Animarse a cortar el cordón

Eugenia Mitchelstein
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23 de noviembre de 2013  

"No tengo tele" dejó de ser una declaración pretenciosa de intelectuales para convertirse en una elección cada vez más difundida, sobre todo entre personas jóvenes que viven solas. En Estados Unidos, los hogares de "televisión cero", como los caracteriza la consultora Nielsen, pasaron de dos a cinco millones en los últimos siete años. Cuatro de cada diez son hogares unipersonales, y casi la mitad están ocupados por personas menores de 35 años. Que no tengan servicio de televisión (por aire, cable o satélite) no significa que no miren tele: la mayoría consume contenido audiovisual en la computadora, el celular o la tablet .

Además, muchos tienen una pantalla o proyector a los que conectan la PC o la consola de juegos para ver series o películas.

En la Argentina, donde más del 97 por ciento de los hogares tiene televisión, no hay datos sobre esta tendencia. Sin embargo, es probable que un joven que inaugura su primera casa privilegie estar conectado a Internet antes que al cable o a la vieja antena de aire. O que una familia compare cuánto gasta en el abono de televisión paga con el tiempo que le dedica y suspenda el servicio. La experiencia de "mirar tele" está cada vez más alejada del televisor como aparato y del canal como concepto. Incluso para quienes conservan una pantalla conectada a una antena, la televisión deja de ser "un flujo", como la caracterizó Raymond Williams, para convertirse en un consumo segmentado. Los espectadores eligen una película, fútbol o series, en lugar de mirar lo que sea que el control remoto tenga reservado para ellos.

Cuando abandonan la televisión en continuado, los espectadores también disminuyen su exposición a publicidades. Esto amenaza el modelo de negocios de los canales y los proveedores de televisión por cable y satélite, que se basa en agrupar contenidos y publicidad, tanto para vender programas al público como audiencias a los anunciantes. La demora de los proveedores tradicionales en desagregar contenidos para ofrecerlos al público les abrió lugar a nuevos ingresantes en el mercado, como Netflix y Amazon, que venden lo que los consumidores quieren mirar, cuando quieren. Para las nuevas audiencias, no tiene sentido pagar un abono para tener acceso a 180 canales, si sólo les interesa una parte de la programación, que pueden obtener por otros medios. Y cortan el cordón.

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