cuando en una explosión en el día de su cumpleaños casi pierde la vida. "Como bombero uno se prepara, sabemos muy bien que salimos a una emergencia y podemos no volver. Entre nosotros tenemos un dicho que reza: `tu realidad es distinta a la mía, en mí realidad tu vida está primero que la mía´, pero aun así nadie está listo para morir".

Ver a la muerte de cerca había marcado a Esteban en lo profundo. Fue esa misma noción tan clara de la finitud, la que le había indicado que era tiempo de no vivir una vida a medias, tibia, con emociones dormidas y asociadas a la resignación. Y, por la misma razón, añoraba un amor intenso y verdadero.

Esteban en acción.
Esteban en acción.

Analía

Corría el año 2011 cuando Analía recibió la noticia menos esperada: tenía cáncer y era tiempo de dar batalla. En su nuevo camino comprendió que, aun a pesar de que el mundo era el mismo, ella había cambiado. Desafió a su cuerpo y a su mente y se redescubrió en una soledad que le resultó por momentos dolorosa, aunque inevitable.

Con valentía, superó su lucha y, con ella, sus amaneceres cambiaron. Analía aprendió a valorar las cosas sencillas de la vida y, tal como le había sucedido a un desconocido Esteban, entendió que era hora de hacer valer su tiempo, y de dejar de dedicarlo a aquello que no la hacía feliz. Quería vivir una vida sincera, plena y de un amar profundo.

Al igual que aquel bombero que yacía en algún otro rincón de la ciudad, Ana ansiaba hallar a su compañero de vida y, por las noches, le imploraba al cielo que le traiga un amor real.

El mate

En el año 2018, más precisamente en el mes de septiembre, un Esteban ya muy tentado a dejar el país de una buena vez ingresó a un grupo de fanáticos del mate en Facebook. Lo hizo por recomendación de un amigo, pero tal vez había sido un impulso inconsciente para reconectarse con algo bien propio de su tierra, algo que lo hiciera dudar de su partida.

Sin saberlo, en algún lugar cercano, Analía había hecho lo mismo.

"Ahí, en ese espacio y sin buscar nada, comenzamos una pequeña charla a través de algunas publicaciones", recuerda Esteban, "Y en una de ellas le ofrecí compartir unos mates con bizcochitos. Como respuesta recibí una negativa rotunda, que me frenó en seco y me llevó a pedirle disculpas".

A la mañana siguiente sucedió lo inesperado. Para sorpresa de Esteban, al prender su celular encontró un mensaje de Ana pidiéndole disculpas por su trato; ella no estaba acostumbrada a recibir ningún tipo de invitación a través de redes sociales. "Le respondí que no había inconveniente, que estaba todo más que bien, y que mí intención era solamente formar una amistad. Esto hizo que comenzáramos largas charlas, que en muchas oportunidades duraban extensas horas".

Analía y Esteban.
Analía y Esteban.

Almas gemelas

Sin forzarlo, sus conversaciones se volvieron cada más frecuentes y, de a poco, la apertura mutua creció y se fortaleció. Entre ellos no hubo más secretos, y sin vergüenzas, develaron las experiencias y las emociones que habían enfrentado en su pasado. El vínculo floreció y el simple hecho de no hablar por un día los entristecía y los hacía extrañarse intensamente. "Ya no alcanzaba con tomar un café o ir a cenar, cuando llegaba el momento de partir cada uno a su hogar nos invadía esa angustia donde uno tiene sensación de vacío", confiesa Esteban.

Fue así que en noviembre del mismo año se propusieron buscar un departamento para irse a vivir juntos. Ellos ya no lo dudaban: estaban destinados el uno para el otro, pero era más que eso, su conexión era tan fuerte que sentían que se conocían de otras vidas y que siempre se habían buscado: eran almas gemelas.

"Analía sabía que yo estaba ahí, cerca, pero que simplemente no me encontraba. En nuestras charlas nos dimos cuenta de que durante nuestra vida siempre habíamos estado a punto de cruzarnos; sin saberlo, frecuentábamos los mismos barrios, los mismos lugares y habíamos tenido experiencias similares. Coincidir estaba destinado".

Almas gemelas.
Almas gemelas.

Un futuro prometedor

Años atrás, un hombre llamado Esteban y una mujer llamada Analía se enfrentaron a la muerte en batallas solitarias que los llevaría a replantearse su forma de ver la vida, algo que, finalmente, los conduciría a un renacimiento que los reencontraría fortalecidos y dispuestos a lo verdadero.

Su travesía había transcurrido por líneas paralelas, espejadas, cercanas, casi sincrónicas. Y cuando el anhelo de ambos fue lo suficientemente fuerte, las noches los desvelaron pidiendo el mismo deseo: un amor profundo, sincero y real.

"Nos casamos en mayo y estamos en la dulce espera de Lautaro", revela Esteban, "Lo que puedo decir es que los milagros existen. Con Ana tenemos una conexión pocas veces vista, muchas veces con solo mirarnos sabemos qué quiere el otro. Cada vez que nos alejamos sentimos esa sensación de vacío en el estómago, nos extrañamos horrores, es por eso que nos pusimos la meta de generar en un futuro un trabajo en donde estemos juntos. Ambos rogábamos al cielo encontrar nuestra alma gemela y estamos convencidos de que lo somos. Concretamos nuestro sueño, vamos por más, y lo haremos junto a la bendición más grande que la vida puede darte", concluye profundamente emocionado.

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