Aprender a respetar su organismo

Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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29 de junio de 2002  

La última semana nos referíamos a lo que ocurre con los perros en invierno. Eso nos trajo a la memoria cierta creencia habitual entre la mayoría de los propietarios de canes: la costumbre de pelarlos en verano y abrigarlos durante la temporada fría.

Ya explicamos cuáles son las defensas naturales de estos mamíferos cuando la columna mercurial disminuye.

Sin embargo, es posible ver por la calle perros abrigados hasta las orejas. Lo que podemos preguntarnos es si esto es realmente necesario.

Como en tantas otras oportunidades elegimos el camino de comparar al perro urbano con el rural.

¿Alguien imagina a un hombre a caballo arreando vacas acompañado por un perro con mantita? Obviamente, la respuesta es negativa. Entonces, ¿por qué lo hacemos en la ciudad?

Tanto los baticolas de pelo largo como los de pelo corto tienen sus defensas contra el frío. Lo que sucede es que los pichichus de ciudad, por lo general, viven en departamentos, en ambientes calefaccionados. Esto, en alguna medida, altera su ritmo biológico estacional.

Tiritar es una defensa orgánica contra las bajas temperaturas, lo que significa, en otros términos, que el can está generando su propio calor.

Sin embargo, ese mismo animal que tirita en la cocina de casa cuando sale a caminar no lo hace. ¿Cuál es la causa de esta reacción? La razón es que su trote o galope favorecen la irrigación sanguínea y aumenta la temperatura corporal. ¿Qué sentido tiene, entonces, vestirlo con una polera de lana que contraste con su color de pelo? Ninguno.

Lo que ocurre es que proyectamos en ellos nuestras propias conductas y necesidades. Cuando hace frío nos abrigamos. Por eso creemos que nuestra mascota también debería estar arropada si arrecian las bajas temperaturas, aunque en realidad no es necesario.

En definitiva, coloridos chalecos, abrigadas mantitas, capas para la lluvia y hasta escarpines de hule son innecesarios.

Aunque, claro, si a usted lo pone contento abrigarlo, hágalo. No se prive de darse un gusto, más en estos tiempos en que las satisfacciones son escasas. Después de todo, a él lo que lo hace feliz es estar a su lado.

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