Andrea Frigerio: "Nunca estuve pendiente de las miradas ajenas"

La actriz, que muy pronto hará de madama, habla de la prostitución, el feminismo y los prejuicios hacia las lindas
La actriz, que muy pronto hará de madama, habla de la prostitución, el feminismo y los prejuicios hacia las lindas
Diego Sehinkman
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9 de diciembre de 2018  

Andrea Frigerio está a full con su vida artística. Hace Cuerpos perfecto en el Multitabaris, junto con Laura Oliva, Florencia Raggi y Soledad Silveyra y hará de mala en la tira que Pol-ka estrenará en 2019 con China Suárez y Benjamín Vicuña. Su otro costado, el literario, también funciona a pleno: acaba de publicar el libro Belleza emocional. Y aquí se somete al Cuestionario Sehinkman.

–En la nueva tira de Pol-ka de 2019, con la China Suárez y Benjamín Vicuña, vas a hacer de una mala bastante especial: la madama.

–Es una superproducción, y aunque todavía no se sabe el nombre, va a incluir la palabra Argentina porque está ambientado en 1930, en el momento del aluvión inmigratorio. En esa época, a las polacas las traían engañadas y les decían que les iban a presentar a hombres ricos, terratenientes. Las chicas venían y se encontraban con la realidad: los prostíbulos. Yo seré la madama que las recibe [se ríe]. Voy a estar del lado del mal.

–Hoy, el ejercicio de la prostitución tiene un debate con dos grandes posiciones: la que pide regularla y la que quiere abolirla. ¿Qué pensás?

–El ejercicio de la prostitución muchas veces no tiene que ver con acostarse con otro y cobrarle. A lo mejor hay gente que es prostituta mental, que genera situaciones de vivir de otro a largo plazo y usar su condición sexual para conseguir favores a largo plazo. A mí eso me parece una prostitución más grave que la de tener sexo casual y cobrar. Me parece más honesto cobrar que otras que por ahí hacen de grandes señoras y lo único que buscan es que otros les paguen las carteras y otras cuestiones. Me parece más honesta la meretriz que algunas que encontrás en la misa.

–¿Cómo evaluás la revitalización de los movimientos feministas en todo el mundo y en la Argentina?

–Soy nieta de una abuela francesa que fue una mujer tan independiente que vino sola en un barco desde Marsella. Y mi madre, maestra rural, también lo fue. Soy nieta e hija de esas dos mujeres. Por otro lado, en mi casa, donde no había mayoría de hombres ni de mujeres, ellos tenían una cabeza bastante abierta y no se planteaban cuestiones de género: ni quién era más importante ni quién tenía la última palabra. La cuestión de género nunca fue algo que se tomara como un impedimento, todo lo contrario. Yo, por ejemplo, que desde chica por ahí tenía unos rasgos que me hacían destacarme estéticamente, tampoco eso era tenido en cuenta en mi casa. No era "Andrea es la alta, la linda". Jamás. Yo era una más.

–¿No sufriste lo que podríamos llamar discriminación positiva?

–Para nada. Era una más y así lo viví siempre. No siento que sea una ventaja. Para mí la ventaja tiene que ver con el empeño, el trabajo, el desarrollo, el aprender.

–¿Tampoco padeciste el prejuicio tradicional de la bella sin contenido?

–Nunca estuve pendiente ni me dio seguridad o inseguridad de las miradas ajenas. Con el tiempo y la madurez, me di cuenta de que era una suerte que yo había tenido. Por supuesto que abre puertas, pero yo tengo una batalla conmigo misma de conseguir cosas por desarrollar distintas cuestiones, en lo intelectual, lo emocional, lo espiritual. Puede ser que digan "llegaste acá porque eras linda". De hecho, en Cuerpos perfectos, el personaje de Florencia Raggi habla de eso: era una chica tan linda que el entorno la vapuleaba para que no sobresaliera. En todos los aspectos, cuando alguien sobresale, eso funciona como la medida del fracaso ajeno. Entonces, muchas veces hay que nivelar para abajo y eso trae como consecuencia que, al que sobresale en algún aspecto, hay que bajarlo de un hondazo.

–¿Y eso te pasó?

–No sé... No sé. Si pasó es una cuestión de los otros. Los prejuicios yo no los compro.

–¿Y por qué creés que te contratan como actriz?

–Todavía me lo pregunto [se ríe]. Como decía Geraldine Chaplin en una entrevista: "Yo creo que me llaman por mis arrugas". Y sí, no estoy operada, no estoy rellenada, no estoy botoxeada. Y a lo mejor hay pocas alternativas respecto de esto. Pero más allá de la cuestión superficial, recibo de parte de mis compañeros actores y actrices, gente que yo admiro de hace muchos años, unos comentarios que te juro que nunca pensé que serían posibles: unas cosas muy profundas, muy divinas, hablando de mis trabajos en el cine y en el teatro. Y la verdad que yo misma estoy sorprendida.

–Por último, ¿cómo te llevás con el paso del tiempo y la idea de la vejez?

–Al deterioro físico sí le tengo miedo porque acabo de ver cómo se deterioró mi papá y era un tipo súper saludable. Mi papá fue Puma, fue seleccionado argentino de rugby, era un tipo sano, fuerte, enorme. Tenía una estructura de esas que decís: "Este tipo es un roble". Yo lo vi deteriorarse físicamente y no me gustaría pasar por eso. Pero él no se cuidó nada, comió todo lo que tenía que comer en las comidas del tercer tiempo, chupaba, se golpeaba, se reventaba. La verdad que tuvo el deterioro que se buscó por no haberse cuidado durante su vida. Dicho esto, por ahí mañana salgo, me pisa un colectivo y quedo hecha torta y en silla de ruedas. Y entonces me podrán decir: "El otro vivió la vida y vos te cuidaste mucho". Yo me cuido lo que me quiero cuidar, no me privo de nada, como lo que quiero, pero siempre sabiendo que el paso del tiempo me va a llevar a un deterioro físico. Entonces, trato de que sea lo más lento posible.

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