
Ana María Shua
Alfaguara está por editar su último trabajo. El libro de los pecados, los vicios y las virtudes es una serie de cuentos y leyendas alrededor de un tema siempre actual: la ética
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1. Con el tiempo, uno pierde soberbia y tiene más conciencia de su pequeñez en el mundo. Y como escritor, se anima a más, porque ya no siente que lo suyo sea una misión…
2. Equivocándome, aprendí a ser mamá. Lo que más me costó fue aceptar que mis hijas eran individualidades diferentes a mí, aunque suene como algo muy obvio.
3. Sin un contacto frecuente con los jóvenes, uno se pierde una gran parte del mundo actual. Por ejemplo, yo nunca tuve oído para la música, y la de mi juventud ya era misteriosa para mí; mucho más, la que escuchan mis tres hijas, de 15, 20 y 23 años. Pero me gustan los nombres: trash, tecno, house… Y ellas tienen la paciencia de intentar traducirme la música a palabras, para que pueda entenderla.
4. Vi que no siempre el más inteligente es el que tiene razón, aunque sea el que mejor argumenta.
5. El nacionalismo bien entendido pasa por amar a la patria de uno, no por despreciar la de otros. Esa idea me la inculcó mi padre, junto con un sentido ético. Y mi mamá –que en mi niñez era dentista, y ya de grande, se recibió de psicóloga y comenzó a ejercer– me sigue enseñando lo que es tener polenta.
6. En la relación de pareja, con los años uno se va pareciendo al otro. Yo era muy impulsiva; en cambio, mi marido, Silvio Fabrykant, meditaba días cada decisión. Ahora, yo soy más reflexiva y él más mandado.
7. Entendí tarde que la condición femenina podía ser una desventaja para algo. En mi casa, nadie me había hecho sentir eso nunca y no me educaron como mujer, sino como persona.
8. Después de pasar problemas de salud serios, volví a leer el Eclesiastés, y por primera vez lo entendí. Frente a la muerte… todo es vanidad.
9. Ahora, ya me voy por el mundo juzgando al prójimo; me reservo para las personas y ocasiones que realmente merecen un juicio crítico. Hay un cuento de un maestro jasídico que había sido muy irritable, y aprendió a guardar su ira; le preguntaron si eso no era peligroso, y él contestó: “No, la ira está ahí, en mi bolsillo, y cuando hace falta la saco”.
10. Los años nos vuelven más sabios, pero también más corruptos, y depende de cada uno vigilarse en ese aspecto.
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2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?



