Arte & Diseño

En el campo, la profundidad es espectáculo. Una colección de indumentaria poco conocida
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31 de agosto de 2001  

En el campo, la profundidad es espectáculo

Las fotos de Alessandra Sanguinmetti, un espejo de las relaciones humanas

Hay fotografías que se concentran en un único plano, llevando al extremo su achatamiento. Así, su objeto queda al borde de la anulación, sin que por esto necesariamente se elimine la densidad conceptual. Muchas veces, incluso, se trata de una incisiva forma de indagar temas y posibilidades del medio. Indagación por reducción.

Otras fotos, por el contrario, apuestan por una penetración a fondo del cuadro, por atravesarlo de parte a parte. La profundidad de campo permite la exploración inversa:una indagación por capas, por ampliación.

Alessandra Sanguinetti (Nueva York, 1968) está exhibiendo en la galería Ruth Benzacar una serie de fotos de una contundente profundidad de campo, que obtiene por la conjunción de varios factores: perspectivas con fugas muy eficaces, contraste entre colores saturados e impuros, entre foco y fuera de foco, etcétera. Esto es fundamental en el desarrollo de una ambigüedad que le es característica, y que, al menos en un primer acercamiento, logra distraer al espectador.

No es instantáneo el acceso a una imagen que se presenta en forma oscilante como documental o ficticia, armada o directa, artificial o naturalista. Menos aún cuando el tema aparece, en esa primera lectura, como excesivamente simple. Porque Sanguinetti se involucra con la matanza de animales en la diaria tarea rural, y esto, a primera vista, podría entenderse como un panfleto en favor del vegetarianismo.

Aun si ése fuera el tema, en estas fotos no es demasiado importante. La autora pensó, más bien, en describir el ciclo vida-muerte y, a partir de allí, en disparar una reflexión sobre el sentido de matar aun aquello que necesitamos para alimentarnos, de modo que reconsideremos la relación con nuestra propia naturaleza.

Bien, pero, ¿para qué tanto despliegue técnico? Es allí donde las intenciones de la artista, afortunadamente, se quedan cortas, o mejor, donde las lecturas se multiplican más allá de su control.

Sanguinetti reconoce que las ilustraciones infantiles de fábulas, la pintura de género clásica, y hasta los libros de horas están detrás de ese afán suyo por componer, con los animales y el micropaisaje del campo pampeano, una serie de escenas donde los elementos del cuadro permanecen en una no muy creíble inmovilidad, y donde la profundidad facilita ese disponer estáticamente los elementos en juego, aun si éstos se mueven.

Por otro lado, los animales y los actos "horrorosos" a los que éstos asisten son observados con tanta cercanía -con tantos primeros planos, e incluso con un punto de vista tan insistentemente similar al de los protagonistas-, que cada escena deviene algo así como una apología de la indiscreción.

De estas personificaciones surge la posibilidad de interpretar las fotos -igual que las historias de Esopo, La Fontaine o el mismo George Orwell- como una metáfora de las relaciones humanas. Sólo que en este caso, la fábula se aggiorna adquiriendo el brillo del espectáculo. No por nada en una visita a la exposición, Alejandro Kuropatwa sostuvo que cada una de estas fotos parece un DVD.

Una colección de indumentaria poco conocida

La camisa es de pamplín y el cuello, palomita

El Museo Nacional de la Historia del Traje, fuente de inspiración para diseñadores retro y no tanto

Elegantes damas que toman el té vestidas de seda y encaje, hombres discutiendo en smoking y frac, salones con artísticos artesonados y cálidas boisseries. Pocos lo saben, pero desde hace treinta años, San Telmo alberga estas y otras cosas en un espacio muy particular: el Museo Nacional de la Historia del Traje, donde el vestido se exhibe como espejo de los cambios históricos y sociales.

"Camisa de pamplín y cuello palomita"; "jacquet de paño", rezan dos cartelitos colgados en la pared de uno de los salones. Pequeña, cálida y bonita:así es esta casa "chorizo" que, desde 1972, guarda muchísimas piezas históricas de indumentaria, como abanicos, peinetones, guantes, galeras, bastones y vestidos de 1820 o de 1950.

"Trabajamos con la nostalgia y la añoranza, recordando con cariño los tiempos pasados", dice Susana Speroni, directora del museo. Y así es. En esta casa los vestidos traen con fuerza los ecos del pasado. Como un conjunto de maniquíes ubicados en uno de los antiguos salones, adornados con vestidos y trajes del Centenario.

La escena es temática: una familia de clase media comenta -grabación mediante- los grandes cambios que ha sufrido el Buenos Aires de 1910, desde la aparición de los primeros departamentos hasta la repercusión del tango en el extranjero. La grabación, de diez minutos, da tiempo para admirar los smokings, los vestidos para recibir, los conjuntos de paseo, los encajes de Chantilly y las sedas naturales de los trajes.

Más adelante aparecen los "vibrantes años veinte": los maniquíes se quitan el corset y se visten de fiesta con turbantes, kimonos y esos vestidos que se acortaron de repente hasta las rodillas y se llenaron de mostacillas, lentejuelas y canutillos.

El cambio radical producido en el vestido después de la Segunda Guerra Mundial, con el nacimiento de la línea "corola" de Christian Dior, bautizada New Look, es el momento elegido para representar la década del 50. Y completa la muestra una evolución de la historia del traje desde la llegada de los españoles al Río de la Plata hasta 1900.

"Los museos de arte textil deben cambiar permanentemente, ya que los vestidos son muy sensibles y se dañan con facilidad", explica Speroni. La colección se exhibe por medio de exposiciones temáticas, como "Los niños", "La ropa interior" y la exhibición de sombrillas y zapatos.

Pero no son sólo los trajes lo que vale la pena admirar. En el museo se exponen también litografías coloreadas de las primeras revistas de moda. "Forman parte de una colección de litografías, grabados y catálogos de Harrod´s, La Piedad, Gath & Chávez, las grandes y ya míticas tiendas de Buenos Aires", cuenta Speroni.

"También poseemos un archivo fotográfico y una biblioteca especializada con las primeras revistas de moda que llegaron al país, notas sobre moda, evolución y cambio y la colección de revistas Elle. Ahora queremos arreglar la casa y ampliar las salas de exhibición."

En el museo, además, se proyectan películas, y se dictan cursos que abarcan temas tan diversos como "Cine argentino y moda", "Pantallazos de historia y moda" o talleres de moldería básica y de recreación de indumentaria de época.

Museo del Traje. Chile 832. 4343-8427

Martes a viernes, domingos y feriados, de 15 a 19

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