Arte en el este

A veinte años de la caída del Muro de Berlín, los artistas han encontrado nuevas formas de expresión. Qué pasó y qué pasa tras el cambio en la relación Oriente-Occidente y las cíclicas crisis del mercado, según el análisis del curador polaco Tomasz Wendland
Sabrina Cuculiansky
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27 de diciembre de 2009  

"El principal muro es el que nos creamos nosotros: los artistas y los curadores de Europa oriental, porque nunca hablamos." En 2009 se cumplieron veinte años de la caída del Muro de Berlín y de las primeras elecciones libres en los países de Este, como Polonia. Quien reflexiona sobre lo que pasó es el artista y curador Tomasz Wendland, director de la Bienal de Poznan, en Polonia, que se realizará en 2010. Y tiene mucho que decir sobre el estado del arte más joven en la parte oriental de Europa.

-¿Hay un antes y un después en el arte de Europa del Este?

-En Polonia no hubo un momento como el [de la caída] del Muro en Alemania. En los setenta ya habían comenzado las negociaciones y fueron diez años de luchas y de oposición. Más que cambio hubo liberación. Ya existía, pero no salía a la luz. En otros países era más difícil porque no tenían un anhelo anterior de libertad.

-¿Cuál es el concepto actual del arte?

-Fue un cambio paulatino. Si nos remontamos a 1945, luego de la Segunda Guerra, el arte también se manejó desde lo que querían los gobiernos. Había artistas que trabajaban por obligación. El carácter de Polonia era diferente al del bloque porque fue el único lugar donde no se prohibió la Iglesia Católica, y ésta funcionaba como un refugio para los artistas libres.

-Entonces, ¿qué celebra Polonia?

-Conmemoramos la posibilidad de comunicar al mundo nuestro arte. Con la caída del Muro surge el arte oculto, y también el miedo a las críticas negativas por parte del mundo occidental. Antes de esa fecha creíamos que el arte occidental era una autoridad, pero que nos querían ayudar. Cuando cayó el muro nos dimos cuenta de que la postura occidental tampoco es buena, al querer dictar qué sirve y qué no.

-Se parece mucho a lo que pasa con América latina: el miedo al otro, a lo desconocido.

-Sí, lo vi aquí en arteBA, en un debate de curadores latinoamericanos que, en vez de hablar de sus técnicas, discutieron sobre cómo defenderse de los norteamericanos y cómo convencerlos de que los latinos también hacen buen arte. Es lo que nosotros sufrimos hace 20 años, entre el arte oriental y el occidental. El problema es seguir pensando cómo acoplarnos a lo que quieren los demás de nuestro arte.

-¿Para ser legitimado?

-Sí, pero hay que darse cuenta de que el arte está en un momento crítico, no hay nuevas ideas. Eso se ve con las crisis. Muchos de los que venden arte en Occidente cierran porque no hay nadie que les compre. Lo mismo pasó en China: en Pekín tuvieron que cerrar galerías porque Estados Unidos dejó de ir a comprar. Eso muestra que no hemos encontrado el método de estimar nuestra producción y que tenemos que aprender a autogestionarnos.

-¿Cómo evolucionó el arte de Europa del Este en estos últimos 20 años?

-Lo mejor se podrá ver en la muestra en el 2010, donde voy a mostrar que el arte se sigue concentrando en lo que son los muros. Queremos ser un gran lugar de producción de arte, pero hemos dejado de hablar entre nosotros. Seguimos funcionando como lo hacíamos antes, como si aún ese mecanismo siguiera en pie.

-En América latina se habla de lo regional en detrimento de lo latinoamericano como concepto globalizador. ¿Qué pasa en Europa del Este?

-Nunca hubo esa necesidad de buscar algo en común entre los artistas; tampoco hubo un período de búsqueda de un arte o un carácter nacional. Eso siempre se descartaba porque lo común remitía al Muro. Pero poco a poco nos estamos dando cuenta de que la diversidad de ideas que se producen nos permite hablar más entre nosotros.

-¿Cómo es el circuito del arte?

-En toda Europa central y oriental existe la conciencia de la calidad del arte. Es a la inversa de Occidente: el negocio relacionado con el arte es lo último en lo que pensamos. Primero está la experimentación. Esa es la conciencia de artistas y curadores. Somos más de 21 países moviendo las fronteras, cambiando de poblaciones, siempre migrando: los judíos, los países centroorientales, los gitanos o los tártaros, que no pertenecen a ningún país, pero que forman parte de la vida artística de todos. Tenemos una fuente de inspiración diferente y que no encaja en la definición del arte tradicional.

-¿Cuáles son algunos de los conceptos en los que se podrían agrupar?

-Es muy espontáneo; aparecen grupos que se relacionan con cierto tema durante un tiempo y después surgen otros. Como el papel de la mujer en la ciudad o la relación con las creencias. Lo que aparece a menudo son las tensiones políticas y sociales, que nunca fueron debatidas o elaboradas, como las cuestiones polaco-alemanas o polaco-judías. Son temas que no se discutieron y hoy en día utilizan muchos políticos. El arte también forma parte de esa discusión.

-¿Lugares de exposición?

-Cada vez más en el espacio público, y en una gran cantidad de galerías virtuales en Internet. Antes se exponía en galerías estatales y museos; hoy el arte moderno se muestra en galerías alternativas o espacios generados por un mismo artista.

-¿Hay público que consume arte?

-No es el mismo tipo de consumo que se vive acá. Cuando hay una muestra vienen los que quieren verlo, pero lo que marca el suceso no es el público, sino el seguimiento del debate que el artista propone. A través de las muestras de arte cambió la percepción social de varias ideas. El público no trata al arte como entretenimiento, como un festival visual de paseo. Saben que hay algo más allá de lo estético y lo que buscan es el debate.

-Si el mercado es el último eslabón, y el público es más lector que visitante, ¿cómo se sostiene, entonces, el arte?

-Hay un mercado de arte y un circuito de docencia en universidades, los que trabajan en diseño u organismos públicos. Creemos peligroso el mercado en el sentido de que a veces el éxito económico hace que el artista sólo piense en ganar dinero. El peligro es la tentación de perder el horizonte. El arte es a veces crítico hacia la sociedad, hacia el sistema, y muchas veces choca y la gente no lo entiende.

-Si el Estado paternalista no funcionó, y parecería que el capitalismo tampoco, ¿en qué modelo de sociedad cree que podría un artista encontrar un auténtico espacio de expresión y, además, vivir de su arte?

-No veo nada que pueda aconsejar; cualquier artista tiene que tomar la decisión individual sobre qué hacer.

-¿Qué propone la Mediations Bienal, de Poznam?, ¿quiénes participan?

-Este año invitamos a 20 artistas asiáticos y otros tantos de Europa. La bienal busca reflexionar sobre el mundo global desde la perspectiva del centro de Europa como mediador entre la cultura oriental y la occidental.

Más info

www.mediations.pl/2008

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