Apellidos, roles y géneros

Leo Ferri
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18 de febrero de 2015  • 15:53

Hoy vengo con un tema serio a armar un poco de quilombo. Hace casi un mes leí esta noticia en el diario Los Andes de Mendoza, en la que -resumo- se daba a conocer la decisión de una pareja de registrar a su hijo con el apellido de la madre primero. Según cuenta el artículo, Verónica Chillo y Mariano Amoroso presentaron una solicitud en el Registro Civil de Mendoza para poder ejercer su derecho a elegir, y anotar a Enzo con los apellidos Chillo Amoroso, en ese orden. En su momento se generó un interesante debate en Twitter, pero me anoté el tema en mi lista de pendientes para continuarlo acá, y poder explicar por qué me parece un buen logro aún cuando no coincido para nada en los argumentos de la pareja.

El tema me tocó de cerca porque fue algo conversado en casa, cuando con Naty nos enfrentábamos a la difícil tarea de ponerle nombre a nuestro hijo. Si bien descartamos la idea desde el comienzo (Benjamín Ferri Fernández iba a sonar bastante feo), el verdadero motivo de nuestra elección fue que ella quería que Ben lleve mi apellido, porque ella me había elegido como padre para nuestro hijo, y quería reafirmar su elección de esa forma. Un criterio tan válido como cualquier otro, y en el que estuvimos de acuerdo. Benjamín iba a llevar sólo un nombre y sólo un apellido: el mío.

Entre los argumentos de los Chillo Amoroso para fundamentar su decisión, se menciona la intención de valorar el rol de la mujer en la crianza y de cuestionar la tradición, basada en una ley que consideran discriminatoria. La nota también menciona que el hecho de que el pequeño lleve como primer apellido al de su mamá, es una forma de reivindicar los derechos de la mujer. Las primeras preguntas que se me ocurrieron fueron:

¿No es justamente en la crianza donde más se valoró históricamente el rol de la mujer?

¿Qué razonamiento se siguió para unir el concepto de "crianza" con el de "apellido"? O dicho de otro modo, ¿cómo influiría un apellido en la crianza?

¿Qué significado se le da a la palabra "discriminación"?

Según la Real Academia Española, discriminar significa "seleccionar excluyendo". Un ejemplo básico sería que las personas de piel negra no puedan sentarse en los mismos asientos que las personas de piel blanca. O sea, existe una prohibición. Dado que esta pareja sólo tuvo que presentar una nota y no hubo prohibición, no hay discriminación. Si bien no es mi intención hablar de cada uno de sus motivos (que seguramente son muy válidos para ellos), no puedo dejar de pensar en que todo esto parece más una reivindicación para la mujer que para el bebé. Es más, me resulta mucho más práctico un argumento del estilo "si me separo y tengo que viajar es mucho más práctico que el nene lleve mi apellido", o algo así. Pero todo es acerca de ella, y nada acerca de él.

Como no quería quedarme sólo con mi pensamiento, quise hablar con alguien que pudiera decirme algo más sobre el tema, tener otra opinión. "Lacan decía que el Mayo Francés fue la caída del padre, el fin de la era patriarcal y el comienzo de una nueva, aunque creo que nunca se imaginó que todo esto iba a terminar acá", me explica Patricia Dolan, psicóloga y Coordinadora del Equipo de Niños del Centro de Salud Mental Nº 1. "En el Centro veo que hay muchas mujeres muy histéricas que en general lo que buscan es castrar a los varones, y una de las formas que encuentran es ser dueñas de los hijos", ejemplifica sin generalizar.

En cuanto a la reivindicación -que parece estar más ligada a una cuestión de género mujer/hombre que a una de rol padre/madre-, Dolan sostiene que el orden de los apellidos no tiene que ver con las funciones de padre y madre: "En las parejas no se sabe muy bien quién va a desempeñar el rol de nominación (tradicionalmente el padre) y quién el del cuidado (la madre), pero es de imaginarse que hoy las funciones se intercambian y no se cumplen de manera simultánea", explica. "La nominación paterna plantea un quiebre entre la relación madre-hijo, que le da un lugar insustituible, y también un alivio a la madre", agrega. "Lo más loco es que esta mujer habla siempre de ella, como si hubiera algo que no le puede ceder a su hijo, la función de nombrar", cierra.

Mi intención no es llegar a una conclusión, sino plantear el debate. ¿Son necesarias este tipo de reivindicaciones? Si la relación de la mamá-mujer con el hijo viene por el lado físico y biológico (el parto, claro), ¿no es importante también que el padre-hombre tenga la posibilidad de "adoptar" a ese hijo y nombrarlo? Todo ser humano es el resultado de un padre y una madre, que -estoy seguro- deben obligarse aprender a dejar sus egoísmos de lado, olvidarse de todo eso en cada instante: el hijo lo agradecerá.

Por: Leo Ferri

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