Arrugas y medallas

Enrique Pinti
Enrique Pinti PARA LA NACION
El mundo de los audaces, reza el refrán, y los que se atreven a desafiar prejuicios demuestran valentía y coraje
(0)
29 de junio de 2014  

Ya se sabe: lo importante es cómo uno se siente y no lo que los demás opinen. Si un hombre se siente cómodo, feliz y contento con un pantalón chupín rojo rabioso aun pesando ciento veinte kilos, o si una señora setentona luce una melena platinada que le llega a la cintura y completa su aspecto con una biquini amarilla a lunares, bienvenidos sean esos looks y el resto del mundo ¡que hable, critique y se ría a carcajadas! El mundo es de los audaces, reza el refrán, y los que se atreven a desafiar prejuicios demuestran valentía y coraje. Dicho esto, con todo respeto: ¿por qué gente con personalidad, estilo, belleza y armonía se estropea cara y alrededores con cirugías que más parecen asesinatos? ¿Por qué tratar de aparentar treinta a los setenta? ¿Por qué tanto labio hinchado, tanto pómulo convertido en un ají morrón y tanta nariz respingada hasta el límite de parecer émulos de la inefable chanchita de Los Muppets? Nicole Kidman declaró públicamente su arrepentimiento por haber caído en la tentación del botox, siliconas y demás recursos. Todos recordamos que en los comienzos de su carrera Nicole tuvo que luchar denodadamente para conseguir que crítica y público dejaran de calificarla como una cara bonita que protagonizaba películas por su belleza y por ser la esposa de Tom Cruise, negándole toda condición de buena actriz. Luchó, luchó y luchó, se divorcio de Tom, comenzó a demostrar condiciones, cantó y bailó en Moulin Rouge, se afeó en La mancha humana, ganó el Oscar a la mejor actriz con una prótesis de nariz ganchuda y nada favorecedora y cuando alcanzó la cumbre de la consideración mundial en films como Los otros y Dogville, del iconoclasta realizador Lars Von Trier, quiso volver a ser diez años más joven sometiéndose a una masacre que borra de su hermoso rostro toda posibilidad de expresión.

Ya se sabe, los artistas son todos locos, verdad generada por chismosas de peluquería. El que esto firma pertenece a ese gremio y puede atestiguar que la locura de la eterna juventud la tienen muchísimos seres humanos que no tienen nada que ver con el show business. Es claro que las reglas del juego exigen, sobre todo a las actrices, representar menos años para conseguir papeles protagónicos y no quedar encasilladas en madres, tías o abuelas con perturbaciones mentales y falta de memoria. Pero no hay cirugía que borre la fecha de nacimiento impresa en el DNI, y aunque se la adultere y disimule, la vida pasa, los años suman y las juventudes briosas irrumpen con su frescura natural y avasallan a los veteranos en el dinámico tránsito del glamoroso show business.

Lo que a el cinéfilo cholulo que esto firma conmueve y lastima es ver a glorias del cine prácticamente retiradas, muchas de ellas con un muy buen pasar y una trayectoria honorable, exitosa y plagada de satisfacciones y reconocimiento, con máscaras patéticas que en esta época de HD y nitidez asesina en las imágenes televisivas y/o fotográficas son de una crueldad que exagera la exageración y produce la tremenda sensación de ocaso y declinación que va mucho mas allá de la constatación de la edad. En el reciente Festival de Cannes mi corazón se partió en dos al ver fotos y filmaciones de una de las mujeres más atractivas y talentosas del cine mundial, la gran Sophia Loren, con sus esplendorosos ochenta años arruinados por una deformación de cirugía. Ignoro si la gran Sophia sufre alguna enfermedad que no tiene por qué confesarla y en su lucha contra ese mal ha tenido que recurrir a esos recursos, pero la repetición habitual de grandes estrellas con caras momificadas (Kim Novak en la última edición de los premios Oscar) lleva a pensar que el viejo mito de Fausto, vender el alma al diablo por la eterna juventud, sigue cobrando víctimas que no aceptan que el paso del tiempo y las arrugas que surcan nuestros rostros son medallas ganadas por los esfuerzos realizados para ser acreedores al título de seres humanos.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.